El pago tardío de las maquiladoras a proveedores locales es uno de los factores que ha frenado el desarrollo de la cadena de suministro, aseguró Jesús Manuel “Thor” Salayandía, coordinador del Bloque Empresarial Fronterizo (BEF), quien pidió al Gobierno intervenir para corregir esa práctica.
El representante del BEF dijo que ha planteado la problemática ante autoridades y legisladores, insistiendo en que es necesario que las fábricas compren más a proveedores nacionales. Aunque no exista una ley de proveeduría, consideró urgente establecer una norma que obligue al pronto pago.
“Hemos estado insistiendo e insistiendo en que tenemos que provocar que las maquilas le compren más a las empresas mexicanas locales y bueno, les decía yo, si no hay una ley de proveeduría, al menos una de pronto pago, y a eso se tiene que sumar el Gobierno”, enunció el empresario.
Desde su perspectiva, los corporativos imponen condiciones que impactan a los negocios, alargando el pago hasta por tres o cuatro meses. Esto, señaló, deteriora la economía de los proveedores y reduce la competitividad local, que ya enfrenta rezagos en cuanto a tecnología y financiamiento.
“Los argumentos que escuchaba del Poder Legislativo es que no los pueden obligar a que paguen rápido o si no se van a ir (los corporativos), pero igual ya se están yendo. El sistema financiero en México está quebrado, ¿cómo es posible que el más chiquito le financie al más grande?”, cuestionó.
Dijo que el pago en plazos tan extensos genera un desequilibrio en la relación comercial, pues la carga financiera recae en las empresas pequeñas. A pesar de pagar salarios cada semana y cumplir impuestos al mes, deben esperar meses para recuperar su inversión, haciendo inviable el negocio.
“Para ser empresario tienes que tener un colchón (ahorro) porque tú cada semana tienes que pagar salarios, cada mes tienes que pagarle a la autoridad impuestos fiscales, que seguro social, ISR, es un tema complicado y seguimos sin entender por qué los plazos de pagos son tan tarde”, subrayó.
Salayandía explicó que mientras más requerimientos se imponen a la industria, estos terminan trasladándose al proveedor. La carga no sólo se queda en la empresa pequeña, sino que incluso termina afectando al trabajador, en un entorno empresarial cada vez más adverso en México.