Desde que asumió el cargo, el presidente Donald Trump ha puesto su mira en grandes objetivos, como Groenlandia. Pero también se ha enfocado en objetivos pequeños, como los popotes de papel. Y los centavos, la moneda conocida coloquialmente como “penny”.

El domingo por la noche, Trump dijo que había ordenado al secretario del Tesoro, Scott Bessent, detener la producción de nuevos centavos –“pennies”–, una medida que según él ayudaría a reducir el gasto gubernamental innecesario.

“Eliminemos el desperdicio del presupuesto de nuestra gran nación, aunque sea un centavo a la vez”, dijo en una publicación en Truth Social, agregando que los centavos “literalmente nos cuestan más de 2 centavos”.

No está claro si Trump tiene el poder para hacer esto.

Es el Congreso, no el Tesoro ni la Reserva Federal, quien autoriza la fabricación de las monedas de la nación, según la Casa de la Moneda de Estados Unidos.

Pero tiene razón en que los centavos cuestan más de lo que valen. Durante años, expertos y funcionarios gubernamentales han pedido eliminar el centavo, cuyo poder adquisitivo ha caído debido a la inflación mientras que sus costos de producción han aumentado.

El año pasado costó 3.69 centavos producir y distribuir un centavo, según el informe anual de la Casa de la Moneda. Esto significa que, teniendo en cuenta su valor nominal, cada centavo generó una pérdida de 2.69 centavos.

El año pasado, la Casa de la Moneda emitió más de 3 mil millones de centavos, según su informe anual, con una pérdida de aproximadamente $85.3 millones. Los centavos, que a menudo se dan como cambio pero rara vez se gastan, representaron más de la mitad de todas las monedas que la Casa de la Moneda produjo ese año. Había aproximadamente 250 mil millones de centavos en circulación, o cerca de 700 por persona, en los Estados Unidos el año pasado.

Países de todo el mundo han eliminado sus monedas de menor denominación en las últimas décadas.

En 2012, Canadá dejó de producir centavos, describiéndolos como esencialmente una pérdida de tiempo y espacio, argumentando que la medida ahorraría millones de dólares al año. Desde entonces, las transacciones en efectivo se han redondeado a la moneda más cercana (nickel, 5 centavos), después de agregar los impuestos federales y provinciales sobre las ventas.

Australia retiró sus monedas de uno y dos centavos de la circulación en 1992, citando la inflación y los costos de producción. Incluso antes, países como Suecia y Nueva Zelanda dejaron de acuñar sus monedas de un centavo.

En Australia, la eliminación de esas monedas “no ha importado en absoluto”, dijo Andrew Stoeckel, profesor honorario del Centro de Análisis Macroeconómico Aplicado de la Universidad Nacional de Australia. En Estados Unidos, dado lo poco que se usan los centavos, la medida probablemente también tendría un impacto insignificante en la economía, aunque el Gobierno probablemente ahorraría algo de dinero, dijo.

El movimiento para eliminar los centavos ha enfrentado una oposición significativa. Americans for Common Cents, un grupo de defensa, ha argumentado que eliminar los centavos no ahorraría dinero, porque “muchos gastos generales en la Casa de la Moneda permanecerían y necesitarían ser absorbidos por otras monedas, aumentando sus costos por unidad”.

Además, la eliminación del centavo aumentará la demanda de nickels, que son aún más caros de producir y distribuir a 13.78 centavos por moneda, dijo la organización. La moneda de diez centavos (dime) es la moneda más pequeña cuyo valor nominal es mayor que lo que cuesta producirla.

Los defensores del centavo también han argumentado que eliminar la moneda efectivamente impondría un impuesto sobre las ventas de 1 centavo a los consumidores, porque los precios que terminan en 99 centavos son muy comunes.

Pero gran parte de la resistencia puede tener que ver con el sentimentalismo, dijo Stoeckel.

“La gente lo pondrá en un pisapapeles o algo así; probablemente habrá algo de acaparamiento”, dijo sobre el centavo.