El presidente Donald Trump dijo el lunes que los aranceles generalizados sobre Canadá y México entrarían en vigor hoy martes, afirmando en declaraciones en la Casa Blanca que no había posibilidad de un acuerdo de último minuto para evitar los gravámenes.

“Los aranceles, ya saben, están listos”, dijo Trump ayer. “Entran en vigor mañana”.

Trump ha propuesto agregar una tarifa del 25% a todas las exportaciones mexicanas y canadienses que cruzan esas fronteras y un 10% adicional para los productos chinos, comenzando justo a las 00:00 horas del martes, diciendo que esos países no han hecho lo suficiente para detener el flujo de drogas y migrantes hacia Estados Unidos.

La medida aumentará los gravámenes que Estados Unidos cobra sobre los productos extranjeros a niveles no vistos al menos desde la década de 1940, y probablemente destrozará las cadenas de suministro regionales y elevará el costo de productos que van desde automóviles hasta extractores de leche materna y verduras.

También se espera que los aranceles deterioren aún más la relación de Estados Unidos con sus dos vecinos más cercanos, cuyas economías están entrelazadas a través de Norteamérica. Los líderes de Canadá y México han estado intentando persuadir a Trump para que cambie de opinión dedicando más recursos a vigilar la frontera.

Canadá, México y China representan más del 40% de las importaciones de Estados Unidos, y los economistas han dicho que los fuertes aranceles podrían enviar a las economías canadiense y mexicana a una recesión.

El anuncio de Trump hizo que los mercados bursátiles se desplomaran, con el S&P 500 cayendo un 1.8%, su peor caída en un solo día en lo que va del año.

“Se acabó eso de que los aranceles son sólo fanfarronería y una herramienta de negociación”, dijo Eswar Prasad, profesor de Política Comercial en la Universidad de Cornell. “Los socios comerciales de Estados Unidos claramente enfrentarán desafíos monumentales para apaciguar a Trump y lograr que deje de usar los aranceles como una herramienta amplia para influir en sus políticas”.

Durante semanas, Trump ha descrito los aranceles como una forma de presionar a Canadá, China y México para que tomen medidas enérgicas contra el fentanilo y la inmigración ilegal. Pero el lunes, en un evento que celebraba una inversión estadounidense de un fabricante de chips taiwanés, Trump pareció cambiar los términos, diciendo que Canadá y México necesitaban reubicar fábricas de automóviles y otras manufacturas a Estados Unidos.

“Lo que tienen que hacer es construir sus plantas automotrices, francamente, y otras cosas en Estados Unidos, en cuyo caso no tienen aranceles”, dijo.

Agregó que las empresas estarían “mucho mejor construyendo aquí, porque tenemos el mercado. Somos el mercado donde más venden”.

Trump había amenazado con imponer los gravámenes a los tres países a partir del 4 de febrero. Pero decidió pausarlos para Canadá y México durante un mes después de que ambos países prometieran medidas, como el envío de más tropas a la frontera por parte de México y el nombramiento de un “zar del fentanilo” por parte de Canadá.

Trump siguió adelante con la imposición de un arancel del 10% a todos los productos de China, lo que provocó represalias de ese país. Ahora está planeando otro 10% sobre todas las importaciones chinas, que se sumaría a los aranceles del 10% al 25% que impuso a muchos productos chinos en su primer mandato.

La perspectiva de nuevos aranceles –además de una variedad de otros gravámenes propuestos sobre acero, aluminio, cobre, madera y otros productos– ha provocado ansiedad y frustración entre las empresas que venden desde automóviles hasta paneles solares, que dicen que los aranceles aumentarán sus costos al mover mercancías a través de las fronteras.

Para Canadá y México, la mayoría del comercio con Estados Unidos ha enfrentado tasas arancelarias cero desde la década de 1980, con acuerdos de libre comercio para automóviles que datan de la década de 1960, dijo Chad Bown, investigador senior en el Instituto Peterson de Economía Internacional.

La imposición repentina de aranceles también puede violar los términos del acuerdo comercial que Estados Unidos tiene con Canadá y México, que fue firmado por Trump.

“Aumentar los aranceles de cero a 25% de la noche a la mañana es probable que sea mucho más perturbador para esas cadenas de suministro norteamericanas ahora altamente integradas que cualquier cosa que el presidente Trump hizo en su primer mandato”, dijo Bown.

Canadá y México dependen profundamente de las exportaciones a Estados Unidos, y las amenazas de Trump han puesto a sus gobiernos en acción. Delegaciones de funcionarios han realizado viajes a Washington en las últimas semanas, incluso para reunirse con Howard Lutnick, el secretario de Comercio.

México había adoptado una estrategia de buscar apaciguar a Trump en varios frentes a la vez: tomando medidas contra los cárteles productores de fentanilo, frenando la migración y limitando la influencia económica de China. El Gobierno mexicano ha desatado una ofensiva contra grupos criminales que fabrican fentanilo. En los últimos días, las autoridades mexicanas entregaron a decenas de altos operadores de cárteles a Estados Unidos y revelaron que están aceptando inteligencia de vuelos de drones de la CIA para perseguir a otros.

La frontera ya estaba excepcionalmente tranquila cuando Trump asumió el cargo en enero. México detuvo a aproximadamente 475 mil migrantes en el último trimestre de 2024, según cifras del Gobierno, más del doble de la cantidad detenida en los primeros nueve meses del año.

Pero en las últimas semanas, los cruces fronterizos han disminuido a niveles antes impensables, reflejando las nuevas políticas de la administración Trump destinadas a restringir la migración y los propios esfuerzos de disuasión de México. En un momento de febrero, el personal estadounidense en la frontera mexicana encontró sólo 200 migrantes en un solo día, la cifra más baja en la historia reciente.

En Canadá, la amenaza de aranceles ha galvanizado al gobierno del primer ministro Justin Trudeau, a los políticos provinciales y a las empresas, y ha provocado un aumento del patriotismo y el sentimiento antiamericano.

El Gobierno canadiense rápidamente elaboró un plan para aumentar la seguridad en su frontera. Si bien parte de ello implicó readecuar programas que se habían anunciado previamente, incluyó algunos elementos llamativos como el arrendamiento de helicópteros Black Hawk para las patrullas de la Real Policía Montada de Canadá y la compra de una flota de drones.

Debido a que las estadísticas del Gobierno estadounidense muestran claramente que Canadá no es una ruta significativa hacia Estados Unidos para drogas o migrantes, los funcionarios canadienses han podido afirmar el éxito de su represión.

“No tenemos datos que sugieran que hay esa cantidad de píldoras o productos de fentanilo cruzando al Sur de la frontera”, dijo el comisionado Mike Duheme, de la Real Policía Montada de Canadá, a The Globe and Mail, un periódico de Toronto.

Canadá también elaboró su propio paquete de aranceles de represalia, diseñados para maximizar el dolor en los estados estadounidenses que son hogar de influyentes políticos republicanos.

El mes pasado, Trudeau dijo que Canadá actuaría rápidamente para imponerlos. También ha habido sugerencias de que Canadá también podría cortar los envíos de electricidad, petróleo y gas, uranio o potasa, un fertilizante vital para los agricultores estadounidenses que obtienen alrededor del 80% de su suministro de Canadá.

Doug Ford, el primer ministro de Ontario que recientemente regresó al cargo, prometió nuevamente el lunes tomar represalias contra cualquier arancel estadounidense. “Si quieren tratar de aniquilar a Ontario, haré cualquier cosa, incluso cortar su energía, con una sonrisa en mi cara”, dijo en una conferencia de prensa.

Ford renovó sus promesas de imponer un arancel de exportación a la electricidad enviada a Estados Unidos, poner fin a un acuerdo de 100 millones de dólares canadienses (aproximadamente 73.5 millones de dólares estadounidenses) con Starlink de Elon Musk para el servicio de Internet rural y retirar productos fabricados en Estados Unidos de las estanterías de las tiendas de licores propiedad del Gobierno.

Flavio Volpe, el presidente de la Asociación de Fabricantes de Autopartes de Canadá, escribió en las redes sociales que Estados Unidos “tendrá que aprender por las malas”. Agregó: “Nadie gana cuando atacas a los mismos aliados de los que dependes”.