Durante más de tres décadas, una unidad militar con sede en Fort Bliss desempeñó un papel de apoyo en operaciones de seguridad fronteriza, ayudando a agencias civiles a detectar actividades ilícitas a lo largo de la frontera sur. Ahora, en un reflejo de las prioridades cambiantes de Washington, esa misión está siendo transformada para concentrarse en una amenaza que funcionarios militares consideran cada vez más sofisticada y transnacional: los cárteles del narcotráfico.

El miércoles, en una ceremonia celebrada en Fort Bliss, la Fuerza de Tarea Conjunta Norte (Joint Task Force North) formalizó su transición hacia una nueva estructura denominada Joint Interagency Task Force–Counter Cartel, bajo la supervisión del Comando Norte de Estados Unidos.

El cambio va más allá de un nuevo nombre

Funcionarios militares señalaron que la reorganización representa una estrategia más amplia para coordinar a múltiples agencias federales y de seguridad en operaciones dirigidas específicamente contra organizaciones criminales transnacionales involucradas en tráfico de drogas, trata de personas y otras actividades ilícitas.

Durante la ceremonia, soldados guardaron la bandera histórica de la Fuerza de Tarea Conjunta Norte antes de presentar los nuevos colores de la unidad. El acto simbolizó el cierre de una etapa de 36 años y el inicio de una misión enfocada en identificar, interrumpir y desmantelar redes criminales.

"Hubo un cambio en el entorno y en la naturaleza de los elementos criminales que operan en la frontera", dijo el mayor general Henry Dixon, comandante de la unidad. "Ahora vemos amenazas relacionadas con narcóticos, tráfico humano y organizaciones criminales más complejas. Eso requiere un cambio en nuestra aproximación".

Según Dixon, uno de los objetivos será coordinar simultáneamente a diversas agencias federales y de aplicación de la ley para actuar contra varios cárteles al mismo tiempo, en lugar de desarrollar operaciones aisladas.

La nueva estrategia también contempla una cooperación más estrecha con las autoridades mexicanas. Dixon afirmó que el éxito de la misión incluiría escenarios en los que socios mexicanos realicen arrestos y colaboren en procesos de extradición hacia Estados Unidos.

La transformación ocurre en un momento en que la administración federal ha intensificado su enfoque en las organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera, argumentando que representan una amenaza para la seguridad nacional debido al tráfico de fentanilo, drogas sintéticas y personas.

El general Gregory M. Guillot, jefe del Comando Norte y del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), describió la nueva misión como parte de un esfuerzo gubernamental integral para proteger el territorio estadounidense.

"Asegurar Estados Unidos requiere el esfuerzo de todo el gobierno", afirmó Guillot. "La misión ha evolucionado para apoyar la interrupción de organizaciones criminales transnacionales, negar libertad de movimiento a actores hostiles y proteger los accesos al país".

Funcionarios militares destacaron que, bajo su estructura anterior, la Fuerza de Tarea Conjunta Norte participó en más de 6,400 misiones y contribuyó a impedir que más de 15,200 millones de dólares en drogas ilícitas llegaran a las calles de Estados Unidos.

La reorganización convierte a Fort Bliss en un centro aún más relevante dentro de la estrategia federal contra los cárteles, ampliando una misión que históricamente estuvo ligada a la vigilancia fronteriza hacia una campaña más amplia de inteligencia, coordinación interinstitucional y cooperación internacional contra el crimen organizado.