Sylvester Stallone ha ocupado un lugar destacado en el imaginario colectivo durante 50 años, desde que irrumpió en la gran pantalla como Rocky Balboa, el emblemático boxeador desvalido de una película que él mismo escribió y que ganó el Oscar a la Mejor Película.

El actor reflexionó, en una entrevista para The New York Times, cómo ha cambiado su relación a lo largo de su carrera durante el apogeo de las franquicias de “Rocky” y “Rambo” y la fama que alcanzó por su cuerpo musculoso.

Ahora, a los 80 años y con su autobiografía “The Steps”, Stallone revisa su vida, su carrera y el impacto de su imagen pública. Reconoce que su ambición y fama tuvieron un alto costo físico y emocional, y vincula su personalidad de “tipo duro” con una infancia marcada por el abandono y los abusos.

Al escribir el libro, asegura que revivió recuerdos que durante décadas había intentado guardar “en una caja”. Hubo lágrimas, risas, enfado y amargura. “Quizá esa fue la motivación para hacer algo extraordinario”, dice. Para él, los padres son “los escultores” de sus hijos, capaces de construir una obra maestra o un desastre.

Su nacimiento estuvo marcado por la dificultad. Su madre entró en labor de parto mientras viajaba en autobús y los médicos utilizaron fórceps, lo que le provocó una parálisis parcial del rostro y dificultades para hablar. “Era como diez veces peor que Rocky”, recuerda sobre su forma de expresarse durante la infancia.

Su llegada al cine

Ya en sus veintitantos años, llegó a Nueva York sin dinero y con el sueño de convertirse en actor. Trabajó como acomodador de cine y estudiaba los diálogos de las películas para entender las reacciones del público. También escribía compulsivamente en un departamento con las ventanas cubiertas.

Su frustración y sentimiento de haber sido menospreciado alimentaron, según él, su carácter explosivo. “Puedes llamarme feo, puedes llamarme bajito, pero no me llames estúpido”, recuerda. Esa necesidad de demostrar su valor fue también el motor para escribir “Rocky”.

Cuando los estudios quisieron comprar el guion y contratar a otro actor para el papel principal, Stallone se negó. Tenía menos de cien dólares en el banco, pero sentía que arrepentirse de abandonar el proyecto lo destruiría emocionalmente. Finalmente obtuvo el papel y la película se convirtió en un fenómeno mundial.

Incluso buscó compartir aquel triunfo con sus padres. Contrató a su padre para tocar la campana durante el combate final de “Rocky”, aunque este falló en el momento indicado. Más tarde invitó a su madre a los Oscar, pero ella no acudió.

Stallone dice que nunca recurrió a terapia y que aprendió a convivir con sus recuerdos y ansiedades. También reconoce que no fue un padre ejemplar. Atribuye a su esposa, Jennifer, gran parte de la crianza de sus hijas y admite que durante su primer matrimonio estaba demasiado concentrado en su propio “modo guerrero”.

El éxito de “Rocky” tampoco lo volvió humilde. “Me hizo combativo. Me hizo muy ‘te lo dije’ vengativo”, reconoce. La fama, dice, hizo aflorar comportamientos infantiles y lo llevó a alejarse de quienes habían creído en él.

Pagó caro su obsesión por el cuerpo ‘perfecto’

Su obsesión con el físico fue otro capítulo extremo. Para interpretar a sus personajes comenzó a diseñar su cuerpo como una “armadura”. Para “Rocky III” llegó a reducir su grasa corporal al 2.6 por ciento y asegura que desarrolló conductas bulímicas. También admite haber utilizado esteroides y sostiene que mantener aquel nivel físico durante meses no era posible de manera natural.

El precio fue enorme: nueve operaciones de espalda, dos de hombro y tres fusiones cervicales. “He maltratado mi cuerpo”, reconoce. Si pudiera volver atrás, asegura que dejaría que otros hicieran sus propias acrobacias. A los 80 años continúa entrenando, aunque dice necesitar medicamentos para seguir adelante.

Sobre sus errores, no habla de perdón sino de arrepentimiento. Respecto a sus padres, asegura haberlos aceptado tal como son: “Supongo que se podría decir que sí, que los he perdonado”.

Tras décadas proyectando una imagen de invencibilidad, Stallone reconoce ahora una faceta más vulnerable. Dice sentir una profunda empatía por quienes no han tenido oportunidades en la vida y considera que esa identificación fue una de las razones del éxito de “Rocky”: “Aunque me ponga esta fachada de llevar una armadura, en realidad siento mucha empatía por la gente a la que la vida no le ha dado una oportunidad”.

(Con información de una entrevista publicada en New York Times)