Cayó el hoy preso en el Altiplano a una jaula de malicia, perversidad e inescrúpulos para las que sus maestrías y doctorados en operación política no lo prepararon.

Dominaba César Jáuregui Moreno algunas de esas anti cualidades pero no traducidas en la violencia física característica del desempeño policiaco sino en el ejercicio de maromas políticas para sobreponerse a los adversarios en lides lights, soft, por decirlo de alguna forma.

Sus grandes peleas fueron siempre en el terreno de la disuasión retórica y la operación electoral para ganar la presidencia de su partido, para obtener una candidatura, para alcanzar una diputación…para hacer ganar una gubernatura (en la alianza de su equipo con Javier Corral), para luchar luego contra Corral y ayudar a Maru Campos a retener esa gubernatura).

Antes de arribar a esas grandes ligas de la oscuridad policiaca anduvo Jáuregui de alcaldía en alcaldía desplegando precisamente su virtud como armador de rompecabezas políticos, no portando cuernos de chivos, ni R15, ni calibre 50; vaya, ni uniforme táctico.

Fue secretario de los ayuntamientos de Juárez, Chihuahua y Delicias. Pura vida y dulzura. Nada más y nada menos que jefe de los gabinetes y también manejador de los ayuntamientos, de los regidores de todos los partidos. Había mucho a dónde meter mano, pero no de los comandantes que le meten mano al crimen.

Cero incidentes en ese historial laxo que se llevó algo así como década y media. Entró como Juan por su casa al Congreso del Estado para manejar a placer dicho órgano legislativo aún por encima de aquella mayoría que suponía obediencia al PRI, al entonces gobernador, César Duarte Jáquez.

Desde esa posición trabajó con ahínco junto con su entonces compañera diputada, Maru Campos, y juntos derrotaron al priismo en la capital del estado para hacerla a ella alcaldesa; y de pasada convirtieron en gobernador al ingrato, malagradecido, traidor, Javier Corral Jurado. Los votos que le faltaron al PAN en Juárez le sobraron en Chihuahua para obtener también la gubernatura. Doblaron a Duarte-Serrano más con astucia que otra cosa.

Qué nostalgia, dirán hoy los jaureguistas, al recordar ese historial de emociones fuertes y adrenalina, sí, pero en duelos de inteligencia emocional y mucha saliva, no en terrenos de hierba, polvo y plomo, como dice uno de los famosos narco corridos. Allá había mucho dinero también pero no a tan alto costo.

Cayó en desgracia cuando una mala estrella lo cambió bruscamente de rumbo. El giro que para muchos de sus colaboradores fue tomado como un ascenso, como una promoción hacia la Fiscalía, en realidad representaba una amenaza. Fue enviado a un terreno con apariencia de fértil pero podrido por todas partes; peor todavía, con cara de animal rabioso pero curable. Ahí nada es remediable.

Llegó a la Fiscalía General del Estado a principios del 2023, procedente de su cargo inicial de Maru como gobernadora, la Secretaría General de Gobierno, donde despachaba como un auténtico vicegobernador aunque bajo una permanente disputa, sorda pelea, contra el entonces coordinador de Gabinete, Luis Serrato Castel, a quien el vuelo le duró “solo” hasta agosto de ese mismo año. Lo fueron del estado y no regresó ni por el cambio.

Extrañamente mostraba Jáuregui desde Secretario de Gobierno muchísimo interés no tanto en la Fiscalía pero sí en los Ceresos.

El Fiscal era Roberto Fierro y su director de los penales eran un tal Soto Silva (Francisco) pero mantenía éste más subordinación hacia un operador estrella de Jáuregui aunque dependiente de la Fiscalía, el entonces director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), Arturo Zuany que al propio Fiscal.

Quiso el destino veleidoso, la mala estrella, o como le queramos llamar, que decidiera fugarse el auténtico dueño del Cereso estatal 3 de Juárez, Ernesto Piñón de la Cruz, “El Neto”, jefe de la mega pandilla delictiva “Mexicles”. Desde allá nació la maldición.

Se fugó durante los primeros minutos del año nuevo del 2023 junto a una treintena de cómplices pero quiso dejar una pesadilla como recuerdo con más de una decena de custodios cruelmente asesinados, golpeados y empalados antes de morir, y tres o cuatro miembros de su propia pandilla también asesinados.

Aquello le costó el cargo a Fierro y obviamente a Soto Silva. Fue enviado al relevo de Fierro en la Fiscalía precisamente Jáuregui porque manejaba tras bambalinas algunas operaciones en los Ceresos pero meses después fue quitado el control de los penales a la Fiscalía, fue entregado a la Secretaría de Seguridad Pública.

Sabemos que Jáuregui se resistió a tomar la Fiscalía pero su jefa la gobernadora no le dio más opción. Creemos que desde entonces empezó a bajar la temperatura entre ambos.

Dejó, pues, Jáuregui la Secretaría de Gobierno y con ello un hueco impresionante por el que se coló la intriga y la permanente confabulación en su contra con Santiago de la Peña como sucesor.

No le dio mucha importancia hasta que quiso ser candidato del PAN a la alcaldía de Chihuahua y su relevo se le atravesó como trinchera en guerra. Garrotazos por la espalda. Descontones en la nuca. Patadas a la entrepierna.

Era encarnizado el cuerpo a cuerpo entre ambos cuando Jáuregui fue apresado.

El hoy exfiscal cometió el grave error que hoy lo tiene en una cárcel federal de máxima seguridad al desempeñarse en su nuevo cargo de jefe policiaco, de jefe de ministerios público, como si fuera secretario de gobierno, o jefe legislativo, o secretario de ayuntamiento.

Era el jefe de todo ese entramado, el que firmaba, pero dejó la operación policiaca, la operación ministerial, en manos de comandantes y jefes de ministerios públicos, que tuvieron manga ancha, discrecionalidad prácticamente completa, para tratar con representantes de los poderosos cárteles que dominan las distintas regiones del estado, con los intermediarios de mandos altos, medios y hasta bajos de las pandillas delictivas aliadas de los cárteles.

Jáuregui era el de las fotos en las reuniones de seguridad con jefes de las distintas corporaciones de seguridad, era el de los posicionamientos oficiales para casos de alto impacto, el vocero de las estadísticas oficiales en materia de disminución de delitos.

Mientras el fiscal experto político hacía todo eso, sus comandantes negociaban igual con La Línea que con Gente Nueva, o lo que es lo mismo, el Nuevo Cártel de Juárez o el Cártel de Sinaloa; con huachicoleros de todo tipo, estafadores, defraudadores y todo grupo o individualidad que dejara grandes y hasta pequeñas utilidades.

Mientras Jáuregui desempeñaba otros “encargos” sobre su especialidad, la política, fue permitida por sus comandantes de la AEI la incursión de los agentes no solo de la CIA, también del FBI, de Seguridad Nacional, de la DEA, y todos los etcéteras posibles que operan en todo el país, no únicamente acá.

El caso del narcolaboratorio en Morelos ha evidenciado que los agentes despachaban desde las propias instalaciones de la AEI y que no solo esa vez tuvieron participación, la tuvieron también en otros operativos que involucraron al Ejército, a la Guardia Nacional y a la propia Secretaría de Seguridad Pública.

Era tanto el desparpajo de los comandantes y tanto el fatal exceso de confianza de Jáuregui en sus “subordinados” que, si bien sabía de participación de los extranjeros en Chihuahua, solo sabía que “ayudaban” con tecnología, escuchas o drones y no que anduvieran personalmente armados y hasta con uniformes de la AEI en los operativos.

Nunca reparó que ese tipo de intervenciones es como jugar con una granada que puede estallar en cualquier instante…Y estalló en el momento menos oportuno para sus aspiraciones políticas presentes con la inesperada muerte de los dos agentes de la CIA.

Toda la 4T se envolvió cual tamal en la bandera de la soberanía nacional, sus voceros atacaron sin clemencia a las panistas autoridades de Chihuahua; la gobernadora defendió exitosamente en una primera etapa el operativo contra el narcotráfico pero el destino ineludible de los expedientes penales llegaría junto con el inicio de la gran pelea por la gubernatura.

Por lo pronto, el primer castigado es justo Jáuregui Moreno, ahora no únicamente por traición a la patria sino por “los otros delitos” de corrupción señalados en una de sus mañaneras por la presidenta Sheinbaum, reveladas por la propia gobernadora Maru a la fiscal General, Ernestina Godoy. Casinero y a ver qué más le sacan

Ayer se desarrollaba la vinculación o no a proceso en el Altiplano. Y si no era por traición a la patria sería por cualquier caso.

El tema conduce a una lección que debiera ser inolvidable para muchos, una lección basada en esa expresión tan antigua pero tan vigente del zapatero a sus zapatos que no recordó o no quiso tomar en cuenta la autosuficiencia intelectual del exfiscal al aceptar dirigir el incorregible mundo de las relaciones entre el crimen y el gobierno, la Fiscalía General del Estado y los cárteles en este caso.