Guadalupe y Calvo.— Madre de dos niños, Doña Mary dice estar cansada de tanta balacera en Guadalupe y Calvo, donde vive, que es, desde hace tiempo, un infierno, con el temor de que un día de estos a ella o a sus hijos les caiga una bala perdida.
“Ya nomás llega la tarde y uno mejor se mete porque ya sabemos que pueden llover balas”, asegura la mujer, quien dijo que el pasado sábado estuvo debajo de la cama junto con su hijos ya que es vecina de una casa donde fue un enfrentamiento que dejó como saldo una persona muerta a escasas cuadra de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, que está también en el Centro.
El encuentro que sostuvieron ayer autoridades de seguridad dividió opiniones entre la población.
Hay quienes aplauden la acción y están optimistas respecto a las medidas que puedan derivarse de la reunión, mientras que otras voces, más escépticas, aseguran que es una simulación más, sin efectos reales sobre la situación en el territorio.
La inseguridad que ha marcado la región en los últimos meses ha generado una profunda incertidumbre, y la población espera que esta mesa de seguridad traiga una solución pronta y definitiva a los conflictos que afectan a sus comunidades.
“Aquí uno vive con miedo, esperemos que esta reunión sirva para algo y no se ponga peor. Sólo queremos volver a vivir tranquilos”, comentó una comerciante local.
“Lo que más queremos es que regresen la paz y la normalidad, que podamos abrir los negocios sin miedo y caminar con tranquilidad. Estamos cansados de vivir encerrados”, asegura una madre de familia.
Desde la tarde del lunes y hasta la mañana de ayer martes, pocas personas salen a las calles, la circulación vehicular también es escasa, y los negocios mantienen una actividad mínima.
Para las 7:00 de la tarde Guadalupe y Calvo queda en completo silencio, poco antes de esa hora comienzan a cerrar negocios de primera necesidad como farmacias o minisupers, mientras que algunas tiendas de abarrotes y establecimientos de comida cierran poco después.
Para esa hora las personas ya están resguardadas en sus hogares y sólo escuchan, a veces, el ladrido de los perros.
Algunos habitantes de Guadalupe y Calvo expresaron su desconfianza hacia las autoridades encargadas de brindar seguridad, incluso señalan presuntos vínculos con grupos delictivos que operan en la región.
“Aquí todo mundo sabe que muchos policías municipales y estatales trabajan para los narcos. A veces los ves platicando, comiendo juntos. ¿Cómo vamos a confiar en ellos?”, dijo bajo anonimato un comerciante.
La opinión no es distinta respecto a elementos de la Guardia Nacional. Pobladores aseguran que su presencia ha sido ineficaz, y en algunos casos también dudan de su imparcialidad.
Estas declaraciones son en un contexto de violencia prolongada en la región, marcada por el enfrentamiento entre grupos criminales ligados al Cártel de Sinaloa y a La Línea, del Cártel de Juárez.
Enfrentamientos, desplazamientos forzados, ejecuciones y comunidades sitiadas han generado temor en la población, que opta por el silencio y el encierro como forma de autoprotección.
Además, habitantes denuncian que en las carreteras hay presencia constante de “halcones”, jóvenes o civiles armados que vigilan el paso de vehículos y reportan movimientos a los grupos delictivos.
“Desde que uno entra por la carretera, ya los traes detrás. Son personas que están en camionetas o a pie, avisando quién entra y quién sale”, explicó un joven conductor de transporte local.