Ciudad Juárez.- La escena se repite con una inquietante normalidad en diversas partes de Chihuahua. Disparos, persecuciones, bloqueos carreteros, vehículos incendiados. Esta vez fue en Ojinaga, Aldama y Moris, donde en cuestión de horas se registraron enfrentamientos, ataques a elementos estatales y acciones deliberadas para sembrar el miedo entre la población. Ante esto, surgen preguntas, una de ellas es: ¿dónde están las fuerzas federales en estas regiones?

Los reportes oficiales hablan de operativos, patrullajes, aseguramientos y reacciones. Las fuerzas estatales permanecen en la primera línea, enfrentando a grupos armados que resisten y desafían al Estado. Incendiar una tienda, robar un camión y bloquear una carretera forman parte de acciones que evidencian control territorial.

No se puede permitir que los delincuentes operen con esa capacidad de movimiento, ni que la población quede atrapada entre el miedo y la incertidumbre. La prevención no puede llegar después del ataque. La reacción, por eficaz que sea, siempre llega tarde cuando el daño ya está hecho.

Aquí es donde la ausencia se vuelve evidente. No basta con operativos coordinados que se activan tras los reportes. La presencia del Ejército y de las fuerzas federales en la sierra no puede ser eventual ni reactiva. Se requiere una ocupación territorial constante, visible, que inhiba antes de que ocurra el siguiente ataque.

Las fuerzas estatales no pueden solas. Lo han demostrado en cada enfrentamiento que logran contener, pero también en cada episodio que escala en violencia. No necesitan únicamente acompañamiento, necesitan respaldo real, permanente, con capacidad de control en zonas donde hoy el Estado llega tarde.

La sierra no puede seguir siendo un territorio donde la violencia marca el ritmo. Cada ataque, cada incendio, cada bloqueo, es también una señal de lo que falta. Y lo que falta no es diagnóstico. Es presencia.