Chihuahua— El accidente por contaminación con cobalto-60 de 1983 en Ciudad Juárez, trágicamente conocido como el “Chernóbil mexicano”, es considerado el peor accidente radiológico registrado en todo el Continente Americano debido a la masiva dispersión de material radiactivo en miles de toneladas de acero estructural.
El Centro Médico de Especialidades en Ciudad Juárez compró en 1977 un aparato de radioterapia equipado con una fuente de cobalto-60. Este aparato estaba destinado a equipar una sección avanzada de oncología para aplicar tratamientos médicos que lamentablemente nunca se pusieron en marcha por falta de personal calificado. Se quedaron en sus instalaciones con esa peligrosa fuente de cobalto-60, sin cumplir una sola norma internacional de radiactividad, y que estuvo en desuso hasta que fue robada, desmantelada y vendida como chatarra en 1983.Así se dispersó la radiactividad
El 6 de diciembre de 1983, un empleado de mantenimiento del hospital, Vicente Sotelo Alardín, junto con un amigo, decidió disponer de la máquina para venderla como chatarra. Para poder transportarla en su camioneta Datsun, desmantelaron la máquina a golpes y perforaron deliberadamente el cilindro de plomo protector. Esto liberó más de seis mil diminutos gránulos (pellets) de cobalto-60. Durante el trayecto de varios kilómetros hacia el depósito de chatarra, la camioneta fue goteando material radiactivo por las calles de Ciudad Juárez. Al llegar al depósito de chatarra “Yonke Fénix”, las grúas electromagnéticas terminaron de esparcir y mezclar el cobalto-60 por todo el terreno. El material contaminado del Yonke Fénix fue vendido rápidamente a fundidoras locales.Principales involucradas:
• Aceros de Chihuahua, una siderúrgica de la ciudad de Chihuahua, produjo unas 6 mil toneladas de varilla de acero corrugado con metal radiactivo fundido. De esas 6 mil toneladas, cerca de mil fueron exportadas a los Estados Unidos y unas 5 mil se distribuyeron en varios estados de México. • La maquiladora Falcón en Ciudad Juárez utilizó el acero para fabricar cerca de 3 mil bases de mesas para restaurante. Las varillas fueron usadas para edificar decenas de casas de interés social en México, mientras que las mesas se exportaron a Estados Unidos.El descubrimiento
El 16 de enero de 1984, un camión que transportaba las mesas y varillas contaminadas se extravió en Nuevo México y pasó cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, donde los detectores de radiación encendieron las alarmas. Las autoridades estadounidenses determinaron que el material provenía de fundidoras mexicanas y filtraron la noticia a la prensa, desatando una gran alerta en los diarios sobre las miles de personas que pudieron haber estado expuestas.Agua, viento, arena y miedo
En un reportaje realizado con el patrocinio de la Fundación Ford (“Cuando tuvimos miedo de las nubes: el accidente nuclear de Ciudad Juárez”), de la autoría de Claudia Sánchez Ley, publicado en Gatopardo, recogieron impresiones y testimonios, en aquellos días de 1984, cuando estallaron los nervios entre los pobladores de Samalayuca. Un brote psicótico hermanó a las más de 100 familias que vivían en las casitas salpicadas entre dunas y matorrales secos de este pequeño ejido enclavado en el desierto de Chihuahua. Antes de ese año, la vida transcurría de forma ordinaria. Les gustaba la tranquilidad con la que se levantaban por la mañana a revisar la cosecha de calabaza, las caminatas con las comadres, las huellas que se hundían en la arena pesada o el lejano sonido del tránsito de los tráileres de carga por la carretera. Aquí la vida pasaba a 40 kilómetros de las ciudades fronterizas de El Paso y Ciudad Juárez, entre México y Estados Unidos, hasta que llegó el día en que les tuvieron miedo a las nubes, al aire, al agua y a la lluvia, porque se enteraron de que, en las inmediaciones de ese lugar, en el desierto, enterraron unos sarcófagos de concreto para aislar los restos de materiales y de varilla contaminados con el mentado cobalto-60. Y peor, porque gente de la comunidad ayudó y fue contratada para participar en ese escalofriante entierro. Y es que el cementerio nuclear está localizado principalmente bajo las dunas del desierto de Samalayuca en Chihuahua, además de existir un depósito oficial centralizado conocido como el Centro de Almacenamiento de Desechos Radiactivos (Cader) en el Estado de México. En las Dunas de Samalayuca enterraron y sellaron parte de los escombros, material y vehículos altamente contaminados tras el desastre de 1983. En Temascalapa, Estado de México, el Centro de Almacenamiento de Desechos Radiactivos Santa María Maquixco, resguarda residuos radiactivos de todo el país desde 1970, incluyendo toneladas de material relacionado con la contingencia de cobalto-60.¿Afectó a la población?
El 22 de febrero de 1984 se dio la llegada de tres científicos estadounidenses a Ciudad Juárez para encontrar respuestas al accidente nuclear, que ellos explicaron en el contexto del crecimiento industrial (surgimiento masivo de plantas maquiladoras) de esta urbe fronteriza. Son Carl Hubner, hematólogo, Eugene Joiner, citogenetista, y Myles Cabot, bioquímico, procedentes del Centro de Asistencia de Emergencia Radiológica del Instituto Oak Ridge para la Ciencia y la Educación en Tennessee, Estados Unidos. Los especialistas arribaron equipados con contadores Geiger para medir el impacto ambiental y humano, motivados por la alarma internacional que generaron las publicaciones de medios como The New York Times y la revista Proceso, los cuales advertían sobre miles de toneladas de varilla radiactiva distribuidas por el país y exportadas a Estados Unidos. Cabot, un científico de ascendencia española experto en accidentes radiológicos y eminencia en estudios sobre el cáncer, describió cómo se percataron de que la contaminación ya había hecho estragos entre los juarenses. Encontraron síntomas severos de intoxicación aguda por radiación experimentados por los habitantes de Ciudad Juárez, tales como náuseas, dolores de cabeza recurrentes, diarrea, fiebre prolongada y caída de cabello. Adicionalmente, resalta afectaciones reproductivas específicas como la azoospermia (ausencia total de espermatozoides) y la oligospermia (conteos de esperma drásticamente reducidos por debajo de lo normal) en jóvenes que estuvieron expuestos directamente al material radiactivo. Como resultado del incidente radiactivo, las autoridades estimaron que alrededor de 4 mil personas sufrieron algún grado de exposición a la radiación, tanto en México como en los Estados Unidos.Cero sanciones, ¡viva la opacidad!
Es de notar que no hubo ninguna persona sancionada penalmente ni enviada a prisión por el desmantelamiento y la dispersión de la fuente de cobalto-60. A pesar de ser catalogado como el peor accidente radiológico de América del Norte, el caso fue manejado principalmente bajo la opacidad del Gobierno federal de la época y se atribuyó legalmente a una “cadena de negligencias no intencionales” por ignorancia y falta de supervisión.Los implicados y su situación legal:
• Vicente Sotelo Alardín (técnico de mantenimiento): Fue el empleado del Centro Médico de Especialidades que desarmó la unidad médica Picker C-3000 y perforó el cilindro cargado con miles de balines radiactivos para venderlos como chatarra. Aunque inicialmente se le cuestionó si fue un robo o si actuó bajo órdenes directas de un superior (el Dr. Lemus), no enfrentó cargos criminales, ya que se determinó que operó bajo un absoluto desconocimiento sobre la peligrosidad del material. Su castigo principal terminó siendo físico, pues recibió altas dosis de radiación directa. • Directivos del hospital privado: El hospital compró el aparato de teleterapia en Estados Unidos en 1977 de manera ilegal y sin reportarlo a la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS). El equipo estuvo abandonado en un almacén durante seis años. Pese a esta grave omisión regulatoria, las autoridades de salud y judiciales mexicanas no impusieron penas de cárcel ni sanciones económicas severas trascendentes a los médicos o dueños de la clínica. • El depósito de chatarra (Yonke Fénix) y las fundidoras: El negocio que compró las piezas contaminadas por unos cuantos dólares y las acereras que fundieron el material para hacer varillas de construcción actuaron de manera inadvertida. Tampoco recibieron multas o castigos criminales, y el impacto para ellos fue meramente económico debido al decomiso del acero contaminado. Al final, la respuesta del Gobierno mexicano de la época estuvo centrada en en mitigar la crisis recolectando las varillas de construcción y demoliendo cientos de edificaciones. Sin embargo, la justicia penal nunca castigó a los responsables de la importación ilegal ni de la manipulación negligente.Terror en las ‘casitas radiactivas’
Rumores van y vienen, y como la versión más tremendista persiste, el terror no abandona a los vecinos. El famoso y temido fraccionamiento al que se le atribuye haber sido construido en sus cimientos con varilla radiactiva, ubicado exactamente en el cruce de la calle Esmeralda y la Vialidad Ch-P (Chepe), en las inmediaciones de la colonia Mármol Viejo, en la ciudad de Chihuahua. Este sitio forma parte de la mitología urbana local ligada al accidente por contaminación con cobalto-60 del año 1983, conocido informalmente como el “Chernóbil mexicano”. Son una serie de viviendas que quedaron en obra negra y abandonadas desde que fueron construidas, desde hace al menos unos 38 o 40 años. Durante décadas se difundió el fuerte rumor popular de que la obra fue suspendida por las autoridades tras detectarse que los cimientos contenían las varillas radiactivas provenientes de las fundidoras de Ciudad Juárez y Chihuahua. A pesar del temor histórico entre los vecinos de la colonia Mármol por una supuesta radiación, las viviendas han sido habitadas de forma intermitente por ocupantes ocasionales (familias de escasos recursos y personas en situación de calle) que aprovechan la falta de certeza propiciada al parecer por un intestado o incertidumbre de tipo legal, según quienes han tratado de refutar la radiactividad.