Más de cien personas siguieron a los danzantes aztecas a través de un arco de flores de papel hacia la preparatoria "El Colegio", para visitar las ofrendas que los estudiantes habían creado en conmemoración del Día de Muertos.

"Es una forma de dar la bienvenida a nuestros antepasados en nuestros hogares, de traerlos de vuelta a nuestras vidas, aunque no estén aquí físicamente, sino espiritualmente", dijo Daniela Rosales, estudiante de último año en la pequeña escuela bilingüe de Minneapolis.

"Es una manera de reunir a toda la comunidad y de saber que, de algún modo, pueden sentirse seguros".

Estas celebraciones, esenciales en la vida religiosa, familiar y comunitaria de la mayoría de los mexicanos y muchos otros latinoamericanos, han cobrado un significado especial este año en las comunidades latinas de Estados Unidos, mientras el Gobierno de Trump intensifica las redadas migratorias, incluso en Minnesota.

Aunque algunos organizadores temían que el riesgo de deportación opacara las celebraciones públicas, los participantes llenaron las festividades en ciudades grandes y pequeñas, convencidos de que los rituales les devolvieron la fortaleza y el orgullo comunitario.

Las celebraciones, marcadas por el orgullo y la alegría, desafían el temor a las redadas migratorias. Como maestro de ceremonias del festival de este año, Luis Alberto Orozco recordó las semanas de tensión previas, cuando circularon rumores en redes sociales sobre posibles operativos migratorios.

"Decidimos que no íbamos a tener miedo. Era importante para nosotros conservar la confianza", dijo. "Cuando llegué al evento y vi a toda la gente sonreír, todos los miedos desaparecieron".

El reciente endurecimiento de las políticas migratorias en Chicago ha provocado controversia y temor en toda la ciudad.

Lisa Noce, cuyos antepasados emigraron de México al barrio de Pilsen, en Chicago, donde creció, temía que la gente no asistiera a la exposición del Día de Muertos que ayudó a montar en el Museo Nacional de Arte Mexicano. Pero al final acudió mucha gente.

"Estoy muy agradecida de que todo haya salido así", dijo, y añadió que también coloca una pequeña ofrenda en su cocina, adornada con dulces, muñecas Barbie y fotos en las que sus familiares aparecen sonrientes.

Las ofrendas van desde altares familiares hasta mensajes políticos. Durante más de un siglo, las expresiones artísticas del Día de Muertos han pasado del entorno familiar al espacio público. Nacido en México y más tarde impulsado por el movimiento chicano en Estados Unidos, este tipo de ofrendas se ha convertido también en una forma de protesta que suele incluir a víctimas marginadas, explicó Luis Fitch, artista de Minneapolis que ha diseñado imágenes del Día de Muertos para el gigante minorista Target y el Servicio Postal estadounidense.

En Los Ángeles, epicentro de algunos de los operativos migratorios más duros, un grupo que defiende a los migrantes detenidos organizó una ceremonia de oración con rituales budistas, judíos y protestantes, además de altares en memoria de quienes murieron bajo custodia, explicó la reverenda Jennifer Gutiérrez, una de las organizadoras.

"Se percibe mucha tensión", reconoció Gutiérrez, ministra metodista unida. "Pero también un ambiente de solidaridad para ayudarnos unos a otros".

De regreso en El Colegio, unos seis altares con velas encendidas, calaveras de azúcar decoradas y una profusión de flores de papel recordaban pérdidas tanto locales como internacionales.

Había fotos de los niños asesinados en un tiroteo escolar a pocos kilómetros de distancia, pero también de quienes perdieron la vida al cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, además de víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre, de la guerra en Gaza y de la violencia contra mujeres indígenas.

"Tratamos de mantener vivas nuestras fuentes de fortaleza espiritual", dijo Susana De León, una de las bailarinas aztecas tradicionales que abrió la conmemoración en El Colegio.

"Cuando la comunidad nos ve bailar, recupera fuerzas. Siente el amor".

Justin Ek, uno de los fundadores del festival del Día de Muertos en Mankato, una ciudad de la zona agrícola de Minnesota, dijo que "decidimos que no podíamos rendirnos".

"Nuestras celebraciones culturales nos alimentan el alma para lo que se avecina", añadió.

La familia del artista indígena y latino inició una pequeña conmemoración en el estacionamiento de su tienda de pinturas en 2018. Este año, unas 12 mil personas participaron en la celebración que duró todo el día, con música en vivo y docenas de esculturas de papel maché de Catrinas y alebrijes. La mayoría de las actividades se financiaron con donaciones de la comunidad.

El padre de Ek llegó a Estados Unidos desde México siendo aún un niño. En su esfuerzo por salir adelante y formar una familia, muchos de sus vínculos con su país y con los parientes que se quedaron se fueron perdiendo, contó Ek.

Las celebraciones del Día de Muertos se convirtieron para él en una forma de sanar esa ausencia y de reconectar con sus raíces, además de recordar a los familiares fallecidos más recientemente.

"Es nuestra manera de honrar lo que hemos perdido", dijo.

La festividad combina la alegría del recuerdo con la sensación de que los ausentes vuelven a estar presentes, algo que la distingue tanto del ambiente puramente festivo de Halloween como de los tonos solemnes de las fiestas cristianas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos.

De hecho, el Día de Muertos fue el resultado de siglos de evolución a partir de prácticas indígenas de toda América, y solo adoptó estas fechas otoñales tras la llegada del catolicismo, explicó Cary Cordova, profesora de la Universidad de Texas.

Cada región celebra el Día de Muertos con sus propios rasgos, pero lo esencial es rendir homenaje a los difuntos con ofrendas de comida, bebida, música y las aficiones que más disfrutaban en vida. Muchas personas creen que sus almas regresan de visita, guiadas por las velas y las flores de cempasúchil que les muestran el camino hacia las ofrendas.

Ya sea recordando su infancia en México o desde su vida actual en Mankato, Orozco dice que lo importante es celebrar "divirtiéndose como ellos lo harían", con sus alimentos favoritos y canciones favoritas.

"Es recordar con alegría a quienes murieron, porque querrían que los recordáramos felices... y hacernos sentir que siguen con nosotros", explicó.