Yamilet dice que está en apuros, tiene un trabajo pendiente y le pide ayuda a su nuevo amigo. Lo llama por teléfono y le pide ir a su casa para saber de qué irá el favor.

Hay una damisela en apuros y ese nuevo amigo decide ayudarla, sin saber que se trata de una trampa llena de dolor, terror y trauma, y que enseguida de entrar a esa casa llegarán grupos grandes de hombres armados que lo golpearán, amarrarán y torturarán hasta obtener lo que quieren.

En esta frontera hay dos hombres con una historia similar (que serán identificados como AD y JL), pero con 14 meses de diferencia. AD acudió al llamado de Yamilet en febrero de 2024 y JL en abril de 2025. El último es uno de los casos más recientes, que ganó espacio en redes sociales por lo brutal del caso: a JL le mutilaron los pezones para pedir el rescate de medio millón de pesos a su familia, y le esperaba más violencia.

No puede ser la misma Yamilet, sin embargo. La de AD está en una prisión femenil desde enero de 2025, y la de JL le hizo la jugarreta el 30 de abril.

Tortura en cautiverio

JL llegó a Juárez hace seis meses, y trabaja en una tienda de abarrotes. Ahí conoció a Yamilet, quien sabía que además de su empleo en la tienda rentaba un Nissan Sentra 2019 negro como chofer de plataforma para hacer más dinero.

Eran las 11:00 de la noche cuando JL atendió a Yamilet. Llegó a la casa 2443 de Privada Mina y Mina en El Sauzal. Ya lo esperaba Yamilet para llevarla a quién sabe dónde. Era un viaje pagado y cargado, y para eso le llamó de adentro de la casa. “Ayúdame a subir unas cajas, están acá”, le dijo, y él confió.

“Mira, ahí están. Espérame poquito”, le indicó. JL esperó poquito, pues apenas dejó el cuarto Yamilet y llegaron 15 hombres con palos, bates y pistolas para molerlo a golpes. Su cuerpo decidió protegerlo del dolor como sabe: se desmayó.

Despertó sin sentidos, con manos y pies atados, ojos vendados y un trapo en la boca. “Yamilet fue la que te puso. Dijo que tú tenías feria. Ya la matamos porque no dejaba de gritar”, le dijeron, pero él no oyó ningún grito.

Mientras estaba amarrado, vio a José Antonio A. P., “Tony”, jugar –como si fuera un juguete– con un cuchillo entre sus dedos, entre sus manos, para luego sentir el filo sobre su espalda, sobre sus brazos. Cortadas constantes, lo suficientemente profundas para dejarle marcas, para que recordara el martirio y su vulnerabilidad.

El secuestro en Juárez mantuvo cautiva a su gente entre 2008 y 2012, con la “guerra contra el narco”. La vista de matones como “El Neto”, “El Pompín” y otros más se fijó en empresarios que se blindaron y temieron como nunca. La brutalidad de entonces revivió en estos años, primero contra migrantes secuestrados y ahora contra cualquier mediano emprendedor que dé señas de éxito, sin siquiera tener la solvencia económica para soportar un pago de cientos de miles de pesos para recuperar su libertad.

Esa brutalidad la tenía “Tony” en los ojos, a sus apenas 19 años. Es el menor de cuatro adultos detenidos por el secuestro, y es también el de mirada más lejana. Para quienes conocen “la mirada de las mil yardas”, ese fenómeno que vacía de alma los ojos de una persona por haber vivido algo traumático, la reconocerían en “Tony”. Es –presuntamente– a su vez el más sanguinario de los victimarios, dijo JL.

“El Chucky” (Edgar Óscar U. F., también detenido) le dio a “Tony” la orden de tomar entre sus dedos el pezón izquierdo de JL y pasarle a ras de piel un cuchillo para removerle la tetilla. La sangre enseguida brotó de donde estaba su piel y manchó su pecho y su abdomen.

Todo quedó grabado por Miguel P. L. (detenido), quien se encargó de mandar el video a su familia.

Infligir terror como tarea común es sencillo sin escrúpulos, así que mientras unos golpeaban, otros tomaban video, jugaban con sus armas y pensaban en la siguiente tortura.

“El Chucky” daba órdenes pero también las recibía, de “El Maike” (sin detener). El plan fue entonces llevarlo a otra casa, en Carlos Curti y Víctor Tarín (también en El Sauzal). Ahí lo esperaban otros más, como “Cheskirito” (también sin detener) que fue instruido por “Tony” sobre cómo cortar el pezón derecho, y aquel lo hizo.

A la escena se integraron un adolescente de 17 años que mostró a tablazos contra JL la dura verdad del secuestro en Juárez, que no se toca el corazón para reclutar jóvenes ni para lastimar familias. Ese adolescente era novio de Yamilet.

El dinero finalmente fue entregado, según sus captores, así que lo iban a liberar. Lo llevaron a un baldío cercano a un supermercado en la carretera Juárez-El Porvenir, y le dijeron que se sentara a un lado de un huizache a esperar a su hermana, y tras sentarse sintió el calor en la espalda. “El Negro” (sin detener) lo apuñaló dos veces antes de que decidiera correr a pedir auxilio a la carretera, y sus agresores no quisieron seguirlo, sino que escaparon.

“Tony”, “Chucky”, Miguel y el adolescente de 17, junto con otro de 15 y Julio César F. H. fueron vinculados a proceso por los hechos, pero hay por lo menos nueve libres.

Cambian objetivos

Luego de que los migrantes dejaron de llegar a Juárez en las cantidades que lo hacían, el negocio del secuestro de “pollos” o “cajas” (personas en movilidad) dejó de ser rentable, pero había que reportar trabajo, así que la vista se fue hacia los locales. En febrero se reportaron cinco secuestros de juarenses; en marzo, tres, y en abril seis. Mayo, que apenas empieza, tiene tres casos registrados. Hay por esos hechos 21 personas detenidas y llevadas ante jueces. Hay detenidos en cuatro de cada cinco casos, además.

Los detenidos son en gran parte jóvenes, dijo una fuente de la Fiscalía Especializada en Operaciones Estratégicas. Menores de edad y hasta los 21 años engrosan las filas del crimen organizado enfocado en secuestro, e inclusive han sido señalados como los “jefes” de las células, o los más violentos.

Son temas que para la Fiscalía son de “análisis social, psicológico y psiquiátrico; son difíciles de comprender”, dijo Carlos Manuel Salas, de la Zona Norte.

Y les sirven estos jóvenes porque o salen pronto de la cárcel (máximo cinco años si tienen menos de 18 al cometer los delitos) o porque no están conscientes de que las penas como adultos son de hasta 90 años, dicen agentes investigadores y el mismo Salas. No dimensionan que su vida se va a ir entre paredes de cemento y barrotes oxidados.

Para jóvenes como Yamilet o su novio de 17, el entorno en que viven y la normalización de la violencia (como aseguró Zulay Abbud, de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Juárez), hacen difícil salir de círculos de criminalidad.

Tampoco sirven las redes sociales en que se vende “una falsa promesa de un futuro lleno de lujos, de actividad de riesgo, actividad emocionante; una falsa promesa a través de la apología del delito como canciones, videos, estilo de vida. Los niños son atrapados, les llama la atención y empieza el reclutamiento”, por lo que ha valorado la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, compartió su vocero, Jorge Armendáriz.

El delito que es perseguido se vuelve indeseable para los criminales, así que la Mesa de Seguridad y Justicia de Ciudad Juárez confía, como dijo el coordinador de Indicadores, Guillermo Asiain, en que las detenciones sigan como hasta ahora para detener esta oleada de secuestros que mantiene ocupada a la Fiscalía Especializada, y temerosos a probables JL y AD por posibles Yamilets.

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