Ciudad Juárez.- El amanecer volvió a teñirse de rojo en Parajes de San Isidro. En el cruce de Cerradas del Parque y Paseo de San Isidro, dos hombres fueron asesinados en una vivienda esta mañana. Uno quedó boca abajo sobre un charco de sangre, vestido con una pantalonera y una playera azul, a unos pasos de una silla roja de plástico; el otro, con pantalón de mezclilla y playera negra, quedó mirando al techo, con la mano izquierda sobre el vientre.

La escena, silenciosa y brutal, podría pertenecer a cualquier otro día en esta colonia del sur de Ciudad Juárez, donde la violencia dejó de ser noticia para volverse paisaje. Los vecinos, acostumbrados al eco de las sirenas, ya no se asoman. Saben que en Parajes de San Isidro el sonido de los disparos marca la hora.

El doble crimen solo confirma una tendencia que desde hace años carcome al Distrito Riberas. Pese a los operativos implementados por las autoridades estatales y municipales —que cada semana reportan detenciones y decomisos de droga—, la inseguridad no ha cedido en la zona.

Entre 2019 y septiembre de 2022 se abrieron 666 carpetas de investigación por delitos del fuero común, y en 2023 el Observatorio Ciudadano del Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana colocó a esta colonia entre las diez más violentas de Ciudad Juárez.

En julio pasado, un padre y su hijo fueron ejecutados en las calles Volcán Arenal y María Teresa Rojas. Días antes, Jesús Chavarría, de 31 años, cayó asesinado frente a su casa cuando regresaba de vender comida en un carrito; aún llevaba puesto el mandil. Cada caso deja un eco que se repite en las paredes grafiteadas y las esquinas desiertas.

La pobreza y el crimen se confunden en los límites invisibles de la colonia. En septiembre, una cartulina apareció con amenazas del crimen organizado contra narcomenudistas y consumidores de cristal, una droga que las autoridades locales reconocen como el eje de la violencia en la zona. La disputa por su venta ha llenado de miedo las calles, vaciando los parques y cerrando temprano los pequeños comercios.

En Parajes de San Isidro, los disparos anuncian el día y el silencio lo clausura. Las rejas en las puertas, los rostros tras las cortinas, los niños que ya no juegan: todo habla de una comunidad que aprendió a sobrevivir rodeada del peligro. El crimen de hoy no sorprende; apenas recuerda que en esta franja del sur, la paz sigue siendo un rumor que nadie ha escuchado del todo.