Ciudad Juárez.- La noche del 15 de septiembre de 2010 los juarenses dieron el Grito de Independencia debajo de la mesa.
Debido a la violencia extrema que vivía la ciudad, el alcalde José Reyes Ferriz dio el Grito de Independencia dentro del salón de Cabildo, solo, con las puertas cerradas y bajo un fuerte dispositivo de seguridad.Esa ocasión no hubo bullicio, ni tambores, ni música, ni verbena, mientras la frontera vivía su etapa más oscura por la violencia e inseguridad.
Ese año Juárez cerró con 3 mil 116 homicidios, la cifra más alta en su historia, con jornadas en que se registraban más de 20 asesinatos en un solo día.
La ciudad era considerada la más violenta del mundo, y la sensación de indefensión era generalizada.
El cronista José Eduardo Borunda recuerda aquel año como uno de los más difíciles, no escritos en la historia oficial de la ciudad, pero sí en la memoria colectiva.
“El 2010 fue un año muy difícil. Se sumaron las muertes de 2007, 2008 y 2009. La carga emocional negativa entre la población se acentuó”, relata. “Salir a la calle era un riesgo, recibíamos llamadas de amenazas, muchos estuvimos a punto de emigrar”.
Rememora que la cultura del miedo obligó a los ciudadanos a tomar medidas de supervivencia, como quitarse logos de las camisetas y nombres de las prendas para no ser identificados.Bajo el toque de queda
En la colonia Melchor Ocampo, una familia recuerda haber seguido la ceremonia a través de la televisión, encerrados en casa.
“Sí recuerdo haber visto el Grito en la tele esa ocasión, creo que en esos meses había toque de queda”, lo recuerda sobriamente Malena Domínguez.
“Me acuerdo que un año antes hubo una masacre en un Grito de Independencia, creo que en Guanajuato, y había pánico en todo el país porque en la narcoguerra no se respetaba a los civiles”, rememora un reportero local.
Borunda evoca tragedias que marcaron la ciudad, como la masacre de Villas de Salvárcar, donde 15 estudiantes de preparatoria fueron asesinados, la ejecución de Marisela Escobedo, la explosión del coche bomba en el Centro de la ciudad y la constante presión del crimen organizado sobre las autoridades.
“Estuve en reuniones con Felipe Calderón, donde universidades, escuelas y sociedad civil reclamaron por la ola de violencia. El clima era oscuro; Ciudad Juárez ya no podía salir. Había que establecer dinámicas de seguridad y autoprotección. Salías de casa y tenías que reportarte al llegar al trabajo”, recuerda.
Esa noche, mientras el alcalde gritaba “¡Viva México, viva la libertad, viva los héroes que nos dieron patria!”, irónicamente no había ciudadanos presentes, sólo patrullas y un alto dispositivo de seguridad, señala Borunda.
Ve hacia atrás como un Grito marcado por el miedo y la ausencia de la gente a la que se le proclamaba libertad.
‘Un acto de responsabilidad’
José Guillermo Dowell Delgado, secretario del Ayuntamiento en esa administración municipal, recuerda el momento, pero lo justifica.
“Reyes Ferriz siempre ha sido muy atacado, pero sigo pensando que fue un acto de responsabilidad. Tal vez 15 años después se pueda entender mejor”, afirma.
Y sostiene que “en todo momento, la medida evitó concentraciones masivas y protegió a la ciudadanía”.
Aquella noche, dice, el alcalde estuvo rodeado de elementos del Ejército, la Policía Municipal y otras fuerzas.El episodio marcó una ruptura entre sociedad civil y Gobierno.
Funcionarios, policías y reporteros recuerdan el ambiente tenso y sombrío, mientras Dowell subraya que la decisión fue la más responsable frente a amenazas directas y riesgo extremo.
Dowell Delgado agrega que “ese gobierno vivió una cadena de eventos violentos que nadie esperaba”.
“La administración estaba enfocada en transporte escolar y seguridad, y de repente estalló la violencia”.
En eventos anteriores se habían hecho celebraciones masivas, pero muy cuidadas. Reyes Ferriz había recibido amenazas de muerte directas, incluso en El Paso, menciona.
Y sostiene que “fue un acto responsable por las condiciones que vivía la ciudad, con más de tres mil muertos”.
Dowell se separó de la administración tres meses antes de que terminara ese mismo año.“Me fui en marzo de 2010, porque mi notaría estaba asociada con la del licenciado Jorge Álvarez Compeán, entonces Notario 18, y decidimos separarlas, en los mejores términos, por lo que tuve que separarme para el ejercicio de la función notarial”, argumenta.
Seguridad presionada
El contexto institucional de aquel año muestra la presión que vivían los encargados de la seguridad.
Los directores de Seguridad Pública Municipal en 2010 fueron Roberto Orduña Cruz, quien renunció el 20 de febrero de 2010 tras amenazas del crimen organizado que incluían el asesinato de un agente cada 48 horas hasta su salida.
Luego, Laurencio Rodríguez Contreras, teniente coronel de artillería, quien sucedió a Orduña en octubre de 2010.
El actual secretario de Seguridad Pública Municipal, César Omar Muñoz Morales, quien entonces era agente de la Fiscalía General del Estado (FGE), recuerda aquel período.
“Muy lamentable, todos esos tiempos de nuestra ciudad, donde no era posible ni siquiera hacer un Grito de Independencia, entonces era complicado”.
También que “comparado con lo que pasa ahora, olvídate, un mundo de diferencia. Hoy tenemos eventos de 20 mil personas, conciertos, deportes, centros comerciales llenos”.
El historiador juarense Francisco Javier Luévano de la Rosa aporta otra mirada.
‘Los gritos siempre traen cosas’
Estudioso de la historia local, recuerda que Reyes Ferriz incluso daba clases en la UACJ y se mostraba muy nervioso, con el rostro colorado, y rodeado de sus elementos de seguridad.
“Los gritos siempre traen cosas, los gritos de Independencia. Recuerdo estar presente en uno en la explanada de la Presidencia, donde estaban dos muchachas, hijas del presidente, que los militares no dejaban pasar hasta que alguien del comité lo autorizó”, relata Luévano.
De acuerdo con los historiadores, el miedo estaba alimentado también por precedentes de atentados: en julio de 2010, un coche bomba estalló en Juárez, matando a cuatro personas, entre ellas un médico de la Cruz Roja y dos policías federales.
Dos años antes, en 2008, en Morelia, Michoacán, un ataque con granadas durante el Grito de Independencia dejó ocho muertos y más de 100 heridos.
Estos hechos alimentaban la sospecha de que un ataque similar podía ocurrir en cualquier acto masivo, subrayan.
La evolución del festejo
En tanto, Mayra Priscila Delgado, actual directora de Relaciones Públicas del Municipio, destaca la evolución del festejo.
“El Grito es una tradición en todo México y resalta que somos frontera. Ahora recibimos a personas de El Paso, autoridades y cónsules”, asegura.
Además, que para este año se esperan alrededor de 50 mil personas y siempre se ha tenido saldo blanco.
“La seguridad no ha sido un impedimento; al contrario, son momentos de convivencia familiar y tradición mexicana”, subraya la funcionaria.