La noche del 11 de agosto de 2022, Jessica M.U. sólo quería comprar una pizza antes de regresar a casa. Minutos después estaba agachada dentro de su automóvil, rezando mientras escuchaba una ráfaga de disparos y pensaba que no volvería a ver a su hija.

“Por mi cabeza pasó: ¿quién le va a avisar a mi hija que estoy muerta?”, recordó ayer durante el octavo día del juicio federal por terrorismo que se sigue contra Juan Carlos V. y Jorge Antonio C. B., acusados por la Fiscalía General de la República de participar en el incendio de un camión de transporte de personal durante la jornada violenta conocida como el “Jueves Negro”.

La declaración de la maestra del Tecnológico de Monterrey de Juárez fue uno de los testimonios más impactantes de la audiencia, al relatar cómo quedó atrapada en medio del ataque armado ocurrido frente a la sucursal de Little Caesars de la avenida Ejército Nacional, donde fueron asesinados cuatro trabajadores de la estación MegaRadio que realizaban una transmisión en vivo.

La mujer, de 49 años, contó que alrededor de las 7:30 de la tarde llegó al autoservicio de la pizzería. Delante de ella había tres vehículos y acababa de recibir su pedido cuando una camioneta gris de doble cabina le cerró el paso.

Recordó que vio descender al copiloto con un arma larga entre las manos. Incluso, frente al Tribunal hizo el movimiento con el que sostuvo el arma para explicar cómo comenzó el ataque.

“Cuando escuché los disparos cerré los ojos, me agaché y empecé a rezar”, declaró.

Dos balas impactaron directamente contra su automóvil. Mientras permanecía agachada, el olor a pólvora llenó el ambiente. Sólo levantó la cabeza cuando dejó de escuchar los disparos. Entonces observó que el parabrisas de su vehículo estaba perforado y, al voltear hacia la banqueta, se horrorizó al ver los cuerpos de dos personas sin vida.

“Entré en shock”, dijo.

Más tarde supo que las víctimas formaban parte del equipo de MegaRadio que esa tarde realizaba una promoción en el exterior de la pizzería. Policías municipales la auxiliaron y confirmaron que ella no había resultado lesionada, aunque permaneció varias horas en el lugar mientras las autoridades realizaban el procesamiento de la escena. No pudo retirarse sino hasta cerca de la medianoche.

Durante su declaración explicó que el miedo no terminó cuando cesaron los disparos. Mientras permanecía inmóvil dentro del vehículo, convencida de que podía morir, sólo pensaba en su hija, quien cumpliría años un mes después.

“Por mi cabeza pasó quién le va a avisar a mi hija que estoy muerta”, reiteró ante el Tribunal.

El testimonio fue presentado como parte de los testimonios con las que la Fiscalía busca demostrar el impacto que tuvieron los ataques registrados el 11 de agosto de 2022, cuando una serie de incendios, homicidios y agresiones armadas se extendieron por distintos puntos tras el motín ocurrido en el Cereso estatal número 3.