Ciudad Juárez.- La escena se repite con una precisión que inquieta. Un gerente sale de su negocio con una suma considerable rumbo al banco y, en cuestión de minutos, es interceptado. No hay titubeos, no hay error. Los agresores saben a quién esperar, cuándo y dónde. Pensar que se trata de un golpe al azar sería ignorar la lógica que sostiene este tipo de delitos.
Esta tarde, dos asaltos evidenciaron ese patrón en Ciudad Juárez. El primero ocurrió sobre la avenida Ejército Nacional, donde el gerente de un restaurante fue despojado de 400 mil pesos cuando se dirigía a realizar un depósito. El segundo se registró en una sucursal bancaria, donde un asaltante obtuvo cerca de 55 mil pesos tras amenazar a una cajera. En ambos casos, la operación fue directa, sin margen de improvisación.
La pregunta se instala sola: ¿cómo es posible que los delincuentes identifiquen con tanta precisión a quienes trasladan efectivo? La respuesta apunta a una posibilidad incómoda, la filtración de información desde el interior de los propios establecimientos o entornos cercanos. El llamado “pitazo” no es una teoría nueva, es una práctica conocida en robos donde el factor sorpresa depende de datos concretos.
Las autoridades ya iniciaron las investigaciones, pero mientras tanto, el riesgo sigue en la calle. Especialistas en seguridad recomiendan evitar rutinas predecibles al trasladar dinero, realizar depósitos en distintos horarios, utilizar servicios de traslado de valores cuando se trate de grandes cantidades y mantener estrictos controles internos sobre quién tiene acceso a la información financiera.
En una ciudad donde el dinero en tránsito se vuelve objetivo, la prevención deja de ser opcional. En estos casos, más que coincidencias, lo que parece operar es la certeza.