Desde las primeras horas del domingo el movimiento comenzó a sentirse en los panteones de la ciudad. Camiones cargados de flores, familias con escobas y cubetas, vendedores instalados sobre las calles y el ir y venir de personas con arreglos florales marcaron el inicio de una jornada dedicada a recordar a quienes ya no están.
En el panteón San Rafael el aroma del cempasúchil se mezcló con el de la comida que algunos visitantes llevaron para compartir en familia. Sobre sus hombros, varias personas cargaban cubetas repletas de flores, otras caminaban con coronas, adornos y bolsas, mientras buscaban entre los pasillos las tumbas de sus familiares. Algunos llegaron para barrer y retirar la tierra acumulada durante los últimos meses, y otros comenzaron a colocar flores, limpiar las lápidas y acomodar los recuerdos que, año con año, llevan para sus difuntos. Pero la celebración también se hizo presente en las calles que rodean el cementerio, pues vendedores de flores naturales y artificiales, coronas y arreglos aprovecharon la llegada de las familias para ofrecer sus productos. Entre los comerciantes se encontraba Jesús Miranda, quien junto con su familia se instaló desde la madrugada para ofrecer flores artificiales, macetas, coronas y distintos arreglos.“Nos quedamos aquí toda la noche, pero abrimos desde las 6 de la mañana al público”, contó.
Aunque reconoció que este año el movimiento ha sido un poco menor al del anterior, aseguró que las ventas permiten a los comerciantes sacar adelante la temporada. A unos pasos, Jesús Andujo acomodaba flores frescas de cempasúchil, traídas desde Torreón, Coahuila, flor que vende en alrededor de 80 pesos y comenzó a ofrecerla desde las primeras horas del domingo. La jornada apenas comenzaba y las familias seguían llegando y algunas buscaban evitar las aglomeraciones del lunes, mientras otras aprovecharon que el domingo les permitía dedicar más tiempo a sus difuntos. Para Lizbeth Moreno, acudir al panteón tiene un significado especial, ya que desde 2019 su familia mantiene la tradición de visitar la tumba de su sobrina, que falleció en ese año. Este domingo, acompañada de su esposo, sus hijos, sus cuñados y su suegra, llegó para limpiar y preparar el lugar donde descansan los restos de la pequeña. “Es como estar demostrando que no se olvidan”, expresó. La familia cree que durante el Día de Muertos los difuntos regresan para estar cerca de quienes los recuerdan. Por eso, además de las flores, en casa preparan un altar con dulces y cosas que le gustaban a la niña. A unos metros, Norma Tinoc, también compartía un momento familiar frente a las tumbas de sus padres. Su madre falleció hace alrededor de 15 o 16 años, mientras que su padre murió apenas este año. La pérdida reciente hizo que la visita tuviera un significado distinto. Acompañada de sus hijas y nietos, Norma llevó flores y coronas para ambos. Recordó que una de las costumbres que más identificaban a su madre era su gusto por la Coca-Cola, incluso cuando tenía problemas de azúcar. “Ella siempre decía ‘Si me voy a morir de algo, pues me voy contenta con mi vida, con mi Coca’. Nunca le pudimos quitar su Coca”, recordó. La anécdota provocó una sonrisa mientras acomodaban las flores. Para Norma llevar esos pequeños detalles es una manera de mantener vivos los recuerdos. “Yo sé que ya no están aquí, pero como quiera venimos a ponerles sus florecitas”, dijo. En ocasiones la familia permanece hasta siete horas en el panteón, tiempo en el que limpian, conversan, visitan otras tumbas y cuando el clima lo permite comparten alimentos. Este año, debido a que el Día de Muertos cayó entre semana y muchos deben trabajar, decidieron adelantar la visita. Pero entre los pasillos del panteón las flores no fueron las únicas que acompañaron a las familias. La música también se hizo presente. El grupo “Los Meros Meros de Juárez” se preparó, como cada año, para ofrecer canciones a quienes acudieron el 1 y el 2 de noviembre. Entre las melodías que forman parte de estas visitas se encuentra “Amor eterno”, una canción que para muchas familias representa el sentimiento de extrañar a quienes han partido.