Esta semana el Banco Central de Japón, -BoJ-, subió su tasa de interés de referencia, por lo que la medida desató un temblor en todo el mundo financiero y accionario. Pero, ¿Por qué algo tan aparentemente lejano tiene tantas consecuencias?, aquí lo explico.

Tradicionalmente, el Yen Japonés, es una divisa que goza de tasas de interés muy bajas y, por lo tanto, grandes inversionistas ven al país nipón como caja chica para hacer operaciones de Carry Trade. Es decir, adquieren yenes a tasas de casi cero, para comprar activos como bonos de deuda, o acciones de empresas alrededor del mundo, principalmente en Estados Unidos.

Por ejemplo, pedir prestados yenes a tasa cero y comprar deuda mexicana, con una tasa del 11 por ciento, reporta un gran beneficio a quienes realizan este tipo de estrategia financiera. Para hacer la transacción, regularmente se compran dólares que luego se invierten o se cambian a la denominación según el país donde se vaya hacer ésta.

Otro ejemplo, supongamos que un banco en Nueva York va a financiar viviendas, pero quiere capital barato, entonces recurre a una sucursal en Japón y les pide yenes a tasas de casi cero, para luego cobrar hipotecas al 4 o 5 por ciento en Estados Unidos. Un negocio jugoso, redondo, y “casi” sin riesgos.

Este tipo de operaciones, resultan benéficas o rentables en ambientes estables. Pero estabilidad es precisamente de lo que carece el mundo en este momento

Pues bien, la medida del banco central nipón esta semana, provocó que el Yen se comenzara a apreciar, por lo que, a partir del miércoles pasado prácticamente, se requerirán más dólares para comprar yenes, o, dicho de otra forma, se empieza a encarecer la deuda en esa moneda de manera repentina.

Luego entonces, todos aquellos inversionistas que tienen deudas en yenes por inversiones en activos en el extranjero, se pusieron nerviosos y comenzaron a vender parte de esos activos para poder pagar a tiempo, antes de que sea muy caro…o muy tarde para hacerlo.

Aquí lo que debemos observar, es que un patrón muy similar se desarrolló previo a la crisis financiera del 2008, por lo que es una llamada de atención que indica que las cosas se pueden descomponer muy rápido.

Lo anterior, es solo la punta del iceberg de otras muchas operaciones financieras desconocidas para el grueso de las poblaciones del mundo, pero que suelen tener desenlaces catastróficos, sin exagerar y sin ánimo de generar más pánico.

En estos escenarios, más vale ser realistas.

Lo pudimos ver en la caída de la bolsa de Japón, que esta semana tuvo una caída de casi el 10 por ciento al mediodía del viernes y en Estados Unidos también hubo fuerte oleaje, no tsunami, pero ya se advierte temblor bajo la superficie.

Se activa indicador recesivo

Con el reporte de empleo que emitió la oficina de estadísticas americana, se pudo comprobar esta semana que la economía de EU entró en recesión, lo que también es un factor para los movimientos de capitales e inversiones alrededor del globo.

En ese sentido, hay que recordar que la economista Claudia Sahm desarrolló la “Regla de Sahm”, que establece que la economía está en recesión cuando el promedio de tres meses de desempleo está medio punto porcentual por encima de su mínimo de 12 meses.

Pues bien, en el último informe sobre el empleo se ha disparado ese indicador para Estados Unidos.

¿Entonces, esto significa que una recesión es inminente? Es probable, y por lo pronto hay que agregar este dato a los muchos más que indican que las cosas se van a seguir poniendo rudas en materia económica.

Ya se tiene rato hablando de que, si estamos o no en recesión, pero hay que aclarar que, si ésta no se ha manifestado con toda su fuerza, es debido a los fondos que el gobierno de EU ha inyectado a través de programas sociales y leyes sobre fabricación de tecnología como microprocesadores, pero eso no puede durar para siempre.

Ese aumento del gasto ha alcanzado su punto máximo y se ha reducido, arrastrando el crecimiento económico, por lo que ya se manifiesta en la caída del empleo.

Vimos que ese apoyo a la actividad económica a través de la oferta monetaria (M2) se manifestó como porcentaje importante para el sostenimiento del PIB.

En otras palabras y como está sucediendo en México, se acabaron toda la lana y ahora viene la realidad. Como siempre.