Las fiestas patronales son características de nuestra cultura y no hay rincón del país donde no se realice una celebración dedicada a una imagen religiosa relacionada con la fe católica. Son acontecimientos, ceremonias, fiestas cuyo brillo se ve realzado por la participación ferviente de un pueblo, una comunidad parroquial o un sector de la población que cree, que vive la celebración con una fiesta única del calendario anual, llena de color, luces, tradición, y fe. Estas fiestas presentan mayor o menor significado en función de la intensidad, de la importancia demográfica y de los recursos económicos con los que cuenta la comunidad.
Ciudad Juárez tiene una larga historia en sus diferentes etapas, así como en cada uno de sus campos sociales y religiosos. A pesar de que muchos lo consideran el centro de la violencia y delincuencia, muchos más creemos que somos una comunidad progresista, acogedora, entregada y generosa, llena de esperanza y fe.
Nuestra frontera tiene en esencia una gran tradición en sus festejos religiosos. El 10 de agosto de cada año, la fiesta de San Lorenzo, patrono de la Ciudad, a quien se le atribuyen diversas manifestaciones milagrosas, no es la excepción. No pasa desapercibida la fiesta dedicada a un Diacóno Mártir de quien dice la historia fue martirizado, quemado vivo en una parrillla, a quien se le relaciona con los cocineros, dueños de restaurantes, chefs y que todo un pueblo le venera desde la víspera de los primeros días de agosto, desde que yo recuerdo, con procesiones, una larga peregrinación desde el fraccionamiento Alameda que fue modificada por la inmensa que iniciaba en catedral en años anteriores, danza de matachines que se escuchan a lo lejos desde la víspera de la celebración con ese retumbar de tambores y el son delicado de carrizos y sonajas que forman un sonido ceremonial y místico, ofrecimiento de veladoras, misas y la algarabía popular de una feria que lo celebra alegremente con multitud de personas que llegan al santuario que lleva su nombre, y que anualmente obliga a cerrar las vialidades cercanas: Paseo Triunfo de la República, Pérez Serna, con juegos mecánicos, puestos de lotería, de canicas con premios de muñecos de peluche y alcancías de cochinitos de yeso que son una maravilla de recuerdo y una ayuda al hábito de ahorro familiar, puestos de venta de cerámica y barro, bisutería, enchiladas, gorditas de picadillo y de papa, chicharrones, aguas frescas y por supuesto, muy por supuesto: algodones de azúcar de color rosa, a veces combinadas con azul y paletas de manzana, guayaba y tejocote enmieladas en su respectivo depósito de madera.
Como en toda feria, la venta de cobijas de animales y personajes exóticos donde le dan una y otra más y otra más a un precio módico y que aparte le garantiza la durabilidad del de los cobertores para muchas generaciones.
Es la ocasión para la expresión del ritmo, el color, la plástica, la sociabilidad, la emotividad, el comensalismo y el desborde de alegría y diversión que se espera cada año.
Es un día de fiesta y de cumplir mandas personales. Las nuevas generaciones quizá no sepan quién es el santo de la devoción de los juarenses, las nuevas generaciones no han escuchado con temor, ese mito de la cultura popular que destaca, que la persona que promete y olvida u omite su ofrecimiento, se puede quemar con aceite, con agua caliente alguna parte de su cuerpo o que incluso puede llegar a incendiarse su casa. Esa era la amenaza terrorífica para obtener la verdad ante una travesura o una duda de niño o de adolescente ¿qué te queme San Lorencito? Pero ¡no hombre!, ¿cómo podría un santo responder así ante una promesa no cumplida? Pero por si acaso yo no le prometo nada, lo visito, le camino y lo respeto desde lejecitos.
Es un gusto observar a los grupos parroquiales, a los catequistas, a los grupos juveniles participar en la organización y logística de la celebración, guardando el orden, la disciplina entre cada misa y cada ceremonia que se lleva a cabo en ese día especial, gracias a ellos se logra que cada visitante logre entrar al lugar que en ese y los días previos se ve apretujado y lleno de calor entre tanta veladora, escapulario, e imágenes religiosas para bendecir por los sacerdotes párrocos encargado del Santuario. Tengo muchos años observando la figura grata del Padre Abdo Rohana.
La fiesta patronal de San Lorenzo le da una identidad al pasado, presente y futuro de una ciudad como la nuestra. Es una práctica de religiosidad local,
En el Santuario, se pueden encontrar muchas manifestaciones que la gente ha escrito y colocado ahí, testimonios, evidencias de sus milagros, retablos, que aumentan la devoción a este santo que es visitado también por personas que vivieron aquí o que tienen una conexión familiar y por diferentes motivos han tenido que salir de la ciudad, pero que no lo olvidan y coincidiendo con un período vacacional de verano, regresan a buscarlo en esta temporada. El Santuario permanece abierto durante toda la noche, lo cual permite que todos puedan acercarse a la figura pequeña en lo alto de un altar a rezar, agradecer un favor concedido, o hacer una petición de salud, trabajo, o lo que puede guardar un corazón afligido.