Es lastimoso ver el estado del aeropuerto de Ciudad Juárez.

Hace unos días en mi último viaje vía aérea llegar al aeropuerto me llevó, en efecto, a hacer un viaje, sí, aunque este viaje fue diferente: fue un viaje a través del tiempo. Me encontré con que la ampliación anunciada e iniciada desde 2020 ha contrapuesto una serie de parches de verdad muy mal hechos que denuncian la época en la que cada parte del edificio fue construida, y no solo eso, cada uno de estos parches deja bastante que desear en cuanto a calidad de materiales y acabados. La fachada empieza a verse novedosa, pero cuando uno ingresa al aeropuerto hacia los mostradores el edificio luce sin una remodelación que lo haga sentir moderno: es el mismo de siempre, solo que hacia la izquierda sí se percibe la ampliación de la sala que se vuelve más notoria por la diferencia entre el piso, plafones y otros materiales en muros con pésimas juntas de construcción.

Las áreas viejas se ven aún más viejas porque el piso de piedra tipo terrazo se ve opaco, sucio y en las esquinas hasta tiene cochambre. Los “nuevos” pisos, colocados en las áreas donde por razones de construcción se tuvo que quitar el de piedra y en aquellas nuevas se colocó linóleum o loseta vinílica, ambas ya en un estado de apariencia y desgaste deprimente: seguramente no fue bien colocado ni de la calidad que se requiere para el tráfico de un aeropuerto.

Los zoclos ¡Dios mío! De todos sabores y colores: los hay de piedra, metálicos y plásticos, todos ellos de lo más barato, y si no se completa un tramo, pues así lo dejaron. Columnas con una parte de zoclo de uno y otra de otro… en fin, un caos.

En las paredes, ¿cómo ve? Aún está presente la textura rugosa a base de joint cement que se usó hace cuarenta años y, para refinar “el look” le aplicaron pintura de aceite para que quedara “brillosita”. Los plafones desnivelados en módulos sin ningún diseño y la iluminación, ni le cuento: lámparas fluorescentes alojadas tras placas de acrílico bastante estándar. Cualquier registro que haya quedado en el piso cubrió sin disimulo con algún material alterno.

Los marcos de las puertas y muros despintados, dan tristeza. Si se hicieron hoyos en las paredes o en el piso y resulta que no fue en el lugar adecuado, se dejan a la vista, así, sin intención siquiera de resanar para disimular el error. Los muebles sanitarios manchados con pintura…

Las cosas hechas y supervisadas sin ganas…

Pero no solo es lo mal que va quedando el edificio: prometieron un área de inspección nueva y sí, la hicieron, con un acceso laberíntico y angustiado, con columnas en medio del pasillo: ningún aeropuerto la envidiaría. ¿Y la sala de espera con el triple de capacidad? No es más que un bodegón austero con una serie de mini splits colocados en los muros perimetrales que no alcanzan a climatizar todo el espacio.

Bueno, se supone que ya está lista una nueva banda para recoger equipaje aunque nunca la he visto funcionar: solo siguen activas las dos antiguas que ¡por favor! debieron ser eliminadas para ser sustituidas por unas nuevas. Ya aparecieron una tienda por ahí y unos cuantos restaurantes que aún no hacen diferencia

En noviembre de 2021 se estimaba que se llegaría a una capacidad para mover tres y medio millones de pasajeros al año, que no es cualquier cosa, y que la remodelación estaría lista a finales de 2022; luego, cuando se anunció precisamente la nueva sala, en abril de 2023 se dijo que la ampliación no se terminaría en el segundo trimestre de ese año sino a finales de 2025, o sea que todavía nos falta rato. Dicen que el retraso se debe al Covid y a la falta de trabajadores.

Pero eso no es lo peor: pienso que después de todo este retraso y la de mala calidad que tiene la construcción que está dejando el Grupo Aeroportuario Grupo Norte, OMA, en el aeropuerto Abraham González, lo realmente imperdonable es la indolencia de habernos tenido a los juarenses y a quienes llegan a esta ciudad sufriendo por más de cuatro años el abordar las naves a la intemperie: frío, calor, lluvia y hasta nieve. Más aún: las personas con discapacidad batallando tanto al abordar como para descender de ellas, sin ninguna facilidad. Pero eso sí: se paga uno de los derechos de uso de aeropuerto más altos del país.

¡Qué envidia me da el aeropuerto de Tijuana! Lo que nos deja ver la manera en cómo están quedando las cosas nos lleva a pensar que no podemos aspirar a que el aeropuerto llegue a lucir mucho mejor: veremos parches y malas hechuras por algunos buenos años más, o por siempre. Nunca a la altura de Ciudad Juárez. Pero eso sí: pregúntenme por el estacionamiento: ese sí está listo para cobrar desde hace mucho tiempo.

¿A quién clamar? No sabe uno si reír, o llorar.