Esta semana vivimos la escena más decadente y trágica de la Cuarta Transformación: el rescate de un delincuente transmitido en tiempo real. El exgobernador de Chihuahua, Javier Corral, fue protegido ilícitamente por Ulises Lara, el fiscal de la Ciudad de México que haría palidecer al Negro Durazo, al auspiciar personalmente la evasión de la justicia llevándose a Corral en vilo hasta su vehículo y cumpliendo así con su misión: que no tocaran al ahijado favorito de la 4T.

Corral disfrutaba de las mieles de la impunidad y de la bohemia de la capital, cuando fue capturado por unos momentos para que enfrentara un juicio en Chihuahua por diversos delitos, entre ellos, el peculado agravado que presuntamente cometió siendo gobernador, pero, en pleno proceso de la detención, como si fuera Evo Morales en Bolivia, un escuadrón fuertemente armado de la Fiscalía de la CDMX se impuso por la fuerza a los agentes de la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua y, sin pena alguna, pusieron a Corral en libertad unos minutos después retorciendo la ley hasta hacerla polvo.

La película, que bien pudo ser una parodia de la política mexicana, no terminó ahí. El presidente Andrés Manuel López Obrador, se regocijó frente a las cámaras de la mañanera, para afirmar, sin ninguna prueba, que Javier Corral era perseguido político y, en una declaración inaudita, avaló la ilegalidad con la que actuó el fiscal de la CDMX, así, dejó en claro que Javier Corral no necesita el amparo de la justicia federal, puesto que tiene garantizada la impunidad que la Cuarta Transformación oferta a quienes se ponen de rodillas. La 4T y Corral, dieron un brinco de la honestidad valiente a la cobarde impunidad.

Sin ningún recato, el hacedor de novelas, AMLO, dijo que Corral combatió la corrupción y ahora en venganza lo querían detener injustamente, el error en esa fantasía es que, primero, AMLO no es juez para absolver a nadie; segundo, Corral no combatió la corrupción en Chihuahua, ese fue un engaño monumental, fabricó pruebas y torturó a decenas; tercero, la orden de aprehensión contra Corral es por peculado agravado, se le acusa de robarse en complicidad con otros funcionarios casi 100 millones de pesos, por tanto, no se le acusa de haber combatido la corrupción; cuarto, el que se tiene que defender es Corral, no el presidente, ni nadie más.

Como si no fuera suficiente, la presidenta electa, Claudia Sheinbaum Pardo, siguió a pie juntillas el libreto dictado desde Palacio y confirmó la sentencia de absolución que unas horas antes había dictado el máximo órgano jurisdiccional del país para los morenistas, AMLO. Lo mismo hizo el jefe de Gobierno de la CDMX, Martí Batres, quien no se salió ni un tono de la partitura de una ópera trágica en la que muere el Estado de Derecho mexicano, cuando ratifica que no permitieron la detención deliberadamente porque Corral, en su opinión, es un hombre de buenas causas.

Ya no hay Estado de Derecho, no existe la división de poderes, ni la autonomía de las entidades federativas, en México eso es cosa del pasado, ahora mismo es la Dictadura de un solo hombre, todos los poderes plenipotenciarios se depositan en el tabasqueño que cierra su sexenio con la Constitución deteniendo la puerta del despacho, porque solo para eso le sirve.

Es evidente que Javier Corral Jurado ya tiene fuero desde antes de tomar protesta como senador, no necesita la ley para tratar de evadir la justicia, con la benevolencia del Gobierno Federal es suficiente para ser escondido debajo de la sotana del sacristán que vigila a los hombres de la nueva fe, la nueva religión, que se llama Morena. Un delincuente no necesita más, solo tiene que convertirse al nuevo testamento de la Cuarta Transformación y recibirá el sacramento de la impunidad.

Ya no somos un país de leyes, somos un país de fe ciega en el ciervo, un país en el que pasan atrocidades como esta, en la que un delincuente es rescatado por el mismo gobierno y nadie hace nada, nadie se sorprende, no hay autoridad que valga, ni ley, ni derecho, solo la voluntad del dictador.

Un presidente no puede invadir la esfera judicial y dictar sentencia absolutoria, pero en México así ocurrió, sin pruebas, sin un juicio, sin mediar razones, simplemente por una corazonada, por la percepción, por la regla del tanteo, así fue como el presidente López Obrador justificó la evasión de la justicia.

Javier Corral Jurado, debe enfrentar su responsabilidad con Chihuahua como cualquier ciudadano, que venga y se defienda, que responda a las acusaciones, que demuestre su inocencia y no que siga, como hasta ahora, prófugo de la justicia. Ayer, una jueza de distrito le obsequió además un amparo suspendiendo la detención, irónicamente, el Poder Judicial que quieren reformar, fue el asidero del neomorenista Javier Corral. Ese es el futuro inmediato que nos espera, fiscales y jueces defendiendo a la 4T con la charola por delante. En resumen, una dictadura.

¿Hasta cuándo se dará cuenta la Dra. Claudia Sheinbaum que Corral es un delincuente? ¿Hasta dónde lo va a proteger? El cambio de gobierno es la esperanza de que las malas prácticas que existieron durante estos seis años se acaben, entre ellas, las decisiones autoritarias y facciosas que tanto daño le han hecho al país. Mientras tanto, seguramente Corral ha regresado a la vida bohemia que tanto le gusta en el paraíso de la impunidad, la 4T.