En el complejo panorama cultural de México, la narcocultura ha surgido como un fenómeno omnipresente que ejerce influencia significativa, especialmente entre los niños y jóvenes de nuestro país y con mayor énfasis en Ciudad Juárez. Este fenómeno, abarca desde la música y la moda, hasta la televisión y redes sociales.
La música, particularmente el género de narcorridos y ahora en la actualidad los “corridos tumbados” han sido los principales promotores de la narcocultura en nuestro país. En estas canciones se relatan historias de personas involucradas con el narcotráfico y la delincuencia organizada, glorifican su estilo de vida y es lamentable escuchar a niños y jóvenes cantándolas, llegando a un punto de normalizar la violencia y la delincuencia. Para muchos jóvenes, los narcocorridos tumbados no solo son una forma de entretenimiento, sino que han pasado a ser una expresión cultural que refleja su realidad y sus aspiraciones.
La representación idealizada del narcotráfico puede influir en la percepción de los niños y jóvenes sobre el crimen y la violencia, normalizando y haciendo empatía por una realidad marcada por el sufrimiento y la tragedia.
El impacto negativo de este fenómeno en niños y jóvenes es preocupante, ya que, al glorificar la violencia y el delito, esta cultura tóxica está acabando con los valores fundamentales de la sociedad y, por el contrario, fomenta actitudes y comportamientos destructivos.
Lamentablemente, los principales promotores de este fenómeno entre los niños y jóvenes son los padres de familia, ya que dentro de las mismas casas en reuniones o fiestas familiares se escucha este tipo de “música”, no hace falta exponerlos a otros entornos ya que en la propia familia se promueven estas “propuestas musicales”.
Desde la perspectiva de los Estudios Culturales, el consumo constituye un conjunto de procesos socioculturales que no solo tiene que ver con la capacidad adquisitiva de las personas, sino también con los significados que entran en juego y de su potencial para generan sentido de vida.
Históricamente, Ciudad Juárez ha estado marcada por la violencia y la delincuencia, incluso llegando a tener sucesos considerados como narcoterrorismo allá en el 2008 con el auto bomba que se presentó sobre la Avenida 16 de Septiembre a escasos metros de una estación de la Policía Municipal.
Este fenómeno que va deteriorando día con día la sociedad actual no es responsabilidad del gobierno o de las autoridades policiacas, gran responsabilidad tiene los Padres de Familia al permitir y promover este tipo de canciones al interior de sus familias, normalizando con ello la violencia y la delincuencia. De poco sirve que la ciudadanía se queje de los hechos delictivos que suceden en nuestra ciudad, cuando la principal promoción de la violencia la tenemos en los hogares.
Es lamentable escuchar a niños, niñas y jóvenes reproduciendo este tipo de “música” como si se hablará de algo positivo. También cabe mencionar, que nada tiene que ver el nivel de estudios para que una persona se encuentre inmersa con esta corriente, ya que incluso personas con estudios universitarios se encuentran inmersos en este fenómeno social y cultural denominado narcocultura.