Opinión
Domingo 15 Dic 2024, 06:10
OPINIÓN
Debe ser roto el pacto de los 20 millones
El 13 de noviembre del 2020 la obstinación, el rencor, la incoherencia, la angustia ante la sola posibilidad de perder el control del poder estatal, detonaron en Javier Corral Jurado el penúltimo intento por acomodar a su antojo las piezas en el tablero hacia la gubernatura del 2021
La Columna de El Diario
El 13 de noviembre del 2020 la obstinación, el rencor, la incoherencia, la angustia ante la sola posibilidad de perder el control del poder estatal, detonaron en Javier Corral Jurado el penúltimo intento por acomodar a su antojo las piezas en el tablero hacia la gubernatura del 2021.
Hubo quien jugaba en el bando contrario al corralato, pero solo de los dientes para afuera. Traicionó en secreto al PRIAN en Palacio de Gobierno aquellos días de conmemoración revolucionaria y aceptó ser entronizada candidata por las mismas siglas pero al servicio del entonces gobernador Corral.
Graciela Ortiz González, en aquel tiempo integrante del Comité Nacional del PRI, manejadora desde entonces y hasta la fecha del tricolor en Chihuahua, hoy diputada federal por ese mismo partido, aceptó el 13 de noviembre la propuesta de Corral sobre su postulación una vez que cuajara la firme intención de quitar del camino como abanderada del PAN a María Eugenia Campos Galván.
Entre ambos, Corral y Graciela, apurarían las denuncias penales que en 2018 había presentado contra Maru el entonces diputado federal, Alejandro Domínguez, sumarían las que luego agregaron otros actores movidos por el ahora senador de Morena, desactivarían a la nominada por el Acción Nacional... y listo. Arroz cocido.
Las monedas de cambio alcanzaron la oferta de 20 millones de pesos por parte del gobernador; y desde luego, todo el apoyo y todo el respaldo del Gobierno del Estado durante la campaña electoral correspondiente. Negocio boyante en puerta.
Las imágenes captadas el 13 de noviembre por El Diario, en efecto, corresponden a la entonces precandidata del tricolor entrando y saliendo por la puerta trasera de Palacio de Gobierno. Lo quiso hacer a hurtadillas; necesitaba hacerlo a escondidas.
Portaba cubrebocas, su mirada hacia el fotógrafo de esta casa editora fue de sorpresa y nada amable. Nunca imaginó que fuentes del despacho particular habían filtrado la “agenda privada” de aquel gobernador caracterizado por su pereza, su corrupción y, sobre todo, por su manejo totalitario y desastroso de las cosas públicas.
Hoy repetimos en versión digital aquellas fotos... y un plus extra, en momento distinto, de Graciela descompuesta en una carcajada con el exgobernador. Afuera de Palacio había protestas ciudadanas.
La priista sostuvo una larga reunión con Corral Jurado. ¿Con qué objetivo? Nadie lo supo de momento, pero todo mundo olió cochupo y traición, tal y como quedó establecido en los hechos posteriores.
Lógicamente, nada tenía que estar haciendo Graciela ahí. Fue comprensible que, por su lado, ese mismo día, también estuvieran con Corral otros precandidatos del PAN y del mismo PRI, Miguel Riggs, Jesús Velázquez, Miguel “El Pelón” La Torre y Roberto “El Pony” Lara, todos en el sartén de la deslealtad a sus partidos, todos mangoneados por Corral, no Ortiz González; no hasta antes de ese instante. “Palacio electoral”, tituló en su portada El Diario el 14 de noviembre.
La concreción del acuerdo dependía de cuajarlo con alguien que la hoy legisladora federal creyó obedecería a ciegas la orden de retirarse de la coordinación parlamentaria del PRI en el Congreso del Estado y de la propia dirigencia del tricolor, Omar Bazán Flores.
Eso permitiría retomar el control del partido a través del propio Alejandro Domínguez, quien había firmado las denuncias contra Maru preparadas por Corral en 2018.
Apenas dejó las puertas traseras de Palacio, la actual diputada federal partió volando hacia su residencia a unas cuadras del episcopado, le marcó a Bazán, éste se apersonó ahí y de inmediato recibió la instrucción de dejar la dirigencia del partido y no entrometerse en la operación de su ahijado Alex ni de los acuerdos legislativos locales.
Acababa de firmar el pacto verbal con el mandatario, le dijo orgullosa a Bazán como adolescente tras un pseudo éxito.
Omar conoce bien las reglas de su partido. Calló y acató las órdenes superficiales, las de dejar el camino libre a Domínguez, (fue enviado como delegado tricolor a Zacatecas), pero no traicionó ni traicionaría el acuerdo Prianista con los resultados ya conocidos.
Corral aplicó su último intento por conservar la gubernatura pasándose de bando a Morena tras el fracaso del plan A con Ortiz. Dejó al partido de origen, el PAN, cuando Maru siguió con más paso que dure a trote que canse. Aguantó vara la hoy gobernadora. Lloró varias veces por la persecución, pero aguantó y se sobrepuso.
Apoyó el susodicho abiertamente al entonces candidato a la gubernatura, Juan Carlos Loera, cuando no pudo conseguir tumbar a Maru para convertir a su añeja pupila en candidata de la coalición.
Graciela se fue sola como candidata a gobernadora por el PRI y ahora sigue cobrando cara la declinación casi al final de la campaña para que su partido respaldara abiertamente a Maru. Ganó posiciones con el PAN que no obtuvo con Corral.
Aquel episodio de traición flagrante por mero ánimo lucrativo viene a oportuna colación porque el presente es de tejedero hacia el año entrante en elecciones locales en Durango y ahí veremos, o quizá antes, las mismas manos de Corral como senador y ejecutor de Morena, de Graciela como su cómplice y de Alejandro Domínguez como su obediente chalán.
En Morena ya se relamen los bigotes porque sienten en la bolsa la gubernatura del 2027. Las dos victorias en dos de los municipios más chicos del estado, Ocampo y Belisario Domínguez, obtenidas cuatro días antes de los festejos de la Virgen de Guadalupe, patentaron entre ellos como acto de fe su futura victoria estatal.
La jefa política del PAN en la entidad, la gobernadora, Maru Campos, también confía en su capacidad de resiliencia política que la llevó justo hasta el despacho principal de Palacio de Gobierno tras cruzar aquellos tormentosos ríos de amarga hiel.
Está operando lo conducente, remando contra corriente, para evitar entregar la estafeta a sus porfiados enemigos. Ansía que al momento de ceder el ahora célebre bastón de mando pueda hacerlo a alguien de casa, a un aliado, no a sus sistemáticos detractores morenos.
Para efectos de aquella elección futura será vital la alianza del PAN y el PRI, pero la Cuarta Trasformación sigue trabajando sin descanso en desbaratarla antes. En el camino al 2027 de Chihuahua está Durango 2025 con 39 presidencias municipales en juego. La gubernatura la tiene el PRI con Esteban Villegas Villarreal.
Las primeras encuestas elaboradas por Rubrum le dan ventaja a Morena en la mayoría de las alcaldías aunque los cálculos deberán ser elaborados a partir de lo que diga el dedito del dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, si apoya a la causa guinda o conforma un frente auténtico para mantener el control del estado y ofrecer certeza al PRIAN en las elecciones venideras.
De ese tamaño es el desafío que tiene el PRIAN, la gobernadora y su equipo cerrado, no para el 2027 sino en el presente. Ni para qué intentar en aquella elección lo que no se haga en 2025 y principios del 2026.