Ciudad Juárez tiene una historia compleja, llena de desafíos, resiliencia y esperanza. Y durante algún tiempo, esa historia tuvo una voz que supo contarla con sensibilidad, conocimiento y amor, la de nuestra cronista: Cecilia Esther Castañeda, quien el 25 de diciembre partió dejando un vacío que será difícil llenar. Fue la primera mujer en ocupar este cargo. Admitida en la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas, donde destacó por su enfoque en la protección de archivos históricos y el patrimonio cultural de la ciudad. El 13 de julio del 2022 en sesión ordinaria de Cabildo fue designada como Cronista Municipal por los integrantes del Ayuntamiento.

Se desempeñó también como periodista, traductora, recordamos con cariño su voz modulada, joven y apacible en la programación de la radiodifusora FM 106 Estéreo en los principios de los años ochenta, cuando podíamos pedirle por teléfono una canción con alguna dedicatoria especial, evocando recuerdos, amores y melancolía.

En el periódico el Diario de Juárez, fue reportera y coeditora.

Hablar de ella es hablar de una mujer profundamente comprometida con su ciudad. Su pluma y su voz, no solo relataron los eventos que marcaron nuestra frontera, sino que rescató las voces de quienes hicieron posible esta historia. Desde las anécdotas cotidianas hasta los momentos más trascendentes y tejió con sus palabras un retrato fiel de lo que somos como comunidad. Su trayectoria fue vasta y admirable. Durante años, dedicó su vida a investigar, documentar y preservar la memoria colectiva de Juárez.

Con un ojo crítico, pero un corazón amoroso, nos recordó que nuestra ciudad no solo es un lugar de paso o de conflictos, sino un espacio lleno de vida, cultura y gente trabajadora. Su obra es un testimonio invaluable que quedará como legado para futuras generaciones. Pero su partida deja una profunda tristeza. No solo perdimos a una cronista, perdimos a una guardiana de nuestra identidad, a alguien que entendía como pocos lo que significa ser juarense. Extrañaremos su perspectiva única, su pasión por contar historias y su capacidad de encontrar belleza incluso en medio de las dificultades. Hoy, al recordarla, no podemos evitar sentirnos llamados a continuar su labor. Su amor por Ciudad Juárez nos enseña que todos podemos ser parte de la historia, que todos tenemos algo que aportar para preservar y mejorar nuestra comunidad. Sigamos su ejemplo, defendiendo nuestras raíces y luchando por el futuro que ella soñó para esta frontera. Gracias, Cecilia, por habernos regalado tu visión, tu trabajo incansable y tu amor por Juárez.

Tu legado vivirá en cada esquina, en cada historia que contaste y en los corazones de quienes tuvimos el privilegio de leerte y escucharte. Hoy te despedimos con tristeza, pero también con gratitud infinita. Que descanses en paz, y que tu espíritu siga guiándonos en la tarea de contar quiénes somos.