En 1973, un grupo de mujeres y hombres fundaron la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez enfrentándose al poder político del Estado y de la Federación. El camino de los grandes proyectos nunca es fácil. Hace medio siglo, el gobernador en turno no quería otra universidad pública en el estado, pensaba que una extensión de la UACH era suficiente para la frontera y que, quienes quisieran estudiar otra carrera distinta, deberían viajar a la capital. La Federación, por su parte, seguramente tenía sus propios temores, abrir una segunda universidad pública en el mismo estado podría ser mal ejemplo para las otras entidades del país.

En la década de los años sesenta el mundo convulsionó, la Guerra Fría provocó un gran debate en el mundo sobre los modelos económicos, por un lado estaba el bloque del capitalismo y, en el otro extremo de la cuerda, se encendía la llamarada del socialismo. En México, este debate permeó hasta las universidades públicas, donde la utopía de la izquierda se anidó hasta convertirse en dogma.

En ese contexto, los movimientos sociales alrededor de 1968 quebraron el sistema político mexicano y el Gobierno entró en crisis. Ante esa realidad, el Estado trató de sobrevivir imponiendo políticas púbicas que pretendían contener los movimientos políticos de oposición que aún estaban en ciernes. En Chihuahua, el asalto al cuartel de Madera marcó la lucha de la izquierda revolucionaria en la Sierra Tarahumara, pero se convirtió en un fantasma que nadie quería recordar.

En ese escenario convulsionado, el modelo de educación superior que adoptó el Gobierno Federal era muy simple: una sola universidad pública por estado y el gobernador era el responsable. El control político en México todavía era vertical y absoluto para ese entonces.

Contra la corriente, las y los juarenses se unieron por una causa: que en nuestra frontera se fundara una universidad autónoma, una Máxima Casa de Estudios que responda a las necesidades y problemáticas de una ciudad que había detonado como un polo de desarrollo económico gracias a su posición geográfica.

Las fuerzas vivas de Juárez, empresarias y empresarios, intelectuales, políticos de todas las ideologías, grupos religiosos plurales, deportistas, periodistas, docentes y cientos de jóvenes, todas y todos, pusieron en marcha este ambicioso proyecto para darle oportunidad a miles de estudiar una carrera profesional.

1973 fue el año en que se marcó un hito en la historia, nació un proyecto común en el que nadie se quedó afuera, se trata de un auténtico trabajo comunitario y colaborativo de las y los juarenses que lograron lo que parecía imposible: la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Esa es nuestra historia, así es como nace la única política pública que logra la movilidad en las clases sociales, porque una persona que estudia una carrera universitaria tiene más posibilidades de incrementar su calidad de vida y, además, transforma su entorno social.

Durante estos cincuenta años, la comunidad universitaria ha pasado por muchas etapas, en todas han existido crisis y retos. La primera etapa tenía una meta compleja, consolidar la vida institucional y sentar las bases de la organización, así, el Dr. René Franco Barreno, el Lic. Enrique Villarreal Macías y el Lic. Carlos Silveyra Sayto fueron los rectores que lograron esta proeza con la diplomacia y don de gentes que les caracteriza, en un escenario en el que muchos (fuera de Juárez como suele suceder), le apostaban al fracaso de la universidad.

En una segunda etapa, el Ing. Alfredo Cervantes García y el Lic. Wilfrido Campbell Saavedra, fueron defensores de la autonomía universitaria frente a los intereses políticos que intentaron tomar por asalto la universidad. Después, en un tercer bloque están el Dr. Rubén Lau Rojo, el Dr. Felipe Fornelli Lafón, el Lic. Jorge Quintana Silveyra y el Mtro. Javier Sánchez Carlos, quienes tuvieron la oportunidad de ser gestores del desarrollo de nuestra Máxima Casa de Estudios, debe hacerse notar que los cuatro institutos tuvieron un avance constante en el crecimiento de infraestructura y en la calidad académica, lo que llevó a posicionar a la UACJ como una de las mejores universidades del país y, sin duda, la mejor del estado de Chihuahua en estos años.

Finalmente, en la tercera etapa, están las últimas dos administraciones. La gestión del Lic. Ricardo Duarte Jáquez requiere una mención especial, puesto que, a pesar de la tormenta, logró mantener a la institución al margen de la guerra política que detonó Javier Corral en la persecución de su hermano, el ex gobernador César Duarte Jáquez y no solo eso, logró concluir su administración sin una sola observación por parte de los órganos de vigilancia y contraloría, en general, con el Lic. Ricardo Duarte Jáquez fueron cuatro años de desarrollo para la universidad y los últimos dos años con Corral de limitaciones, pero la institución salió fortalecida.

Finalmente, el actual rector, el Mtro. Juan Camargo Nassar quien ha logrado consolidar a la UACJ como una institución líder en calidad educativa y protagonista en el desarrollo humano de nuestra ciudad, esto a pesar de que los primeros años de su gestión fueron marcados por el incumplimiento del entonces gobernador Javier Corral que le regateó a la universidad el presupuesto y que, por otro lado, el rector Camargo también logró enfrentar un proceso histórico inédito, la pandemia por Covid-19 que aceleró la virtualización de la educación para lograr la continuidad de los programas educativos, a unos meses de concluir su gestión, el Mtro. Juan Camargo Nassar entregará una institución más fuerte, con más calidad educativa y con más infraestructura.

Este es el breve pasaje de la historia de nuestra Máxima Casa de Estudios, una universidad que es de todos, que en distintos momentos ha tenido que superar retos y crisis, pero que jamás ha detenido su marcha, la UACJ atesora las oportunidades para miles de estudiantes que se preparan en sus aulas para transformar la realidad social, eso lo hace un baluarte de nuestra frontera.

Como cada cierto tiempo, es el momento de defender a la institución, tal como lo hicieron las fundadoras y los fundadores cuando pusieron la primera piedra, como lo hicieron las y los universitarios durante cincuenta años enfrentando toda clase de retos. La universidad es de todas y de todos los juarenses, no debemos permitir que se rompa el compromiso de la autonomía que durante cincuenta años nos ha permitido llegar a ser una de las mejores universidades del país, es el momento de cerrar filas por nuestra autonomía, porque ese es el valor que nos hace fuertes y porque la UACJ es un pilar de Ciudad Juárez.