Antes, las ceremonias de clausura de cursos eran tan sencillas como llegar a la sala del INBA en el PRONAF o al Auditorio Cívico de Ciudad Juárez en camión parque-cárcel, vestidos con el pantalón azul marino, el color guinda o gris  o bien el uniforme con tirantes de tablones bien marcados por la plancha a vapor, el jumper guinda (porquE el azul y el rosa lo habíamos utilizado en primero y segundo de secundaria, el guinda ya era para graduarse), el cabello con rizos  llamados “bucles”  que a fuerza  de tubos de plástico  pegaditos al cráneo nos había realizado nuestra mamá para la ocasión y los caballeritos con el cabello al corte de natural oscuro y un poquito de brillantina o de aerosol de “aquanet”, propio para la ocasión y para que no se nos moviera un solo cabellito en el  vaivén de la marcha triunfal de la ópera Aída, esa con la que con nuestro acompañante, bailábamos al ritmo de un paso para adelante, uno lateral y las manos alzadas hasta llegar al escenario donde nuestra familia gritaba de emoción por nuestros logros. ¡Así eran las famosas graduaciones!, una ceremonia sencilla, a veces  también sin auditorio, en el patio de la escuela,  al lado de las canchas, donde se nos entregaba una hoja blanca, enrollada, adornada con un listón de color que hacía las veces de certificado de terminación de estudios. El verdadero certificado siempre se entregaba después para que no se maltratara con los abrazos, y los festejos de  emoción del acontecimiento.

La ceremonia, un acto protocolario donde se presentaba al presídium: el inspector de zona, la comisión de la sociedad de padres de familia, el dueño de la cooperativa escolar y las autoridades de la escuela: director y subdirectores.

La escolta de la escuela que conformaban las niñas o niños  más “aplicados” de la generación, a paso marcial, con la solemnidad  y patriotismo a flor de piel, entregaba la bandera a la escolta de la generación por venir, la cual cumpliría con la función de los honores a la bandera durante el siguiente año.

Los actos artísticos los cubrían de 5 a 10 bailables folclóricos, las rondas infantiles de los simpáticos y graciosos niños de primer año, además de una poesía coral acorde al acontecimiento, y a veces uno que otro vals de los de Strauss: El Danubio Azul, cuentos de los bosques de Viena y, por supuesto, el vals emperador. Se nombraba al graduado para pasar a recibir su reconocimiento de terminación de estudios, y con eso saludar de mano a cada miembro de la mesa de honor y al final: las sentimentales golondrinas para dar por terminado el evento a cuenta de cientos de lágrimas derramadas por tanto sentimiento encontrado de ir veloces  y fatigados a continuar con una etapa más de superación académica.

No había ocasión para comprar vestidos largos, caros, toga, birrete, estola bordada con hilos de oro, anillo de graduación, pulsera pandora con “charm” de culminación de estudios, paquete fotográfico  digital e impreso tomado en Campos Elíseos, y la mayoría de nuestras familias no tenían para comprar (ni por qué hacerlo)  un arreglo de globos  personalizados, con dulces, adornados con chocolates de todas las marcas y productos Sabritas al por mayor con su respectivo mono de peluche del tamaño del graduado. A veces, una docena de claveles era suficiente para sentir el orgullo de nuestros padres por los logros de fin de etapa.

Después de la suspensión de graduaciones por la pandemia,  este año y el anterior las ceremonias reactivaron la economía, familias gastan miles de pesos por graduado. Se  ha retomado el espíritu festivo que caracteriza estas celebraciones,  que ahora  vuelven  a su organización tradicional, aumentándole un poco de mantas, pancartas, ruido de matracas, aerosoles de confeti, etcétera.

En muchas instituciones educativas, los gastos se  organizan desde que inicia el ciclo escolar, abriendo oportunidad para que los estudiantes puedan pagar por episodios los montos que se acuerdan para los eventos.

La camiseta representativa de generación, grabada con nombres apellidos y alguna figura alusiva a su experiencia escolar. Ceremonia, baile, vestido, traje de gala, renta de sonido, arreglos florales, invitaciones, mobiliario, mantelería, renta de salón, placa de reconocimiento, fotografías y otros servicios son demandados durante esta época de verano junio-julio.

Estas ceremonias también representan una oportunidad extraordinaria para la comunidad, para los vendedores en pequeño y de negocios locales de adquirir una ganancia extra durante esta temporada. Es encantador ver a los pequeños emprendedores, acampar fuera de los gimnasios, de las escuelas, de los auditorios y salones de eventos, mostrando la mercancía que han elaborado quizás durante meses, manualmente, invirtiendo materiales, tiempo, creatividad y un toque de cariño

Se genera  empleo temporal en áreas comunes, puestos de aguas frescas, fruta picada, frituras, adornos, flores, globos.

Las graduaciones son indudablemente eventos significativos en la vida de los estudiantes y sus familias, marcando el fin de una etapa educativa y el inicio de nuevos desafíos. Brindan un sentido de logro y reconocimiento.

Termino formalmente este escrito así: ¡Felicidades, jóvenes graduados, son ustedes sin duda el futuro de México y de Juárez! Y en verdad lo creo. Ármense de astucia y valor para hacerse con los conocimientos que la ciencia y la tecnología tienen guardados para las mentes valientes. Llénense de conocimiento, y luego ya con él, pónganlo al servicio del mundo que los necesita.