A Ciudad Juárez le urge una reconfiguración, nueva estrategia, esquema o como se le quiera llamar, para que haya más orden vial, luego de semanas con terribles accidentes que han enlutado a varias familias.

Ese nuevo modelo, debe ser liderado por la autoridad que tiene los dientes para llevarlo a cabo, y apoyado por la ciudadanía, pues las cosas se ponen peor cada día.

A los cuellos de botella en horas pico, se suman la falta de agentes de vialidad, cafres al volante, obras mal ejecutadas y por supuesto mucha indiferencia de una buena parte de los conductores, que dicho de otro modo sería “valemadrismo”.

Ayer, por ejemplo, y como lo informó El Diario, fue sepultada una de las jovencitas que perdieron la vida en trágico accidente el 24 de junio, provocado por un paseño en el bulevar Norzagaray. 

Conducir un vehículo, es un privilegio, más que un derecho, toda vez que muchas personas no pasarían el menor examen de conducción, convirtiéndose así en un riesgo para el resto de quienes circulan. Ello sin mencionar a personas que utilizan sus vehículos como medios para intimidar.

Exigir el “derecho” a conducir un vehículo, debiera ir acompañado del compromiso de respetar las reglas del camino, mismas que se hicieron para salvaguarda de la sociedad, pero muchas personas no entienden esto.

Es muy común, que quienes traen vehículos grandes, como camionetas de alta gama o pick ups, se pasan altos, dan vueltas prohibidas o se echan encima de quien les dé la gana, porque se sienten por encima de la regla, la ley y la norma.

Por otro lado, el enfoque que se percibe en quienes debieran poner orden, es más de otro tipo que ese.

Muchos agentes de vialidad, muestran más interés en otras muchas cosas, menos en trabajar por la armonía vial en la ciudad. La prevención no se logra solo con volantitos en los cruceros, sino en una aplicación estricta de las normas, para eso traen arma, uniforme, patrullas y el presupuesto público que ello implica, además de la letra de las leyes.

Da la impresión de que las autoridades de vialidad han renunciado a su obligación de que esa parte de la ciudadanía que no respeta las normas, lo haga. Si no es así, entonces deben trabajar en demostrar lo contrario.

Y no solo a la Dirección de Seguridad Vial Municipal,  sino también la de Transporte Público Estatal. Ambas instancias están urgidas de resultados favorables para la ciudadanía, pues cada día que pasa es más riesgoso subirse a un auto por la posibilidad de sufrir un hecho desafortunado.

Ahora bien, hay que mencionar, que cada día se puede ver una mayor circulación de autos, pero también de manera dramática de motocicletas de todo tipo y tamaño.

Una parte de la mayor circulación de autos, se puede entender por el decreto automotriz que abarató su importación, situación que no va acompañada de educación vial.

En el caso de las motos, se han multiplicado como si fueran conejos y muchos de quienes las conducen, lo hacen con sus propias reglas y criterios, sin generalizar por supuesto. Podemos mencionar como ejemplo, falta de casco, sin luces direccionales, carreteo entre automóviles –que es cuando se van metiendo entre los autos para ponerse al frente en los semáforos- y otras más que obligan a irlos cuidando, como si de niños se tratara. 

Prácticamente los motociclistas han establecido su propio cúmulo de criterios, sin que nadie les ponga orden.

Esto ha provocado también, un fuerte crecimiento en accidentes mortales que involucran a autos y motocicletas

No se diga en materia peatonal. Ahí las cosas están igual o peor, tanto para quienes van caminando como los automovilistas que no respetan los pasos, velocidades y lugares donde hay concentración alta de personas.

En el caso del que va caminando, debe entender que las esquinas se pintan con líneas amarillas precisamente para que por ahí crucen y no lo vayan haciendo entre los autos, con el riesgo que ello les representa.

En este tema, por cierto, muchas calles no tienen bien pintadas esas líneas y es común ver a automovilistas que hacen altos en los semáforos encima de la parte que corresponde al peatón.

En general y como se puede ver, hay mucho que hacer en la materia, pues la percepción es más de desorden que de aplicación de las normas; y aunque es obligación de todos apoyar y participar, siendo conductores responsables, existen quienes de plano no lo van a hacer con un volante, sino con una infracción.

Aquí habría que replantearse también el que regresen los retenes antiebrios, que pésele a quien le pese, funcionaban y servían para disuadir a quienes gustan de tomarse no una sino muchas copas y subirse al volante.

Los retenes también funcionan para detener a quienes ya van manejando ebrios y que puedan ser detectados antes de que vayan a enlutar familias o dañar a inocentes.

Ciudad Juárez, es llamada la mejor frontera de México, pero debe trabajarse en ello para que no se quede en una frase de políticos en campaña, sino que sea una realidad. Y esto por supuesto incluye que haya orden en sus vialidades.