En un lugar de la frontera, cuyo nombre no quiero acordarme… ¡Disculpe señora!, ¿no tendrá unas monedas que me regale para completar lo de mi ruta? Pedía con timidez una delgada y triste mujer, afuera de la escuela Abraham González; “Quiero llegar a mi casa, con mis hijos, usé lo que tenía porque tengo cáncer en la cabeza, mire todas estas bolitas, así tengo todo el cuerpo, ya se me extendió, pero hoy no conseguí ayuda, ya fui al canal de televisión y como no se completó mi quimioterapia, me tengo que regresar, vengo caminando, pero ya me canse y por eso ando pidiendo, para ver si puedo llevarles algo a mis hijos”.

¡Lamentablemente, le pidió a la persona equivocada! una madre sin empleo fijo, que solo contaba con $ 200.00 pesos para alimentar a su familia hasta que pudiera cobrar algún trabajo, por eso, solo pudo compartirle la mitad. 

Historias de sufrimientos crudos como esta ocurrida en 2016, se presentan diariamente en Ciudad Juárez, una localidad marcada por la complejidad de su historia y la intensidad de sus desafíos sociales, pero especialmente por la compasión que caracteriza a sus habitantes.

La compasión es un auténtico sentimiento de bondad y solidaridad hacia los demás, sustentado desde su etimología, que contempla "sufrir junto a" o "sufrir por" otros. Es la virtud de conmoverse por el sufrimiento ajeno, donde quienes la experimentan, se sienten motivados a proteger o aliviar el dolor de aquellos que están afligidos. Va más allá de la empatía, impulsando hacia la acción y no hacia la pena. Dicha virtud implica pasar de sentir de manera pasiva el dolor ajeno, hacia una disposición activa y transformadora, que requiere de gran valentía para aliviar el sufrimiento de los demás.

Si bien la dicha virtud favorece a quienes la reciben, aquellos que la practican, experimentan mayores beneficios. Mejoran sus habilidades comunicativas, fortalecen sus relaciones interpersonales, facilitan la gestión del estrés y la conexión emocional, cultivan una actitud positiva, reducen el estrés, fortalecen su sistema inmunológico y mantienen una sensación de satisfacción y propósito en la vida, entre otros.

Además, desempeña un papel fundamental en la resolución de conflictos, fomenta el perdón y la colaboración, propicia el fortalecimiento de vínculos sociales, promueve el desarrollo de una conciencia social y la construcción de una sociedad más equitativa, justa y humana. NO obstante, cuando la compasión se orienta hacia los menos favorecidos, será necesario generar y mantener acciones concretas y efectivas, que promuevan la justicia social y mejoren las condiciones de vida de las personas en situación de vulnerabilidad. Esto implica reconocer las estructuras de desigualdad y trabajar hacia su superación, buscando construir una sociedad más inclusiva y equitativa donde todas las personas tengan la oportunidad de vivir con dignidad y respeto.

En el contexto juarense, coexisten violencias estructurales y culturales, graves violaciones a derechos humanos como la desaparición de personas, el feminicidio, la migración, el desplazamiento forzado y el crimen organizado; que indiscutiblemente, requieren del compromiso y la atención gubernamental inmediata. Sin embargo, ante la magnitud de la problemática, destaca la compasión de sus habitantes, que se manifiesta, por una parte, en acciones individuales de bondad y generosidad, muchas veces silenciosas, como escuchar activamente, dedicar tiempo al cuidado, apoyo o educación de otras personas y ofrecer ayuda cuando sea necesario.

O bien, en la articulación y organización de la sociedad civil, que  generosa y comprometidamente ha tomado sobre sus hombros causas tan sensibles como las relacionadas con la migración, trabajando valiente y decididamente en la protección y restauración de la dignidad de las personas, mostrando lo que significa ser una sociedad verdaderamente compasiva, donde los juarenses, no dudan en compartir, aunque solo tengan unas cuantas monedas.