En la vieja Europa del siglo XVII surgió una práctica que hasta la fecha subsiste, me refiero al “dar propina”. Según los historiadores tiene sus comienzos en Inglaterra, donde se acostumbraba a dar un dinero extra a aquellos sirvientes cuyo desempeño se consideraba extraordinario. Sin embargo, esta muestra de agradecimiento cobro popularidad, y para principios del siglo XVIII era habitual en clientes de cafeterías y establecimientos comerciales de Inglaterra, Francia y España.

Si bien el origen de la palabra propina tiene su origen en la Grecia antigua, que significaba “beber a su salud”, fue en la edad media donde cobra la forma que le conocemos hoy, y se traduce a “dádiva”, “regalo”, o “pequeña gratificación”. Actualmente, continuamos con este uso y costumbre, y lo empleamos en diversos servicios que recibimos en la vida cotidiana, por ejemplo, a los parqueros de los estacionamientos, en los empacadores de los supermercados, en los repartidores del servicio de mensajería, incluso a los conductores de servicios de transporte como Taxis, Uber, entre otros. Sin embargo, hay un servicio en específico el cual se ha convertido casi en una norma no escrita, el servicio dado por los meseros en los bares y restaurantes.

La Ley Federal del Trabajo menciona que “los salarios mínimos para los meseros deberán fijarse por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos”. En promedio un mesero que trabaja 41 horas a la semana gana 5,160 pesos mensuales, sin contar las propinas. Esto da respuesta a una pregunta que suele hacerse a menudo “¿Por qué tengo que darles propina a los meseros si ellos tienen un sueldo fijo?”

Creo que lo anterior deja claro, tal y como lo dice la Ley, que las propinas son parte del salario de los meseros, ya que su salario fijo es demasiado bajo como para que una persona que se dedica a esto pueda sostener sus gastos y los de su familia. Sin embargo, ahora viene la otra cara de la moneda. La misma Ley menciona que los meseros están “obligados a atender con esmero y cortesía a la clientela del establecimiento”; de aquí surge la duda ¿La cantidad y/o porcentaje de propina es en relación con el desempeño del mesero o la propina debe ser establecida por el mismo mesero y/o el establecimiento comercial donde se presta el servicio?

Hasta este punto nos encontramos en una encrucijada, por un lado, está el hecho de que los meseros ganan muy poco como para prescindir de la propina que dejan los comensales y, por el otro lado, el hecho de que no existe obligatoriedad para dejar propina, al menos así lo menciona la Profeco, ya que es decisión del comensal decidir si quiere dar o no propina y el porcentaje o cantidad que considere adecuado.

Creo que la mayoría coincidimos en hábito de dejar propina a los meseros cuando visitamos un bar o un restaurante. Otro punto en el que estaremos de acuerdo, que quedará pendiente a desarrollar, es que la mayoría no se siente cómodo con el hecho de que la propina sea obligatoria o incluso cobrada a la fuerza por medio del engaño, como se le conoce comúnmente “meter caballo”, así como el de cobrar el servicio obligatorio por mesas de más de seis personas, práctica que se ha hecho habitual en diversos restaurantes de Ciudad Juárez y El Paso. 

Creo que lo ideal sería que los meseros recibieran un salario digno por quienes los contratan, y que la propina en realidad sea un extra que los motive a desempeñarse aún mejor. Sin duda alguna, la propina es el reflejo de una relación entre quien atiende y quien es atendido, es el resultado de una “cultura de servicio y gratitud”. De servicio, en la manera en que el mesero tiene la amabilidad y el compromiso con la prestación del servicio; y de gratitud donde el comensal agradece el desempeño de quien lo atendió.