Son memorables aquellas fotos que exhiben a Javier Corral Jurado dormitando o completamente dormido en un sillón. Hoy las repetimos.

También son célebres sus imágenes jugando tenis, o presenciando juegos deportivos, o enseñando a su hermana a jugar golf, o en paseo ciclista, o gozando infantilmente de una lanzada en tirolesa allá por las Barrancas del Cobre. Algunas fotos las tenemos en la edición impresa; otras, agregadas a la versión digital de este domingo.

Ese fue el auténtico gobernador que en mala suerte debió patrocinar el pueblo de Chihuahua durante cinco años. Para los chihuahuenses, para los juarenses en particular, aquello se tradujo en caos financiero, en anarquía, en corrupción, en un tiradero de obras públicas como no hay precedente en la historia de la ciudad y del estado. Fue la época negra del antiservicio público.

Hoy Corral está de vuelta como peligro latente, vigente. Terminó su administración hace tres años en el estado, pero sigue empecinado no únicamente en seguir sangrando los impuestos como modus vivendi, sino en ocupar vitales áreas de gobierno que le permitan desfogar enojos personales, en perseguir a periodistas, medios de comunicación y a todo el que se oponga.

Pudimos concluir de sus cinco años al frente de la gubernatura que no le interesa el gobierno, o gobernar, en toda la acepción de la palabra. No tenemos entonces por qué esperar otra cosa de su intento por incrustarse en el equipo de la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, y el potencial peligro para la nación que implicaría de conseguirlo. Bastante desasosiego deben tener los mexicanos con la sola idea de que llegue al Senado.

Había temor generalizado porque lograra quedarse con la Secretaría de la Función Pública desde que fue designado por la hoy presidenta electa como responsable de un “grupo plural” de campaña que desarrollaría su proyecto de anticorrupción.

Las dudas fueron despejadas durante estos días, cuando Sheinbaum dio a conocer una segunda parte de integrantes de su gabinete. No apareció al frente de la Función Pública el exchihuahuense, o paseño.

Eso no significa que en alguna tanda de las faltantes aparezca Corral Jurado, pero entendemos que la presidenta lo dejó fuera porque valoró adecuadamente su historial de manera integral y de plano no vio que diera el ancho... o el tamaño moral para encargarle una de las áreas gubernamentales más delicadas.

Aunado a los análisis llevados a cabo en el contexto que lo dejó fuera de la Función Pública, tenemos que Corral sigue en la tablita de la justicia por varias razones, quizá resumidas todas ellas en la falta de congruencia personal y su capacidad irrefrenable, compulsiva, por decir mentiras y violentar la ley.

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El 9 de marzo de 2016, en el canal 5 de esta ciudad, en plena campaña por la gubernatura, declaró públicamente que había renunciado a la nacionalidad norteamericana, de la cual goza desde su nacimiento en El Paso, Texas, el 2 de agosto de 1966.

“Yo nací en El Paso… ya después tomé la decisión, bajo una conciencia plena de renunciar a la ciudadanía americana, pocos lo hacen”, expresó Corral en aquella aparición pública.

Afirmó descarado: “yo lo hice por un impulso muy latinoamericano cuando Estados Unidos invadió Panamá”.

Hay mucha tinta de por medio desde aquel entonces a la fecha. Que si los artículos 55 y 58, de la Constitución Política con sus requisitos para ser diputado federal y senador de la República, le impiden acceder sin la mencionada renuncia; que si la Ley de Nacionalidad exige el procedimiento de renuncia y no solo una carta de no sometimiento a una nación extranjera, etc.

Pues el exgobernador brincó y sigue pasando por alto esas disposiciones; inclusive intentó ser embajador, momento en el cual quedó de manifiesto que no podía por su doble nacionalidad, en revelación del mismo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Aun así, por existir el antecedente, solo por ello, ahora ha sido “electo” -sin hacer campaña ni ensuciarse zapatos, como lo hizo muchas veces montado en el PAN- como senador plurinominal, y espera solo la validación de los comicios por el Tribunal Electoral Federal, para ir a sentarse a una curul.

El Trife, con la mano en la cintura, sin analizar ni un solo papel, y sin que nunca se mostrase la supuesta renuncia a la doble nacionalidad, lo consideró elegible en primera instancia para el cargo, requisito que ahora deberá volver a revisar de nuevo, como lo marca el librito.

Entrarán ahí los opositores a impugnar una vez más, en espera de que el Tribunal -con muy poca esperanza de resultado efectivo- impida un fraude a la ley, por alguien que sigue con un pie en Estados Unidos y vive del erario público de los mexicanos.

Tendrían que abogar los morenos auténticos porque llegue directo la suplente Brighitte Granados, ella sí trabajó, no como el neomorenista que encubierto jugaba a la quinta columna. El que traiciona una vez traiciona mil veces.

Pero no solo carga el flojonazo del exgobernador este tema, sus exfuncionarios están presos, prófugos, sujetos a criterios de oportunidad o próximos a ello, generando elementos a un Ministerio Público que lo llamará a comparecer en cualquier momento.

Está Antonio Pinedo Cornejo, su amigo, exvocero, encerrado en el Cereso estatal 1, por faltas administrativas de unos millones; separado del cargo en su momento como apestado por Corral, ahora cae en cuenta que nunca le perdonó que jamás se dirigiera a él como “señor gobernador” ni se apegara a cumplir con sus caprichos. Rota la relación entre ambos, hay hebra que jalar.

También está Eduardo Fernández Herrera, exsecretario de Salud, de paso fugaz en tareas menores la Secretaría de Hacienda y administrador, muy mal administrador en Fiscalía, de los ranchos de César Duarte -asunto donde está pendiente contabilizar las millonarias pérdidas agrícolas y ganaderas-.

Sigue el exfuncionario pendiente de criterios de oportunidad, si no es que ya los recibió, para colaborar en indagación del cochinero corralista en compra de medicamentos, por ejemplo, tema en el que no se distinguió nadita de su antecesor.

Y la cereza en el pastel, el exsecretario de Hacienda, Arturo Fuentes Vélez, prófugo desde hace meses, sin que la Fiscalía General de la República (FGR) haga algo para presentarlo ante la justicia chihuahuense, en la colaboración que se supone debería carecer de color partidista, pero que es obvio tiene manto protector, lo mismo de lo que se dolió el exgobernador en el caso del exsecretario general adjunto del PRI, Alejandro Gutiérrez “La Coneja”.

No todo está escrito sobre el presente y el futuro de Corral, un convenenciero urgido de protección guinda; aunque lo disimuló, es golpazo el hecho de no haber llegado a la Función Pública. Ya se sentía en la operación de Justicia para México, guadaña en mano, haciendo chilar y huerto.

Los demás puestos que quedan exigen trabajo técnico, de lo cual es enemigo; además, son de bajo perfil, sin reflectores.

Tendría que irse a una fiscalía dentro de la FGR, o un área de la misma Función Pública, ¿la Unidad de inteligencia Financiera de Pablo Gómez?

Pero en esas oscuridades de la intrincada burocracia federal poco margen y lucimiento tendría, por eso está agarrado con uñas y dientes al cheque senatorial para convertirse en copia barata de Noroña; sabedor de que en Chihuahua le puede caer a voladora en cualquier momento; el fuero es tablita de salvación. La labia no le alcanzó con Claudia.