En solo minutos el expresidente Donald Trump destruyó las esperanzas de los demócratas de alcanzar nuevamente la presidencia. El presidente y candidato a la reelección, Joe Biden, apareció débil y confundido en ocasiones, reforzando las campañas negativas de sus opositores en su contra; y generando la desconfianza de muchos miembros importantes de su propio partido. Mientras tanto, Trump nos reconfirmó que es un mitómano, pero extrañamente, su descaro y resiliencia resultaron más atractivas para los sufragantes registrados indecisos que la tibieza y el desconocimiento mostrados por Biden. La crítica para el presidente fue devastadora, a tal grado que, en un editorial subsecuente, el prestigiado periódico New York times le pidiera al mandatario que se bajara de la carrera para darle oportunidad a alguien más que pueda darle mejor batalla al ahora convicto Trump, quien siguió aprovechándose del miedo xenofóbico de los patriotas de bajos recursos que lo apoyan presentando su ofensivo discurso ahora en televisión nacional; criticando las políticas migratorias actuales y despotricando contra los inmigrantes, llamándoles criminales y enfermos mentales, como acostumbra. El Times sustentaba su petición argumentando que la democracia en el país nuclearmente más armado del mundo se encuentra en peligro.
Las encuestas posteriores fueron claras, el controversial Trump, quien aparece constantemente en las noticias desde hace más una década -y no necesariamente por cosas positivas- ganó casi dos a uno este debate. Los medios internacionales no se hicieron esperar, emitiendo fuertes críticas en lo que llamaron un reality show, o espectáculo teatral televisivo. Los mismos hispanos, inmigrantes naturalizados latinoamericanos y sus descendientes -quienes usualmente no soportan la personalidad de Trump- aceptaron que este sería mejor para la economía y las políticas migratorias que Biden, quien al parecer está confortablemente más desconectado de los problemas comunes del norteamericano promedio que su competidor.
Lo que es muy claro es que la mayoría de los estadounidenses quieren un cambio; no están contentos ni con la inflación actual, ni con el manejo del sistema migratorio, ni con la política internacional, ni con el sistema de salud actuales, etcétera, etcétera; lo que aprovechó muy bien Trump, quien no se frenó en nada para prometer mejores resultados, aunque para ello tuviera que mentir más de la cuenta, como acostumbra. Nada nuevo.
Antes del debate, Biden aventajaba a su oponente por unos seis puntos, ahora la carrera presidencial quedó muy pareja, si no es que en desventaja demócrata.
“Trump se vio como un idiota gritón, y Biden como un abuelo olvidadizo. Estoy cansado del sistema de dos partidos. Le dimos una oportunidad a Trump la primera vez para mejorar la economía, y no me gustó lo que sucedió. Liego cambié y le voté por Biden, y tampoco me gusta lo que sucede. Ahora voy a votar por Kennedy, por el independiente. Necesitamos un independiente que sea objetivo con las decisiones del congreso bipartidista y no se deje influenciar por la izquierda o la derecha” me expresó Anthony en inglés, un mexicoamericano muy listo de clase trabajadora que vive en El Paso, Texas y con el que platiqué ayer sobre el debate.
Biden dio lo que ha sido considerada la peor actuación en un debate presidencial desde que John F. Kennedy and Richard Nixon empezaran esta tradición en 1960, televisada en un estudio y sin audiencia. A solo minutos de empezar la contienda verbal, demócratas cercanos al círculo de poder ya entraban en pánico. Si el debate era una oportunidad inigualable para voltear las tendencias en su favor en contra el único candidato presidencial que ha sido convicto de un crimen, la estrategia les falló rotundamente, y a solo dos meses de la convención nacional de su partido. “Sé que no soy un hombre joven. No camino tan fácil como antes. No hablo tan bien como antes. Pero sé lo que sé. Sé cómo decir la verdad. Sé la diferencia entre el bien y el mal, y sé cómo hacer este trabajo”, dijo Biden en inglés frente a una multitud a modo en Carolina del Norte el viernes después del debate que le gritaba “cuatro años más, cuatro años más”.
En el ámbito internacional. Varias cadenas mediáticas opinaron que el presidente se autodestruyó enfrente de todo el planeta, mientras que su agresivo oponente se manejaba como si estuviera en un espectáculo reality de entretenimiento televisivo. Dese China hasta Rusia, ambas actuaciones fueron criticadas como vergonzosas, pero con peores augurios para la campaña demócrata. Los medios rusos no tardaron en calificar la actuación del mandatario como un “total fracaso”, especulando que no sobreviviría a su propio desempeño. “Una hora y media de tiempo aire es un examen de condición física y mental”, expresaban los presentadores del Canal Uno. Las dos agencias de noticias estatales informaron, cuestionablemente, que el sesenta por ciento de su audiencia esperaba que le hubieran dado a Biden un estimulante para terminar el debate. Otras cadenas en ese país reportaron, en su peculiar manera que este había fallado en presentarse en condiciones físicas aceptables para liderar al país, y que su desempeño aparentemente asustó a sus mismos partidarios. Rossia 1 TV reportó el viernes que los sufragantes potenciales se habían asustado, y que estaban preocupados por la salud mental del presidente. Sus presentadores también cuestionaron la posición de Trump sobre la guerra en Ucrania.
Los medios de China estatales destacaron el debate como un teatro, subrayando que los dos participantes no se dieron la mano al comienzo, lanzándose luego fuertes ataques personales, para terminar, discutiendo sobre sus habilidades en el golf, evadiendo temas mucho más importantes. Sus periodistas continuaron describiendo burlonamente como los dos personajes fueron criticados sobre sus edades y estamina por las audiencias nacionales. Los medios en la India destacaron la agresividad de Trump, mientras en Israel se criticaba la debilidad de Biden, y destacaban las palabras de Trump: “Se ha convertido como en un Palestino, pero en uno muy débil”. Varios medios por allá acentuaron las credenciales proisraelíes del controversial expresidente estadounidense.
En México, desde hace semanas el presidente y la nueva presidenta electa Claudia Sheinbaum pidieron a sus estrategas cercanos iniciar un plan en caso de que gane el candidato republicano de la oposición, ya que esto podría cambiar las relaciones actuales entre ambos países, a pesar de que públicamente tanto AMLO como Trump han declarado ser amigos y admiradores mutuos. Esto no solo tendría consecuencias para México, sino para toda Latinoamérica.
Fue un debate bizarro, irreal, De los dos candidatos que más bien parecían bisabuelos frustrados no se hace uno solo. La política en EU es un reflejo de su propia decadencia. Curiosamente, contrasta con la pujante juventud política mexicana dominante de la cuarta transformación, y con su presidenta electa, quien ha optado por un gabinete de gobierno joven, diverso, y muy preparado técnica y científicamente para potenciar a su pueblo. Veremos si se potencia un tercer posible candidato como Kennedy, quien hasta ahora no aparece en las encuestas de manera seria. Falta tiempo para noviembre, pero hoy el futuro para EU se ve incierto.