Opinión
Domingo 03 Nov 2024, 06:10
OPINIÓN
Satanás y sus pecados favoritos en el Senado
En definitiva, no es Alejandro “Alito” Moreno, dirigente nacional del PRI, el mejor referente de la moralidad política
La Columna De El Diario
En definitiva, no es Alejandro “Alito” Moreno, dirigente nacional del PRI, el mejor referente de la moralidad política. Menos lo es para hablar del pecado favorito de Satanás, que para algunos es la vanidad y para otros la soberbia.
Sin embargo, es el impresentable líder priista, con el que algún demonio castigó al tricolor, quien así trató de defenderse desde el Senado de la República, ante la amenaza cumplida del coordinador legislativo de Morena, Adán Augusto López, de que su bancada terminaría casi con 90 senadores de los 128 que componen la Cámara Alta.
“El pecado favorito del diablo es la soberbia. Ya les tocará el tiempo, porque no respetan ni escuchan a los demás”, dijo Moreno Cárdenas en tribuna; su característica impostura llamaba más a reírse que a llorar, a pesar del efecto dramático que trató de imprimirle a sus palabras.
Así pataleó el priista ante la última dimisión de las filas de su partido, la de Cynthia López Castro, senadora por la Ciudad de México, quien le sumó 88 votos de facto a Morena, unos abiertamente a favor, otros nomás con su inasistencia a las sesiones.
La desesperada reacción del priista fue previa a la escenita que montó después, al subirse hasta el lugar del presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, a reclamarle una supuesta falta por negarle el uso de la tribuna.
El espectáculo que brindaron no solo hizo más atractivo el Canal del Congreso que Netflix o alguna telenovela de Televisa, sino que reflejó los ánimos caldeados que han dejado los demonios a su paso por la cámara resolutora de las últimas reformas constitucionales, la del sistema de justicia federal y la que estableció la inatacabilidad en tribunales de la misma.
También reflejaron los legisladores el nivel alcanzado en la crisis constitucional e institucional dejada de herencia por Andrés Manuel López Obrador a la constructora del segundo piso de la 4T, Claudia Sheinbaum, quien se ha fajado en el proyecto. Otro sucesor tal vez ya se habría doblado, ella no.
La presidenta ha desmentido con eso las versiones de que se correría más al centro que su antecesor echado a la izquierda, aunque eso le haya restado estabilidad al Legislativo y sobre todo al Poder Judicial.
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En este pantano han caído sin remedio los líderes de la blandengue oposición que existe ahora en México: Marko Cortés, del PAN; “Alito,” del PRI; y Jesús Zambrano, de lo que fue el PRD, dos de los cuales lograron su objetivo de agandallar escaños. El tercero quedó fuera, hasta sin partido.
Sin estar aliado del PRIAN, pero sí en contra de la 4T, el líder de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda, también forma parte de los opositores reducidos a la nada.
Así, fue el extinto Partido de la Revolución Democrática el que aportó los primeros votos para que Morena construyera la mayoría calificada en el Senado de la República, con la michoacana Araceli Saucedo Reyes y el tabasqueño José Sabino Herrera. Sin partido como Zambrano, ellos le dieron la espalda al bloque opositor y decidieron “ponerse del lado correcto de la historia”.
Vino después, en una jugada simultánea, la sospechosa ausencia del senador chiapaneco naranja, Daniel Barreda, junto con la abierta traición del panista veracruzano de negro historial, Miguel Ángel Yunes, dos factores clave para sacar la reforma constitucional al Poder Judicial.
De esta forma, el morenismo alcanzó sobrado la mayoría calificada: pasó de 83 votos de Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo, a tener primero 85 con los perredistas y luego 87 con la aportación naranja, en ausencia, y la del PAN.
En esta semana, en medio de la discusión de la supremacía constitucional, que imposibilita atacar cualquier reforma, vino la renuncia al PRI de López Castro y su apoyo con el voto a los morenistas, tras lo cual fue blanco de un linchamiento de parte de “Alito” como reacción a su abierta traición.
Fue de esta manera como la bancada de Morena pasó a tener, más allá de las formalidades, 88 de los 128 senadores, casi la cifra de 89 con la que amenazó Adán Augusto y vaticinó, casualmente, el verde chiapaneco Manuel Velasco, desde el comienzo de la legislatura.
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La soberbia mostrada por los morenistas es clara, bien lo dijo “Alito”, aunque -insistimos- no es el mejor referente de cualquier cosa de la moralidad.
Como operador principal de los acuerdos turbios para jalar traidores a su bancada, el coordinador tabasqueño guinda no tiene mucho que presumir con las adquisiciones de dudosa reputación para su bancada, pero lo ha hecho hasta el exceso.
“Fui aludido por el enterrador (del PRI, “Alito” Moreno)... Primero una moción de ilustración: nos sobran ya dos, somos 87 y no estamos tan lejos de que la semana próxima seamos 89. Le vamos a hacer realidad la profecía al senador Manuel Velasco”, dijo López Hernández en el último debate con el que salió adelante la reforma de supremacía constitucional.
Para hablar en términos de pecados capitales, hay más soberbia en el comentario del morenista que vanidad en el bótox de la cara de Moreno Cárdenas, eso es innegable.
Ciertamente, los prianistas han caído en la avaricia. No hay mejor muestra que “Alito” y Cortés cuando arrebataron las mejores posiciones para el Senado, después de los grandes negocios que han hecho desde la dirigencia de sus partidos.
Han caído también en la pereza, la evidencia está en la pobre campaña que hicieron para sacar adelante un proyecto opositor, al que le pasó por encima Morena con un dos a uno; en el camino, abandonaron a su candidata presidencial, Xóchitl Gálvez, convertida ahora en solo un vago recuerdo.
También los prianistas deben haber caído en la envidia. Cómo no, si ya quisieran ahora la mayoría calificada que tuvieron para sacar las reformas, algunas extremadamente lesivas para el país, de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto; y en la ira, nomás basta ver sus reacciones ante la pérdida de senadores que no han logrado mantener cohesionados.
Entonces, no solo la soberbia morenista marca la legislatura, entregada a esas pasiones del alma que nos dan muchas explicaciones de lo que ocurre en este periodo de consolidación de un proyecto de gobierno que, con todo y sus tómbolas, ha llegado a romper con todo lo establecido previamente.
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En la teología cristiana no es la traición un pecado capital, sino un derivado de la avaricia, aunque en el infierno de Dante es el peor de los pecados; quienes lo cometen merecen el peor de los castigos, ahí en el noveno círculo al que fue condenado el mismísimo Lucifer.
Esa mayoría calificada de Morena -la que presume Adán Augusto, de la que se lamentan sus empobrecidos opositores- es producto de las traiciones de Saucedo Reyes y Sabino Herrera; del Yunes y Barreda; de López Castro y los que lleguen a sumarse, ahora que el coordinador guinda ha revelado lo que le dice su bola mágica con la que ve el futuro.
Sea o no un vicio capital, la traición de los senadores no es solo contra sus partidos que los postularon. No es solo contra los militantes que les prestaron las siglas y les dieron su esfuerzo para llegar a un escaño, sino contra la sociedad que confía en las elecciones.
El cambio de partido, el poner pretextos como que se enfermaron para estar ausentes en votaciones clave o escalar pleitos para abandonar sus bancadas, es traición. Ningún disfraz oculta eso.
Así, es básicamente un fraude a la democracia o un vicio de la misma, no superado desde la década de 1990 y hasta la fecha, con cambios de partido en el poder que, por si fuera poco, tampoco han sido eficaces para salir adelante.
Esos traidores que le han dado la mayoría calificada sobrada a la 4T llevan la misma o incluso más responsabilidad que el oficialismo morenista caído en la soberbia, demostrada en la cerrazón para establecer acuerdos y negociar políticamente los conflictos naturales de la vida pública.
Esos traidores a la inservible y fracturada oposición actual, también cargarán con el peso de sus decisiones más que los impresentables líderes del PRIAN, porque al menos de ellos la sociedad y sus militancias no esperaban algo decente. Y no han hecho papel decente alguno hasta ahora, más que exhibir sus miserias casi de la misma forma que sus traidores.
Morena puede seguir presumiendo su mayoría aplastante, pero no puede ser un buen augurio que eso haya sido resultado, principalmente, de esas traiciones y esos traidores.