El temperamento de Donald Trump hace fácilmente creíble el lanzamiento de misiles a México presumiblemente contra laboratorios donde el crimen organizado produce drogas... o contra lo que considere un peligro.

“Fábricas” existen por todo el país. Así se desprende de los decomisos de narcóticos “artesanales” asegurados desde el sur y el sureste del país, el centro, el occidente y el norte, desde Tijuana, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas.

Aparte de los laboratorios existentes por todos lados también por incontables zonas del país sobrevive la siembra de amapola y mariguana, que si bien su competencia ha quedado reducida a lo miserable por las drogas sintéticas y la legalización cada vez mayor de la mariguana siguen siendo frecuentes los reportes sobre destrucciones de hectáreas de hierba y “goma” también por múltiples bosques y valles de la República.

Cada temporada hay decomisos hechos tanto por las policías locales, federales y militares mexicanas como en los cruces internacionales.

Es importante la mención porque tales puntos serían tocados por los “misiles” planteados por el nuevamente presidente electo de los Estados Unidos a su exsecretario de la Defensa, Mark Esper.

Esa y muchas afirmaciones anteceden a Trump sobre el tema de crimen organizado que ha costado decenas de miles de muertos en México por la violencia entre los grupos delictivos. Secuestros y extorsiones contra inocentes en ese mismo entorno es tema de análisis aparte.

Nada más entre AMLO y Felipe Calderón sumaron 320 mil asesinatos, 200 mil con el primero y los 120 mil con el panista. Más víctimas que las posibles de ocasionar con bombas en una guerra.

Al país vecino le ha costado más de medio millón en fallecimientos por sobredosis durante varios años. Decenas de miles de vidas convertidas en dolientes zombies antes de la fatalidad atroz.

Eso ha exhibido a un Trump enfurecido cuando aborda el tema. “La gente está muriendo a niveles nunca vistos por envenenamiento con fentanilo. Y está llegando a través de la frontera, viene de China, y cruza a través de la frontera, y vamos a detenerlo. Vamos a hacer lo que sea necesario. Así que vamos a tener que emprender alguna acción militar", dijo en octubre a una televisora estadunidense (News Nation).

Cuando fue presidente no ejecutó acción trascendente alguna sobre el particular, pero nadie duda que lo quiera y pueda llevar a cabo, sobre todo que ahora “un mano blanda” Biden demostró la posibilidad de invadir suelo azteca con operaciones encubiertas para sustraer al mayor jefe del narcotráfico azteca, el líder del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, sin consecuencia alguna.

Todavía desconocemos el tamaño de ese operativo en campo y la cantidad e identidad de agentes involucrados, sin duda el secreto durará en carpeta sellada el tiempo necesario para preservar la seguridad de los participantes. Más adelante vendrán memorias, lucrativas biografías y las historias destiladas en el género de novela para evitar el rigor en datos y nombres.

No queda duda que, a pesar de la falta de información, haya quedado claro que fue una acción orquestada por agentes norteamericanos junto con hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y ejecutada tanto en la zona donde fue capturado, Sinaloa, hasta donde fue entregado, Sunland Park, Nuevo México. Ni modo que los acuerdos hayan sido vía electrónica o por palomas mensajeras, de entrada.

Irónicamente, le corresponderá a la nueva administración federal, tanto a la ejecutiva como a la judicial, dar seguimiento a los acuerdos con “La Chapiza” y cumplirlos; o bien, inclusive desconocerlos.

Imposible que sea reajustada sustancialmente en fiscalías y tribunales judiciales esa historia en el mes y medio que les resta a los Biden.

Para cuando Donald Trump inicie funciones en enero quedarán precisamente ese y otros muchos temas más aclarados y analizados para la correspondiente toma de decisiones. Será hasta ese momento que empiecen a despejarse incógnitas entre el discurso y las manos a la obra.

La víspera y el temperamento del nuevo presidente indican que atacará al crimen organizado y buscará frenar de tajo la inmigración ilegal hacia su país, pero no sabemos ni los alcances reales de las “acciones ejecutivas” que lleve a cabo, y lo más preocupante, justamente la forma en que lo hará.

Regresa al poder más fortalecido que antes y con mayor experiencia, no por sus cargados 78 años de edad ni por el antecedente de su primer período en la Casa Blanca, sino por la forma en que enfrentó su tercera campaña electoral, el atentado que por poco le cuesta la vida y también porque ha confirmado que puede cometer múltiples delitos sin ser alcanzado por la justicia.

Por decirlo de una forma, igualmente su bono “democrático” anda mejor que las acciones de Elon Musk, con escasa diferencia en voto popular frente a Kamala Harris, pero abrumador con los 295 votos alcanzados contra 226 en colegio electoral. Eso le da un plus extraordinario para ese mayor manejo discrecional al que es muy afecto.

México está preparado para, si mucho, reforzar sus fronteras sur y norte al menos relativamente como lo hizo Andrés Manuel López Obrador y aliviar por momentos la tensión primero con el propio Trump y después con Biden.

Con Trump hubo muchas palabras, hubo carretadas de advertencias e insultos a granel contra el régimen obradorista, pero no disminuyó el flujo de personas en movilidad ni aún con el costosísimo reforzamiento del muro divisorio en varios tramos de los más de tres mil kilómetros de frontera. La más considerable disminución fue con Biden.

Tiene mucho trabajo el nuevo presidente en redireccionar la participación de los Estados Unidos en la guerra de Rusia contra Ucrania, en la eterna confrontación de Israel contra el vecino Irán y los palestinos de la franja de Gaza.

Debe también dedicar mucho del tiempo a su obsesión en la competencia económica mundial de los gigantes Alemania, India y Japón, y en particular con el mayor a estos tres, China, que ha usado a México de forma cotidiana para meter golazos comerciales.

Nuestro país forma parte de la agenda permanente norteamericana; está integrado en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Trump podrá tener aquellas otras múltiples ocupaciones, pero siempre tiene abierta la cortina de su ventana que da al lado sur ya solo para fisgonear, lanzar misiles verbales (por lo pronto) o actuar con hechos.

Su triunfo lo debe, según los expertos, al dale y dale contra las políticas “fallidas” demócratas por contener la inmigración, una de las tantas mentiras compradas por los electores, incluidos millones de hispanos inmigrantes nacionalizados. Todos embelesados por las peroratas catastrofistas trumpianas.

Para México podría implicar una calamidad cualquiera o varias resoluciones categóricas surgidas del catálogo recetado insistentemente en su anterior campaña y la recién concluida, sea en el terreno de la economía, la seguridad o la migración.

Esperemos el gobierno mexicano tenga el carácter, la capacidad y el carácter necesarios para enfrentar a Trump mejor de lo que enfrenta a los cárteles del crimen en el país.