Fuera de contadas voces periodísticas nadie le había levantado le voz de manera punzante, golpeadora, a la sobrada Cuarta Transformación como lo hizo estos días el embajador de los Estados Unidos en México, Ken Salazar.
Sin rodeos ni cartabones propios del mundo diplomático, el embajador señaló con inusual énfasis desde su residencia en la Ciudad de México, para que oyera el obradorismo de Tabasco a Palacio Nacional, el mal provocado a los mexicanos por los brazos caídos del régimen guinda contra las bandas criminales que han tomado al país como suyo y lo han convertido en un mar de sangre, de dolor y luto permanente por todos los rincones.
Puso Ken el par de botones de muestra: Sinaloa; Culiacán, dijo más específicamente de los crímenes contra líderes ganaderos; y Chiapas: “vemos el asesinato del padre Marcelo....Decir que no hay problema es negar la realidad”.
A su manera, con su información, el funcionario estadounidense dibujó cual cartógrafo experto y en unos minutos de conferencia de prensa la situación deplorable por la que atraviesa el país, obstinadamente negada por el gobierno federal.
Pudo ser en desquite, y lo dijo ahí mismo, porque “el presidente anterior” –ni siquiera lo mencionó- “pausó” la coordinación con los Estados Unidos en materia de seguridad en julio de este año tras la detención de “El Mayo” Zambada, de la que tanto hemos escrito en este espacio, pero mentiras no dijo. “Echarle la culpa a los Estados Unidos no es lo que se requiere”, repitió el político del sombrero.
Entre la noche del 26 y 27 de enero de este año un pequeño convoy de tres vehículos con hombres fuertemente armados recorrieron varias calles de la ciudad, se metieron a la colonia Héroes de la Revolución y se detuvieron frente a una vivienda donde era llevado a cabo el velorio de una persona.
Los sicarios bajaron y soltaron ráfagas de tiros sobre varias personas que estaban en la banqueta. Mataron a cuatro hombres y a un niño de apenas 11 años de edad.
Enero registró 125 homicidios en la ciudad. El mes de mayor asesinatos en 2024 ha sido agosto, con 152. Similar a este, han ocurrido alrededor de 14 multihomicidios hasta la fecha en la ciudad y otros tantos en el estado.
El pasado fin de semana fueron asesinados tres hombres y lesionadas dos mujeres en un residencial de clase media también en Juárez.
En las últimas horas fueron dejados mutilados los cuerpos de dos hombres con leyendas contra el secuestro de migrantes, un flagelo permanente contra las personas en situación de movilidad responsabilidad de la federación.
Siguen en la ciudad de la X monumental a la alza los crímenes porque a la eterna confrontación entre los grupos delictivos tradicionales La Empresa, La Línea y Mexicles contra los Artistas Asesinos, -los primeros tres aliados y operadores del Nuevo Cártel de Juárez; los doble A del Cártel de Sinaloa- se han sumado diferencias fuertes al interior de La Empresa y de los Mexicles cuyos liderazgos en la infantería frecuentemente brincan las “políticas” de sus jefes: de no vender cristal, fentanilo; no secuestrar y menos matar a migrantes.
Esta es la realidad que le duele profundamente a la Cuarta Transformación pero no por solidaridad con las familias de las víctimas, tampoco por las severas consecuencias producidas a las economías de aquí y de todas las grandes, medianas y pequeñas poblaciones mexicanas atenazadas por los grupos delictivos.
Le duele a Morena porque no desea reconocer que las instituciones bajo su administración han fracasado en la contención de la violencia, sea por la corrupción prohijada durante décadas en todo el sistema de seguridad del país sin aminorar un solo paso durante su debut 2018-2024 hasta la fecha, o sea porque así le ha convenido políticamente.
Es innegable que el gobierno obradorista, el de AMLO y el de Sheinbaum, han colocado por delante de toda prioridad en el país su prioridad por sostener el poder mediante programas sociales que compran voluntades en las urnas pero no tranquilidad ni seguridad en calles y hogares.
Todo mundo ha repetido estar de acuerdo con los programas sociales-electorales, nadie le dice que no a seis mil pesos bimensuales en un país económicamente débil como el nuestro, el propio Salazar lo mencionó durante su conferencia de prensa. “Estoy 100 por ciento de acuerdo con los programas sociales”; pero, aclaró en otra parte de su severo coscorrón, “la seguridad es lo más importante, es la bisagra de cualquier democracia”.
Mencionamos los cinco asesinados la noche entre el 26 y 27 de enero de este año en Juárez como un ejemplo de lo que ocurre aquí en la casa chica, o muy grande como es Juárez, pero multihomicidios como aquel han menudeado tanto en esta ciudad como en la ciudad de Chihuahua, en el estado y en el país.
En el estado los grupos delictivos son La Línea, la Empresa, Los Artistas Asesinos, los Mexicles, Gente Nueva, Los Cabrera, los Salazar, los Avendaño, los Arreola, los “Verines”, los Salgueiro y muchos otros.
En cada región se repite el mismo patrón con otros grupos, el Cártel Jalisco Nueva Generación, la Familia Michoacana, también el Cártel de Sinaloa, los Zetas, los Arellano...En la ciudad de México, el Estado de México y sus vecinos Guerrero y Morelos, hay infinidad de grupos criminales resumidamente brutales contra la población pacífica.
Son todos ellos los actores de matanzas en un bar, el Bling, Bling, en el Estado de México; o Los Cantaritos, en el otrora pacífico Querétaro...o la serie de masacres en Guanajuato, Veracruz...Chiapas.
Volvemos a Chihuahua, a Ojinaga:
Así publicó El Diario la entrada de una nota apenas el pasado 20 de septiembre.
“Una escena aterradora sorprendió a los habitantes de Ojinaga esta mañana, cuando al circular por las calles Justo Sierra y Séptima, se encontraron con once cuerpos, dos de ellos decapitados, y una manta con un mensaje: Aquí te dejo esto Roberto ya ves que estaba sola la plaza y tú eras quien la controlaba. Fuiste a decir a Durango y al último los abandonaste pero aquí te los ando juntando (sic)”. Es una pelea de La Línea contra Los Cabrera, facción del Cártel de Sinaloa en Durango.
Al menos AMLO tenía más chispa para defenderse en situaciones como la traída aquí de Ken Salazar, su sucesora solo respondió que no entiende al embajador norteamericano porque un día dice una cosa y otro día otra sobre un mismo tema, poniendo como ejemplo la discutida reforma judicial. Que se entienda con Relaciones Exteriores, dijo. Nada sobre la inseguridad marcada por el gringo.
Relaciones Exteriores dio a conocer un extra lacónico comunicado donde anunció el envío al gobierno estadunidense de una “nota diplomática” con un “extrañamiento” por los dichos de Ken.
Toda la situación de violencia entremezclada para fundamentar el presente texto tiene qué ver con crimen organizado, ese aspecto al que decidió enfrentar AMLO con abrazos.
Los grupos delictivos están fortalecidos por todo el territorio nacional porque la instancia legalmente responsable de combatirlos permanece casi casi de brazos caídos porque toda su atención, toda su concentración, todos los recursos económicos, están destinados a la compra de votos.
Habla Claudia, habla García Harfuch; no habla el Fiscal General de la República (FGR), Alejandro Gertz Manero (parece no existir), de presencia, militar, de coordinación con los estados y los municipios, pero carece de equipos de investigación y de inteligencia que ataque al problema de la raíz. Los cientos, miles de militares en la calle, son palos de ciegos contra las maquinaciones secretas de los delincuentes.
Con otra, toda la fuerza, toda la operación política, todo el poder, para imponer, reelegir, en la Comisión Nacional de Derechos Humanos a una pieza cómoda que impida todo señalamiento contra las corporaciones policiacas.
Fuera del discurso mediano sobre la “coordinación de seguridad” no se ve luz al final del túnel que frene la estadística siempre a la alza de homicidios y de todo tipo de delitos. No hay bisagra para la democracia, podría decir Ken Salazar.