Siempre he dicho que Morena, sus aliados, sus representantes, y sus corifeos son falsarios y simuladores. Les encanta el circo y jugarle el dedo en la boca a la gente que muchas veces cae ante sus embustes. En pocas palabras, son mentirosos consuetudinarios.
Desde siempre han tratado de venderse como un partido democrático, que constantemente consulta a la sociedad para tomar decisiones. La verdad es que todo esto es simulación. En Morena (o Cuarta Transformación, u obradorismo, como guste llamarle) las decisiones las toma una persona, y posteriormente se crea todo un circo para vestir esa decisión y hacer ver como que fue una decisión colectiva.
Por ejemplo, la decisión de cancelar el Aeropuerto de Texcoco. Esa decisión la tomó López Obrador antes de entrar al poder. Sin embargo para no pasar por arbitrario, decidió someter esa decisión a una “consulta” donde se le preguntaría a esa masa amorfa e indefinida que ellos llaman “El Pueblo bueno”. Evidentemente pusieron en práctica las tácticas más recientes de “impulso democrático” (por no llamarle acarreo) y resultó que el pueblo bueno “decidió” lo mismo. En un proceso que no se sometió a los márgenes legales de la consulta popular, y que además auspició Morena, tomaron la decisión de cancelar el aeropuerto. Fue el pueblo bueno, dicen ellos.
Posteriormente, la farsa de las candidaturas en tómbola. Como si el país fuera una feria de pueblo, Morena “rifa” candidaturas a diputaciones y otros cargos de elección popular. En su momento pusieron una tómbola de donde Mario Delgado (entonces dirigente de Morena) sacaba algunos nombres de los afortunados que habían sacado un lugar para un curul o para algún otro cargo. Muchos (si no es que todos) de esos lugares en realidad nunca llegaron a los cargos representativos porque los ubicaban en lugares de las listas plurinominales que no llegarían de cualquier forma.
Otra falsedad en la que han incurrido en el pasado es la de las “encuestas” para elegir sus candidatos a gobernadores entre otros cargos. Según Morena, se consulta a la militancia para ver a quién postularán a determinados cargos de elección popular, y los que salgan mejor posicionados ocuparán esas candidaturas. La historia reciente nos dice que no ha sido así. En diciembre de 2020, Morena decidió postular como candidato a Gobernador de Chihuahua a Juan Carlos Loera (sin duda, el chihuahuense más cercano al obradorismo) a pesar que las encuestas indicaban que el más conocido era el hoy alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.
En el proceso 2023-2024 vimos otro absurdo. En la Ciudad de México, Omar García Harfuch aparecía con una ventaja de más de catorce puntos porcentuales encima de Clara Brugada. La decisión de que fuera Clara Brugada la abanderada de Morena ya había sido tomada por López Obrador, sin embargo, otra vez decidieron hacer su circo. A pesar de la enorme ventaja de Harfuch, Morena decidió que fuera Brugada la abanderada, bajo el pretexto de la equidad de género. Pudiéndose haber equilibrado la balanza de género con otras entidades, Morena decidió darle la candidatura a quien aparecía catorce puntos abajo del líder de la encuesta.
En este mismo sentido, con las “corcholatas” se hizo algo similar. López Obrador convocó a todas las corcholatas (y despreció al servil de Fernández Noroña) y giró instrucciones. Dijo que aquellos que no ganaran la encuesta tendrían “reintegro” (otra vez, una analogía de feria de pueblo) y que los siguientes lugares en la encuesta serían secretarios o líderes parlamentarios.
Para empezar, existen muchas dudas si genuinamente Sheinbaum ganó la encuesta, o la ganó Ebrard. Pero volvemos a lo mismo, la encuesta solo fue un instrumento mentiroso para imponer la voluntad de López Obrador y trasladar la responsabilidad de esa decisión al “pueblo”.
En tercer lugar de esa encuesta apareció Gerardo Fernández Noroña, en cuarto lugar Adán Augusto López y en quinto lugar Ricardo Monreal. Después, López Obrador le volvió a mostrar una vez más su despreció a Noroña al imponer como líderes parlamentarios a Adán Augusto López y Ricardo Monreal. Cuando Noroña reclamó su “reintegro” se le dijo que como él había sido propuesto por el PT, entonces no concursaba dentro de esa rifa “democrática”. Un pretexto algo absurdo habida cuenta que el mismo Noroña había sido incluido en la lista plurinominal al Senado por parte de Morena, no del PT. Después le dieron su premio de consolación al hacerlo Presidente del Senado. Incluso, dentro de su mentira volvieron a mentir, pues dos lugares de las corcholatas perdedoras serían integrarse al gabinete. Solo a Ebrard le dieron una cartera en el gabinete (de las corcholatas participantes).
La semana pasada volvimos a ver otra falsedad de Morena con el proceso para la elección de la Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. La ley establece que el Senado debe evaluar los perfiles, mas no establece una metodología para ello. Aquí, Morena se volvió a poner una camisa de fuerza al evaluar los perfiles para dicho cargo y calificarlos. La propuesta obradorista era Rosario Piedra Ibarra, la actual titular de la CNDH, quedó en último lugar de la evaluación. Posteriormente, el oficioso Senador Javier Corral, Presidente de la Comisión de Justicia (y prófugo de la misma), dijo que a petición de varios legisladores de Morena, habían decidido subir a Piedra del lugar quince al primer lugar. Y ahí, nuevamente, el obradorismo le ganó otra partida a Sheinbaum.
Todo esto viene a evidenciar las mentiras con las que se conducen ellos mismos. Tienen la mayoría (de forma legítima o ilegítima) parlamentaria. No existe necesidad para que incurran en estos absurdos. La mayoría es para usarse.
Si desde un principio hubieran dicho que el Aeropuerto de Texcoco se cancelaba porque López Obrador lo decía, o si hubieran dicho que Loera y Brugada serían candidatos por la misma razón, o si hubieran comentado que querían a Monreal y a Adán Augusto como líderes parlamentarios porque así convenía a los intereses de la mayoría, nadie tendría nada qué decir. Sin embargo, lo que molesta es que le vean la cara a la gente y traten de endosarle una responsabilidad que es estrictamente de una persona.
En pocas palabras, en Morena además de mentirosos son cobardes para no asumir las responsabilidades de una persona y hacerlas pasar por responsabilidades de todos. Bien dice el dicho que, cuando algo es responsabilidad de todos, termina por no ser responsabilidad de nadie.
Estoy seguro que dentro del desaseado proceso de renovación de la rama judicial, Morena hará exactamente lo mismo. Dejará a los perfiles más destacados fuera para colocar a incondicionales de ese cáncer republicano llamado “Cuarta Transformación”.
Como usted podrá ver, querido lector, Morena no miente más porque el día solo tiene veinticuatro horas. Si tuviera más, seguro alcanzaría a mentir más. La democracia, la república, el Estado de Derecho y los pilares institucionales no pueden dejarse al azar, o a la suerte, como si estuviéramos en un juego de feria, o jugando lotería. En este caso, Morena apela a esa clase de aspiracionismo de varios sectores de la población: aquellos que esperan que las cosas se den por la suerte, sin tomar en cuenta el esfuerzo o el mérito.
Morena, en pocas palabras, está destruyendo el andamiaje institucional y la gente no se da cuenta. Cuando la mayoría se dé cuenta, ya será demasiado tarde.