En la actualidad, el gremio docente en Juárez se encuentra en una gran encrucijada: por un lado, están los estudiantes, quienes se encuentran profundamente inmersos en un mundo digital donde el uso de aparatos electrónicos y aplicaciones se han convertido en extensiones de su vida cotidiana; por otro lado, los docentes, algunos de los cuales se resisten a integrar en su dinámica educativa las nuevas tecnologías. Ante este choque generacional existe una pregunta que atender: ¿Se deben mantener las prácticas tradicionales para evitar distractores en las aulas, o debemos aceptar la tecnología como parte integral del modelo de aprendizaje?
Las nuevas generaciones, nacidas y criadas en el entorno digital, perciben las tecnologías como elementos que siempre han estado allí, la cercanía y su fácil accesibilidad convierte a los aparatos como los celulares, computadoras y demás dispositivos electrónicos en herramientas esenciales en su día a día, para ellos, las fronteras entre lo físico y lo virtual son un tanto difusas, y cualquier intento por limitar el uso de tecnología incluso en las aulas pude interpretarse como una obstaculización al aprendizaje. Recientemente, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, fue blanco de críticas al anunciar que el acceso a su servicio de internet estaría restringido, dejando de permitir el acceso en algunas de las plataformas más conocidas de streaming, redes sociales e incluso dispositivos electrónicos considerados de ocio. Esta decisión puso en énfasis una polémica sobre la línea delgada que existe actualmente entre la valoración de lo que es considerado una herramienta productiva y una meramente recreativa.
Este debate dicotómico no debería ser el centro de atención en el acceso o no de la tecnología en las aulas. El verdadero debate y el trabajo que deben estar realizando en este momento las academias debe ser el cómo integrar de manera efectiva las Tics, a fin de enriquecer el proceso educativo. Herramientas digitales como aplicaciones interactivas, simulaciones virtuales y plataforma de video tienen un potencial importante en convertir las aulas en espacios dinámicos y participativos. Además, el uso de estas herramientas dentro de las aulas propicia habilidades críticas y una óptica distinta de cómo se pueden emplear en la vida profesional.
A pesar de que existe ya una incorporación al mundo digital derivado de la pandemia, se sigue observando una resistencia tanto por personal docente como el mismo alumnado a mantener un apego a paradigmas tradicionalistas del aprendizaje. El propio Thomas Kuhn en su libro “La estructura de las revoluciones científicas”, menciona la necesidad de revisar los modelos existentes, cuando se presentan cambios estructurales. Y es que la tecnología no es una moda pasajera; es una transformación cultural que exige adaptabilidad y visión de futuro.
Abandonar los paradigmas actuales no es nada fácil, como dijimos anteriormente, incluso el propio alumnado considera que el uso de tecnologías o alternativas educativas modernas, no resultan viables, pero esto es solo una percepción, ya que en realidad se sigue considerando a los dispositivos electrónicos, como a las aplicaciones en simples herramientas destinadas al ocio, más que a las cuestiones académicas. Romper estos paradigmas significa un reconocimiento de que la educación actual no reside ya exclusivamente en el aula ni en los libros de texto.
La realidad es que vivimos en un ecosistema de información donde el aprendizaje es continuo, interactivo y muchas veces, autodirigido. Por lo que equilibrar e integrar las tecnologías en los diversos campos de las ciencias y fomentar su uso en las academias ayudará a brindar un simbolismo crítico en su aplicación.