Quizá usted se acuerde de ese legendario spot de televisión donde un ranchero se iba a la cima de la montaña y desde ahí le decía a su hijo adolescente "un día, todo esto será tuyo", la promesa sonaba hueca para el muchacho, puesto que el deseo inmediato era la 'trocona' del papá y entonces el puberto le contestaba "¿y la Cheyenne apá? Pues eso mismo sucede con México, la Cuarta Transformación que ha prometido un cambio radical en la vida de las y los mexicanos, una mejora sustantiva, una mejor calidad de vida, que, si bien ha llegado a cuenta gotas para grupos vulnerables, no es una solución de fondo para los grandes problemas de la gente.
Cada vez que veo a un adulto mayor pidiendo limosna en la calle o a un niño haciendo malabares con sus padres en los semáforos a cambio de unas monedas me pregunto ¿a todos ellos no les ha llegado la Cuarta Transformación o qué ocurre?
Hay muchas respuestas para esta interrogante, quizá la más lógica es que no es suficiente lo que el gobierno entrega y por eso tienen que seguir saliendo a la calle. Según los discursos políticos del oficialismo, hay 9 millones menos de pobres, pero esas cifras contrastan con la realidad que se ve en las calles de todo el país.
Seamos honestos, no ha cambiado nada. Como todo movimiento social, el único cambio significativo fue en una pequeña élite gobernante; quizá le cambió la vida a mil personas por estado que accedieron a un puesto público, una regiduría, una diputación o un puesto administrativo que antes de Morena no hubieran logrado nunca por otras vias. Es todo. La Cuarta Transformación se resume en el acceso al poder de una élite relativamente nueva para que todo lo demás siga igual.
La seguridad, la salud pública, los empleos dignos, la infraestructura de los municipios, la educación de calidad, todos son pendientes se quedaron en pausa, algunos empeoraron, otros quedaron igual, pero ninguno mejoró.
Por eso es lógico que el Gobierno Federal se haya concentrado en cambiar la percepción y abandonaron el trabajo para cambiar la realidad. El presidente AMLO se dedicó a crear una verdad propia, los expertos en comunicación le llamaron la posverdad, a manera de güasa la gente hace bromas con eso y dice "yo tengo otros datos". Este es el país en el que la realidad y el discurso político del gobierno están completamente divorciados. Lo que confirma que son iguales que los gobiernos anteriores.
En esa lógica, el complemento perfecto de la posverdad es la construcción del enemigo. Al principio, el villano fue el PRIAN, después la mafia del poder, luego el neoliberalismo. La fórmula es muy sencilla: quien no se rinda ante la retórica de la 4T es en automático adversario, por lo contrario, si un priista, panista o empresario se rinde ante el poder de Morena, entonces queda exculpado y cuenta con el manto protector del oficialismo, en esta dinámica la lista es inmensa.
Esa lucha de la 4T contra los "malos", fue escalando, al final del sexenio los perros del mal fueron los jueces. Entonces, los "malos" de la película están en el Poder Judicial, que es el único poder autónomo que no se doblegó ante AMLO. En la narrativa de la posverdad morenista, la causa de todos los males es por la falta de democracia en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la palabra clave fue "privilegios", con el dedo señalaron a mil setecientos jueces que ganan demasiado dinero.
La falacia, como siempre, suena lógica, sobre todo para una persona que tiene un sueldo de 6 o 7 mil pesos al mes, mientras un juez federal gana 20 veces más. Cuando se le pregunta a cualquier persona en México sobre la reforma judicial, la respuesta generalizada es "que bueno, porque ganan mucho" y "¿porqué les asusta la democracia?". Así ha vencido la demagogia sobre la razón.
Los expertos dicen que esta reforma judicial no mejorará el sistema de justicia, quedará igual o probablemente empeorará, es solamente un maquillaje discursivo, como el que han usado con la pobreza, con la violencia o con el pésimo sistema de salud pública.
En este tema hay dos grupos opositores, los partidos políticos no alineados, el PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano, que salieron a combatir la reforma judicial y el otro grupo son los empleados del Poder Judicial, quienes son los directamente afectados, pero ninguno de los dos grupos lograron legitimar su lucha ante la sociedad, por una parte. Los legisladores de oposición demostraron igual o más ignorancia sobre el tema, lo peor que hemos descubierto, a solo unos días de que comenzarán las actividades legislativas, no es solamente el poder absoluto que tiene Morena, ni el hecho de que hayan borrado las fronteras de la republicana división de poderes, no, eso no es lo peor, lo más terrible que demostraron los empobrecidos debates, es que no existe la oposición política en las cámaras, no están a la altura del momento histórico que les tocó vivir, esa es la tragedia sexenal que nos espera, sería mejor que todos se registraran en Morena y tener un partido único como en China o en Cuba, así habría más contrapesos internos, no como ahorita que no hay oposición ni adentro, ni afuera del gobierno.
El otro grupo que se opone a la reforma judicial, son los empleados del Poder Judicial, pero sus causas, aunque legítimas, están lejos de la mayoría de la población. Se han quedado solos o mejor dicho, siempre estuvieron solos, millones de amparos para evitar el abuso del poder durante más de cien años, no fueron suficientes frente a la decisión fulminante del poder absoluto que tiene AMLO y su sentencia inapelable: son privilegiados, hay que sacarlos porque le han hecho daño al pueblo. De pronto, los papeles cambiaron y el juez se convirtió en víctima del autoritarismo, pero no hay quien lo defienda y mientras esto ocurre, todos voltean a verse al espejo para revisar de qué privilegios goza, porque también vendrán por ellos.
Hoy, el último coletazo del obradorismo ha sido estridente, una auténtica batalla mediática en donde los mártires son los jueces y los héroes los traidores, pero en la posverdad de AMLO el mundo es al revés, los héroes son los incondicionales del poder hegemónico y los traidores son los jueces. En fin, la historia siempre la cuentan los triunfadores y esta inmensa cortina de humo oculta los grandes deficits que deja AMLO. En resumen, una jugada maestra.
Entre tanto, Morena ya ganó en las cámaras de legisladores la batalla legislativa, algo que no era matemáticamente posible, se convirtió en una final de fotografía, mañosamente diseñada para mantener a la oposición entretenida y al pueblo de nuevo darle esperanza con la promesa de que un dia habrá más justicia, un triunfo pírrico frente a las grandes carencias que sigue teniendo el país ¿y la violencia, y la educación, y la salud?
Y como decía el spot comercial ¿y la Cheyenne apá?