Mucho se ha dicho que “las molestias pasan, las obras se quedan” y esa debería ser nuestra realidad, puesto que las obras que benefician a los juarenses siempre serán bien recibidas, sin embargo, es triste ver como el bienestar social pasa a un segundo plano y con el objeto de adquirir mayor popularidad política se utiliza a instituciones que actualmente tienen a la ciudad hecha un caos.
En diferentes editoriales he preguntado ¿por qué se inician varios trabajos al mismo tiempo? ¿Qué no se dan cuenta de la afectación a la movilidad de los juarenses? ¿No sería mejor ir realizando una obra y al terminar la misma, iniciar con otra?
Sabemos que las licitaciones para cada obra son diferentes, y que las mismas se deben desarrollar en los plazos que para tal evento se plasman en los diferentes contratos, pero lo extraño es que, a pesar de ello, ninguna obra se termina en el plazo contratado, por el contrario, perduran con el tiempo y en ocasiones -como ocurrió con el puente eterno- su conclusión queda en el olvido.
Pudiésemos pensar de manera positiva y referir, están pagando a Juárez todo lo que se le debe, pero la realidad nos lleva a cuestionarnos lo que se realiza, por ejemplo: en las inmediaciones del centro de Ciudad Juárez, sobre diferentes arterias, se lleva a cabo una obra sin señalamientos presuntamente dirigida por la JMAS Juárez para el cambio del sistema de agua potable puesto que es muy viejo, pero el objetivo será beneficiar a la sociedad juarense, o solo a la construcción de la torre centinela; una de las zonas que más afectada se ve es la famosísima avenida Lerdo, esa que conecta con la línea exprés del puente internacional y que es considerada como una vía de tráfico concurrente ya que en horas pico se vuelve un verdadero caos, máxime a la hora y salida de las personas que laboran en dependencias municipales que se encuentran en dicha arteria vial.
De la misma manera, esta semana dio inicio la reposición del colector sobre el bulevar Cuatro Siglos, obra que, según los señalamientos que están sobre la misma calle, tendrá un costo de 67 millones de pesos y que, de nuevo, viene a generar estragos en la movilidad urbana, pues acaban de ingresar miles de estudiantes a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y requieren de esa vialidad para transitar, ¿acaso no se pudo programar para que la misma diera inicio en el periodo vacacional?
Insisto, no estoy en contra de las diferentes obras, estas son necesarias para poder elevar el nivel de Ciudad Juárez, pero he sido muy reiterativo en los diferentes artículos publicados en el sentido de que las dependencias deben mantenerse alejadas de la política, toda vez que, mientras más politizadas se encuentran menor es la efectividad del trabajo que se desarrolla o que se pretende llevar a cabo y actualmente es evidente que quien dirige la JMAS pretende buscar una candidatura a algún puesto de elección popular.
Lo anterior, me lleva a replantear el tema y a cuestionar si las obras que se realizan, tienen como objetivo servir a la sociedad juarense, o empezar a forjar un camino de articuladas estrategias políticas tendientes a mostrar el interés de una persona para gobernar esta gran ciudad, intentando ganar la simpatía de los juarenses, o tratando al menos de demostrar un interés pleno en el servicio público, pues resulta cuestionable el hecho de que, anteriormente en el área actual de trabajo, hayan existido hundimientos que fueron reparados y que, pareciera por esta obra, los trabajos no se realizaron con la calidad adecuada.
No estamos en contra de las obras en ciudad Juárez, por el contrario, se necesitan, la ciudadanía las exige, las requiere, pero también exige una agenda de coordinación que dañe lo menos posible la movilidad de quienes habitamos esta ciudad, y que su construcción se termine en los plazos previstos porque pareciera que todas las obras son infinitas, las ideas de las mismas requieren de una agenda de riesgos y retrasos, con la que se pueda actuar de manera preventiva para evitar los retrasos.