En las últimas semanas o días se ha venido difundiendo la noticia acerca de la posible utilización de una parte importante de los terrenos que comprenden el área del Parque Central en Ciudad Juárez para la construcción de un centro de convenciones. Al respecto ya se han dado algunas manifestaciones por parte de ciertos grupos de la sociedad civil que presentan una postura contraria a esta posibilidad, señalando su inconformidad y exponiendo sus argumentos. Asimismo, desde el discurso gubernamental estatal se ha expresado que aún no se ha tomado una decisión pero que en efecto dicha área es una posibilidad para tal proyecto. Sin duda este es un tema de gran relevancia para la sociedad juarense o lo debe ser principalmente por el amplio significado social que tiene la segunda área verde más grande (poco más de 45 hectáreas) de nuestra urbe.
Por un lado, llama la atención que ante la evidente carencia de espacios verdes y de vocación recreativa en este municipio fronterizo que tanto las necesita, desde la esfera gubernamental se prevea como una opción para la edificación de un centro de convenciones un espacio tan simbólico como el Parque Central. Sobre todo cuando, también es muy evidente, hay todavía tantos y grandes terrenos baldíos en la mancha urbana que bien podrían ser aprovechados para estos propósitos, inclusive como incentivo para profundizar los procesos de urbanización en zonas que todavía lo necesitan. Sin querer restar importancia a la construcción de este tipo de centros en el que es el municipio más determinante e importante del estado de Chihuahua, lo cierto es que en una región semiárida como en la que nos encontramos es fundamental el desarrollo y conservación de áreas verdes que contribuyan significativamente a la contención de la contaminación inexorable del crecimiento industrial tan característico de nuestro municipio. Maxime en nuestra época marcada por una crisis climática de la cual ya hemos sufrido varias de sus manifestaciones virulentas.
Si pretendemos ser políticamente correctos, objetivos, lógicos y, sobre todo, estar acorde con los signos de los tiempos, esa opción debe de eliminarse de la lista de posibilidades. Inclusive, en el terreno de la legitimidad política de los gobiernos en turno, debe reconocerse que este tipo de decisiones afectan adversamente la plausibilidad de su permanencia al frente del proceso de toma de decisiones. Es muy temerario pensar que la mayoría de las y los juarenses podrían estar de acuerdo con ceder parte del terreno que comprende el Parque Central para la creación de un centro como el que se pretende. Este parque es uno de los muy pocos símbolos de masas —como dirían los antropólogos— con los que se cuentan y empezar a desmontarlo en términos de su vocación recreativa definitivamente tendrá un elevado costo político para quienes hayan tomado una decisión como esta.
Las y los juarenses, infantes, jóvenes, adultos y adultos mayores se apropian y disfrutan de este valioso espacio natural de muy diversas maneras, haciendo del parque un lugar de recreación integral que va desde el ejercicio físico, la convivencia familiar, la competencia deportiva hasta las expresiones culturales de distinta índole. Empezar a redefinirlo para otros propósitos diferentes a su esencia natural u original, difícilmente será bien apreciado por la mayor parte de la sociedad juarense. Por el contrario, lo que prevalece en la comunidad que ha hecho de este espacio parte de su vida cotidiana como un lugar de descanso o una alternativa para distanciarse, al menos por un momento, de la intensa actividad diaria que implica vivir en esta parte de la frontera norte de México, es la necesidad apremiante de mejorar todavía más las actuales condiciones que caracterizan al Parque Central. Hacer de este lugar uno de los más bellos de Juárez promoviendo una política de mantenimiento y conservación constante en la que, desde luego, tengan un rol clave los propios usuarios del parque, quienes se comprometan al cuidado y respeto de las áreas verdes que concentran la distintiva flora y fauna que hacen del lugar su propio hábitat.
Finalmente, este tipo de decisiones deben tomarse siempre al fragor de un proceso democrático que tome principalmente en cuenta a las y los ciudadanos. Los gobiernos, aunque en teoría representan a los diversos sectores de la población, deben apelar en todo momento a la percepción y opinión ciudadana sobre los asuntos y las decisiones que se traten y se tomen. Es un imperativo ético-político el no olvidar que hoy en día, México, Chihuahua y Juárez en particular tienen un pueblo cada vez más consciente, reflexivo, crítico y vigilante debido en gran parte a la apertura sin parangón de los medios informativos y de comunicación. La brecha entre la clase política y la ciudadanía o pueblo se cierra cada vez más en aras de una representación más verídica donde cada político sea en verdad una síntesis de los sectores a los que representa. El Parque Central es un símbolo para los juarenses, lo consideramos nuestro y como tal cualquier cambio o transformación que sufra y en donde no se tome en cuenta nuestro parecer como usuarios y ciudadanos muy probablemente será tomado como un agravio cuyas consecuencias se evidenciarán, como muchas otras cosas, en lo político electoral. Juárez necesita más áreas verdes y no restarle a las pocas que existen.