A lo largo de este 2025, múltiples notas se han publicado relacionadas con el fatídico evento del día 5 de enero de los corrientes, donde un elemento de la policía del estado acciona su arma de cargo hacía un vehículo en movimiento, arrebatando la vida de uno de los tripulantes del automotor y lesionando a otro de los pasajeros.

La gran mayoría de las notas, relatan y cuestionan el actuar del elemento policiaco dividiendo opiniones entre los lectores, algunos hacen referencia a la falta de actuación con base en protocolos, otros a la falta de capacitación y algunos más se enfrascan en el actuar por parte de las víctimas.

Asimismo, a lo largo de esta semana, se ha dado a conocer por diferentes medios noticiosos, que actualmente, la familia del servidor público denuncia que ha sido objeto de múltiples amenazas por parte de familiares y amigos de la persona que perdió la vida.

Lo anterior, es un llamado que invita a analizar la importancia que tiene en nuestro diario vivir, la salud y el bienestar mental, elementos básicos que sustentan y demuestran las capacidades que se encaminan a la toma de decisiones, así como al actuar razonado de la conducta humana, atendiendo a las actividades cotidianas y a las relaciones que en determinado momento una persona puede tener.

Los integrantes de las instituciones de seguridad pública, constantemente, dadas sus tareas como policías, se encuentran sujetos a una serie de actos que, poco a poco, van en detrimento de esa salud mental y se acumulan al grado de evitar la aproximación con la sociedad, evento contrario a la proximidad que debe predicarse dentro de las instituciones encaminadas a la seguridad.

Esto se ocasiona no solo por los diferentes eventos que los policías, en ejercicio de sus funciones, llegan a presentar, recordemos que, como personas, también enfrentan una serie de problemas personales que no son tratados y que muchas de las veces no son detectados a tiempo, tal es el caso de los conflictos que afectan la seguridad humana del policía y que lo hacen alejarse de las personas con las que solía convivir, otro caso son los problemas económicos que lo hacen ensimismarse en lo que realizan y que lo llevan a presentar problemas de sueño y/o insomnio que, a su vez lo hacen mantener niveles bajos de energía.

No pretendo justificar acción alguna, eso corresponde a la autoridad judicial, el evento a que he hecho referencia al inicio del presente artículo solo lo traigo a colación para poder cuestionar: ¿cómo se encuentra la salud mental de los encargados de servir y proteger? ¿Qué tipo de estrategias se han diseñado para que nuestros policías puedan acceder al derecho humano a la salud metal?, mismas que como consecuencia permitirán que se otorgue un servicio de calidad, pues permitirán que el profesional de la seguridad pueda desempeñar su labor de manera adecuada.

En México, tenemos la mala creencia de que, al psicólogo, solo acude aquella persona enferma de sus facultades mentales y no identificamos los diferentes trastornos de salud mental como lo es la ansiedad, la depresión, el estrés laboral, los problemas de sueño, es decir, todo aquello que poco a poco se va juntando y que en determinado momento llegaremos a sacar a través de un exabrupto que difícilmente se puede controlar.

Mi exhorto en este artículo se encamina a crear una cultura sobre el cuidado de la salud mental, pues todo aquello que no nos permite vivir con normalidad, genera enfermedades que, a la larga, será complicado erradicar de nuestro organismo, a quienes dirigen a nuestros policías, los invito a poner mayor énfasis en el cuidado de la salud de quienes integran a las instituciones de seguridad pública de los tres niveles de gobierno, no permitan que las y los policías dejen de cuidar su salud emocional, en ellos recae gran parte de la seguridad de la sociedad.