¿Quién no ha probado una Big Mac? Este icónico sándwich de McDonalds es tan conocido en el mundo como los burritos de chile relleno en Juárez, válgame la comparación, quizá a algunos no les parezca prudente porque pertenecen a géneros que, aunque próximos, cuentan con diferencias específicas en el mundo de la fastfood, si usamos el método clásico para determinar la identidad de una cosa. Aunque una Big Mac no es una cosa común, más bien es un efímero bocado que se degusta con los sentidos, pero también con la memoria, porque hay de Big Mac´s a Big Mac´s, los expertos dicen que no es el mismo sabor que tienen en El Paso o en Juárez porque, aunque la cadena de comida rápida persigue estándares para que el sándwich tenga la misma receta, los proveedores no son los mismos, el proceso no es igual, lo que demuestra que hasta la globalización tiene sus límites, en este caso, es un sabor distinto prácticamente imperceptible para el paladar común, pero resulta sustantivo para un sommelier de las Big Mac´s. Si hacemos un análisis serio, la pretensión de repetir una receta exactamente es imposible, ni un restaurante con estrellas michelin lo logran; la producción en masa de comida rápida no logra la homogeneidad por más que cuente con un proceso tayloriano de tiempos y movimientos, así como la uniformidad de los ingredientes y la exactitud de los tiempos -que es la fórmula para intentar la añorada estandarización, que sin duda se logra en cierta medida, pero no a la perfección-; sin embargo, con esos presupuestos funcionan las franquicias de negocios, con la idealización de un estándar, así, la marca ha llegado a más de 36,000 McDonalds en más de 100 países, según datos la página oficial de esta empresa transnacional, una de las más longevas insignias de los Estados Unidos y que han tenido mejores resultados que el ejército gringo, puesto que se han posicionado en el mundo usando una hamburguesa para abrir las puertas de cada país. Pero no solo es una cuestión del sazón de la comida, existe un índice de Big Mac, el costo del famoso sándwich es usado por los economistas para observar, año con año, cuánto cuesta en cada país y esto sirve para evaluar la paridad adquisitiva, así, para el 2024, el costo más alto lo tenía Suiza, con 8.17 dólares americanos y el más bajo Taiwán con 2.39 dólares, en el caso de México, estamos a la mitad de la tabla con 5.19 dólares, lo que nos lleva a otra reflexión, no son los mismos insumos, no es el mismo proceso, ni es el mismo precio, como dice la canción “cambia el más fino brillante, de mano en mano su brillo”. Pero dejemos a un lado las cuestiones cuantitativas, aquí lo más importante es el sabor, vayamos a algo que es completamente subjetivo y, por lo tanto, es un criterio individual, mi papá por ejemplo, decía que su gusto por la Big Mac era por el aderezo. Solo de pensarlo “se me hace agua la boca”, quizá a usted, que ha llegado hasta esta parte de la lectura, también se le hayan activado las papilas gustativas. Aquí viene lo interesante, la anatomía del Big Mac es relativamente sencilla, según Wikipedia, McDonalds anunciaba en la década de los ochenta este sándwich con los siguientes ingredientes: “Dos hamburguesas de carne, salsa especial, lechuga, queso, pepinillos, cebolla y pan con semillas de ajonjolí. Hacen el sabor del Big Mac”. Regresando a mi papá, siempre, invariablemente, tomaba su Big Mac, le quitaba el pan de la tapa -la que tiene ajonjoli-, luego con el cuidado de un cirujano tomaba el pan de en medio y la carne de arriba, para darle vuelta y convertir la Big Mac en un sandwich igual, pero sin uno de los panes. La gran pregunta es ¿porqué hacer eso?, ¿lo harán en todo el mundo?, ¿es algo raro o es normal?, ¿en cuántos lugares más lo harán?, demasiadas preguntas, pero sobre todo, ¿porqué una persona compraría una y otra vez Big Mac´s durante toda su vida para siempre quitarle un pan y porqué el de arriba, porqué no el de en medio?. Hace unos días, platicando con un amigo, salió el tema y le dije ¿a poco tu también le quitas el pan a la Big Mac? Su respuesta fue afirmativa en un tono de obviedad, casi, casi, era como si le hubiese preguntado si creía que el mundo era redondo, “por supuesto que le quito el pan, el de arriba” me dijo sin dudarlo. Con cierta timidez, contesté que yo también, pero ahora pienso que así debe ser. No es racional quitarle un pan, no hay una regla sobre eso, ni tampoco se necesita, es de esas cosas que simplemente así son, así se come un Big Mac. Quizá sea un rasgo de identidad fronteriza o una recurrente conducta global, no lo se, pero estoy seguro que, entre las miles de variables, si hay una forma correcta de comer una Big Mac y es quitarle un pan. Así es como funciona la vida, cada quien decide como vivirla, ese es el ejercicio del derecho a decidir que todos tenemos.