Desde mediados del siglo XX, la influencia de Estados Unidos en el mundo es innegable. Las decisiones que adopte ese país afectan de forma directa a millones de personas que viven fuera de sus fronteras, pero dentro de su ámbito de influencia. Estados Unidos es el principal socio comercial de la mayoría de los países latinoamericanos, y es el principal socio comercial de Alemania, entre otros.
Sin embargo, la política exterior no se debe conducir únicamente en función de los mercados. Estados Unidos es una potencia militar y cultural en el mundo. Por ello es que el mundo está atento a la toma de protesta del segundo mandato de Donald Trump el día de mañana.
En 2016 Donald Trump sustentó su campaña política en una retórica antiinmigrante, conservadora, y (supuestamente) a favor de la empresa. Trató de repetir la fórmula en 2020 (sin éxito). En 2024 las cosas no fueron muy distintas, pues Trump (versión 2.0) volvió al ataque de los inmigrantes, de China y de otros temores colectivos de la sociedad norteamericana, alzándose así con el triunfo en noviembre pasado.
Es importante decir que el electorado por algo no quiso a Trump en 2020. Una serie de escándalos que se fueron destapando durante y después de su primera administración confirman que la decisión del electorado en 2020 fue la correcta. Varios excolaboradores de Trump terminaron en prisión por distintos cargos por delitos cometidos durante su gestión. El mismo Trump es un convicto por los delitos que le acusaron en el escándalo de la actriz pornográfica Stormy Daniels. Igualmente, se le acusó de incitar a la rebelión del 6 de enero de 2021, y de tratar de incidir en el Departamento de Justicia y con potencias extranjeras para acusar al hijo de Joe Biden de tráfico de influencias. Sin embargo, el electorado decidió perdonarle todo eso y llevarlo de nuevo a la Casa Blanca para convertirlo en el presidente número 47 de Estados Unidos.
Arturo Sarukhan, exembajador de México en Estados Unidos ha sostenido que Trump sigue siendo un peligro para la relación bilateral. Sostiene que aunque en su primer mandato a México no le fue tan mal como se preveía, en esta ocasión las cosas serán distintas.
Trump llega en un escenario muy distinto al de hace cuatro y al de hace ocho años. En aquel entonces, Rusia no había invadido Ucrania. En Medio Oriente, si bien siempre ha habido conflictos, no se encontraban en un momento tan complicado (desde la óptica bélica) como se encuentran ahora. La influencia de China en el mundo, si bien ya se vislumbraba, no era tan tangible como lo es ahora. En Canadá (uno de sus principales aliados) gobernaba Justin Trudeau, quien justamente este año deja el poder ante el proceso electoral que se avecina.
Respecto a México, gobernaba Enrique Peña Nieto. Fue con él y con Trudeau con quien pudo suscribir el TMEC, acuerdo que ahora pretende reformar y en cierta forma desconocer. Posteriormente, asumió el poder Andrés Manuel López Obrador dando así paso a una de las etapas más entreguistas de las que se tenga memoria en la relación con Estados Unidos.
Ahora, Trump coincidirá solo unos meses con Trudeau, y le tocará tratar con Claudia Sheinbaum. La relación bilateral con Estados Unidos no se encuentra en su mejor momento, a pesar de los esfuerzos del gobierno mexicano, mismos que se dan únicamente en la narrativa, no en las acciones.
En los hechos, la desaparición de los órganos constitucionales autónomos viene a ser una mala calificación para México frente a Estados Unidos pues es desconocer acuerdos asumidos por el TMEC, y que garantizan la certidumbre a la inversión extranjera (principalmente norteamericana) en México.
Por otro lado, el tema de la seguridad ha sido un punto delicado en la relación con el nuevo gobierno. Trump lleva meses amagando con imponer aranceles si México no detiene el flujo de fentanilo y drogas a Estados Unidos. Incluso ha deslizado la posibilidad de llevar a cabo intervenciones militares en territorio nacional. Ante esto, la 4T lo único que se sigue preguntando es cómo se llevaron al Mayo Zambada. Ahí se ven las prioridades que tienen.
Igualmente, México está presionado por el vecino del norte para detener el flujo de migrantes. Parece que esto es en lo único en lo que México manda señales al norte pues las autoridades migratorias parecen estar deteniendo en la frontera sur las multitudes de gente que quiere llegar a Estados Unidos.
Es decir, de los tres grandes temas en los que descansa actualmente la relación bilateral, México solo ha cumplido con uno: el impedir el flujo de personas. Respecto al fentanilo, la violencia y la certeza jurídica, México ha quedado a deber a Estados Unidos.
Entiendo que desde la retórica nacionalista, México debe hacer lo que considere lo mejor para el país sin tomar en cuenta otras opiniones. Sin embargo, desposeernos de un sistema de justicia imparcial y eficaz, y ser omiso en el combate al crimen organizado no es algo bueno para nosotros. Quien se envuelva en la bandera patriótica en estos temas simplemente estará tratando de ocultar la enorme deuda que tiene este gobierno para con su gente.
Ante la presión de Estados Unidos, los apologistas de los gobiernos de la 4T se envuelven en la bandera sin darse cuenta que están avalando ineptitud, corrupción y colusión del gobierno con el crimen organizado. Es lamentable que sea un gobierno extranjero el que presione al gobierno mexicano para cumplir con el deber que tiene de brindar seguridad a los mexicanos. Sin embargo, las cosas son así.
Por lo pronto, las amenazas de aranceles a las exportaciones mexicanas a Estados Unidos han sido uno de los temas más delicados. Estimo que si se llega a detener ese disparate comercial será a la gestión y al lobbying que empresas americanas hagan ante su propio gobierno, demostrando que quien resultará afectado es justamente el consumidor norteamericano. Al margen de cómo se llegue a ese punto, México respirará en caso de que esto suceda de esa forma.
Ahora bien, otro de los temas que afecta directamente a México es la redada masiva de ilegales que planea Donald Trump para el próximo martes, justo un día después de rendir protesta. Según trascendió en una nota del Wall Street Journal, la administración entrante estaría enviando doscientos elementos a Chicago para deportar ilegales. Es conocido por todos la enorme presencia de mexicanos en esa ciudad.
Ante este riesgo, el gobierno mexicano dice que está actuando. El secretario de Economía Marcelo Ebrard ha elaborado un plan para dotar de empleo a los miles de ciudadanos mexicanos que pudieran ser deportados a México. Sin embargo, sin el afán de ser pesimista, me resulta complicado creer que se podrá atender una eventual contingencia como esa. Si nuestros compatriotas se fueron de México fue justamente porque no había condiciones económicas favorables aquí. ¿De un momento a otro ya se solucionaron los problemas?Entiendo que los gobiernos deben actuar con las herramientas que tengan al alcance. Sin embargo, no se ha visto el diseño de una política económica o industrial que pudiera generar los empleos que se requieren, primero para los mexicanos que se encuentra desempleados, y segundo, para los mexicanos que eventualmente serían deportados.
En el momento histórico en el que nos encontramos, cuando el nearshoring es la palabra de moda, el gobierno mexicano está haciendo absolutamente todo lo que tiene a su alcance para ahuyentar la inversión. Como usted podrá ver, estimado lector, no hay nuevas empresas llegando a la ciudad.
¿Acaso piensan inscribir en los programas sociales a todos los compatriotas deportados? ¿De dónde saldrán los recursos para sufragar estos gastos? ¿No sería mejor generar condiciones para la inversión y que se generaran los empleos necesarios?
Si bien Trump es un político errático, la única responsable de lo que suceda en México será la Presidente Claudia Sheinbaum. No podemos repetir la cantaleta que los comunistoides llevan años repitiendo en el sentido de que la crisis en Cuba y Venezuela se debe a Estados Unidos. Cada país es dueño de su destino. En el caso de México, en junio pasado, una mayoría electoral irresponsable fue quien decidió el destino de la totalidad de los mexicanos.