Desde la antigua Grecia hasta la modernidad, el ser humano ha reflexionado sobre la armonía entre el trabajo, el descanso y el placer, es así que el “padre de la virtud”, Aristóteles concebía la eudaimonía—la felicidad plena—como el equilibrio entre la virtud, la contemplación y la acción. Hoy en día, esta búsqueda de equilibrio sigue existiendo.

En este sentido, se puede decir que la vida se divide en tres periodos diarios siendo; ocho horas de descanso, ocho de esparcimiento y ocho dedicadas al trabajo. No es un simple esquema aritmetico, es una realidad que define el bienestar de las personas, ya que, si una de estas partes se ve afectada, todo el equilibrio se corrompe, de ahí la importancia de valorar el entorno laboral como un factor determinante de la salud mental y el desarrollo profesional de cualquier individuo.

En México, la NOM-035-STPS-2018, mejor conocida como NOM-035, establece la importancia de identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial en el trabajo, estableciendo así, una exigencia normativa que busca evitar que el entorno laboral se convierta en un espacio de hostilidad, acoso o desgaste emocional.

Un claro ejemplo de ello se observa en algunos tribunales del Poder Judicial del Estado de Chihuahua, particulamente en nuestro distrito judicial, en donde la convocatoria para la integración del nuevo sistema de justicia ha puesto en evidencia las deficiencias estructurales para impedir un ambiente laboral enrarecido por una toxicidad asfixiante, un clasismo arraigado, un autoritarismo desmedido y un abuso de poder descarado.

No tengo duda que los tribunales jurisdiccionales deberían ser espacios de racionalidad y justicia, sin embargo, alguno de ellos se encuentran como campos de batalla donde algunas personas juzgadoras han optado por invalidar la legitimidad de quienes les acompañan en la elección como pares, es así que, secretarios proyectistas, secretarios de acuerdos, administradores y otros funcionarios judiciales se ven constantemente deslegitimados por aquellas personas que, cegadas por un erróneo sentido de supremacía, consideran que la autoridad jurisdiccional les confiere un monopolio sobre el tribunal y su permanencia en el.

Dichas actitudes van más haya que un ejercicio de jerarquía institucional, sin duda, tales actitudes reflejan un complejo de inferioridad arraigado. Quienes, al saberse incapaces de competir en un proceso democrático de elección, buscan reafirmar su poder mediante la humillación y la imposición autoritaria dentro de sus juzgados, actitudes que son un síntoma de inseguridad profesional y claro, una violación directa a los principios de convivencia laboral y una transgresión a la normatividad vigente.

En este sentido, no lo podrá creer al leer pero, una de las estrategias -frecuentes- de estas personas juzgadoras para marginar a quienes legítimamente desean competir por una posición dentro del sistema judicial es el llamado ghosting, que en palabras de mi generación y seguramente de la suya, era; “aplicar la ley del hielo”, es decir, dejar de hablar.

Dicha táctica de exclusión laboral genera un ambiente de hostilidad extrema y constituye un claro atentado contra el derecho a la igualdad de oportunidades en la función pública. La omisión deliberada, la indiferencia y el silencio sistemático se convierten en herramientas de control para desmoralizar y desgastar a quienes aspiran a integrarse al servicio judicial bajo los principios de mérito y profesionalismo.

No se puede soslayar el tema, ya que, el hostigamiento laboral no es un asunto menor, porque su base no se encuentra en diferencias de criterio ni de conflictos administrativos, sino de una práctica sistemática que merma la eficiencia de los tribunales y erosiona la confianza en la justicia. La independencia judicial no se construye sobre el aislamiento ni sobre el desprecio a quienes integran el engranaje judicial, todo lo contrario, se fortalece a partir de la colaboración, el respeto y el reconocimiento del valor de cada uno de los actores que hacen posible la función jurisdiccional.

Desde aquí, todo nuestro apoyo a todas aquellas personas que han sido o se encuentran en el proceso de víctimas de aquellas personalidades acomplejadas de sus compañeras y compañeros de trabajo. Esperemos que esta coyuntura establezca la pauta para que estas prácticas nocivas lleguen a su fin y que, en su defecto, quienes las perpetúan sean finalmente desplazados del sistema jurisdiccional de Chihuahua. Esta reforma, entre otras cosas, brinda la oportunidad de deshacerse de aquellos perfiles que han convertido la impartición de justicia en un espacio de egos y hostilidades, en lugar de un verdadero servicio a la ciudadanía.

Por úlitmo, es dable recordar que la justicia no solo se imparte en las sentencias, sino también en el trato cotidiano: el respeto y la dignidad en el entorno laboral son tan esenciales como la independencia judicial, porque esas ocho horas de trabajo representan una tercera parte de nuestra vida no tengo duda que no se puede aspirar a una justicia equitativa si quienes la imparten conviven en un ambiente de hostilidad y exclusión.