Jean-Paul Sartre decía que somos libres para elegirnos. No solo una vez, sino a cada instante. Cada decisión que tomamos, incluso bajo presión, incluso bajo la lluvia, habla de quiénes somos y en quiénes nos estamos convirtiendo.
Estos días de lluvia en Ciudad Juárez han sido una prueba más de ello. También fueron una prueba de carácter, de comunidad, de esperanza y de resiliencia.
Caminar por colonias donde el agua alcanzó las rodillas me dejó una mezcla de emociones. Dolor, sí. Coraje también. Pero, sobre todo, orgullo. Orgullo de ver a una ciudad que, lejos de rendirse, se organiza. Que no espera a que le digan qué hacer, sino que actúa.
Vi a señoras abriendo paso con escobas, a jóvenes empujando vehículos varados, a niños con botas grandes recogiendo lodo, a vecinos compartiendo comida caliente. Vi también a personal municipal, cuerpos de emergencia y brigadas ciudadanas entregadas, sin horario y sin descanso. Destaco, en especial, al equipo de Desarrollo Social, que estuvo presente en distintos puntos de la ciudad apoyando a las familias afectadas. Porque en momentos como estos no existen jornadas laborales: existe la entrega total de las y los servidores públicos del municipio.
Sin duda, necesitamos estar cada vez más coordinados entre los distintos niveles de gobierno ante este tipo de emergencias. Pero, sobre todo, necesitamos reconocer el valor de cada persona que, con voluntad, dio un paso al frente para ayudar.
Eso es Juárez: una ciudad que elige no quebrarse. Que se moja, se ensucia, pero sigue de pie.
Lo que vivimos esta semana también nos recuerda algo fundamental: que somos un pueblo resiliente. Que aún en medio de las peores circunstancias, las y los juarenses elegimos salir adelante. Que no nos rendimos, que trabajamos, que nos organizamos y que nos cuidamos entre nosotros.
Porque, aunque no todos nacimos aquí, muchas y muchos elegimos esta tierra como nuestra. Porque nos ha dado trabajo, nos ha dado comunidad y nos ha enseñado el valor de resistir juntos. Juárez se lleva en la piel, pero también en el corazón. Y cuando duele, duele como propia. Por eso luchamos por ella, la defendemos y buscamos mejorarla día con día.
Las lluvias nos dejan claro que no basta con resistir. Tenemos que transformar. Pensar en una ciudad que planee a futuro, que construya con justicia, que no deje a nadie atrás. Elegirnos también es exigir. Exigir políticas públicas que respondan a la realidad climática, a la desigualdad, a la precariedad. Y al mismo tiempo, elegirnos es tender la mano, estar para los demás, incluso cuando estamos cansados.
Cada juarense que actuó, que ayudó, que sostuvo, eligió algo muy valioso: eligió humanidad. Eligió comunidad. Eligió esperanza.
Y eso, al final, es lo que más necesitamos: recordarnos que incluso cuando todo parece colapsar, somos capaces de salir adelante. Porque aquí, en esta frontera, seguimos demostrando que la dignidad no se ahoga con la lluvia.
Yo, en lo personal, seguiré eligiendo a Juárez. Porque aquí está mi causa, mi gente, mi convicción. Porque aquí, cada paso que damos, por pequeño que parezca, es parte de una gran transformación colectiva.