¿Dónde están los empresarios? ¿Dónde están los organismos que juraron defender la iniciativa privada, la libre empresa y el futuro productivo de este país?
Porque hoy, en México, el empresariado no pesa, no influyen, no incomoda y peor aún: no habla.
Estamos viendo cómo se derrumba el estado de derecho, cómo se militariza la vida civil, cómo se reprime al que disiente, cómo se acorrala al pequeño empresario, cómo se chantajea al mediano, y cómo se usa al grande como escaparate político... y nadie dice nada.
Los organismos empresariales nacionales, antaño voz crítica y brújula económica del país, hoy se han convertido en oficinas de relaciones públicas. Las cúpulas que antes alzaban la voz frente a decisiones irresponsables, hoy parecen más preocupadas por no incomodar al poder político que por defender el aparato productivo.
¿Dónde están los datos duros? Aquí van algunos:
La inversión extranjera directa cayó 4.3% en 2024, según la Secretaría de Economía.
La inversión fija bruta (infraestructura y maquinaria) lleva más de dos trimestres en retroceso.
La informalidad ya abarca 6 de cada 10 mexicanos económicamente activos. Ahora el empleo formal, se volvió un privilegio.
Y de los 5 millones de empresas en el país, el 97% son microempresas sin acceso a financiamiento real, a mercados globales ni a políticas públicas que las respalden.
¿Y mientras tanto?
Los empresarios que podrían incidir en el rumbo del país están silentes, fragmentados o entretenidos en eventos de networking.
La pregunta es seria: ¿Cuál es la función real del empresariado en este momento del país?
El empresario también debe evolucionar, porque los retos son distintos. Antes como decía mi papá ¨el empresariado tiene que pagar impuestos, generar empleo y ganarse una lana¨. Pero ahora, el empresario no es negociar, no es vender, o ser un empresario por una oportunidad que se puso de moda.
Si el poder económico no se convierte en poder moral, en contrapeso cívico, en voz articulada, vamos a perderlo todo, y perderlo rápido.
La historia lo demuestra: Cuando las élites económicas abandonan su responsabilidad pública, los vacíos los llenan populismos, autoritarismos y violencias.
Mírese el caso de Argentina: la debacle del empresariado frente a gobiernos clientelares. O Venezuela, donde el silencio del capital lo volvió cómplice. O más cerca: el México de los años 70, cuando la expropiación y el control estatal del aparato productivo nos costó dos décadas de atraso.
Y la frontera… la frontera lo está viviendo ya. Hay una falta de visión de desarrollo económico en las fronteras, es urgente la diversificación de la economía.
El desarrollo de proveeduría de insumos directos debiera de ser la principal estrategia de desarrollo. Por ejemplo, las maquiladoras que han sido pilares en el desarrollo económico de estas regiones fronterizas, como Ciudad Juárez, hoy enfrentan extorsión regulatoria, bloqueos, apagones, y terror fiscal, mientras los empresarios siguen esperando que “alguien más” alce la voz y se resuelvan los problemas. Pero esa voz nos corresponde a nosotros, los empresarios.
Lo que viene en el corto plazo, si esta tendencia continúa, no es una exageración: Aunque sigan promoviendo como única opción la inversión extrajera directa habrá menos inversión, mayor huida de capitales, un sistema judicial sin dientes, más extorsión del crimen a las empresas y un empresariado que se volverá intrascendente, como ya lo es en muchos estados donde el poder real lo tiene la violencia o la política corrupta.
Y aún hay quien pregunta por qué la gente ya no cree en los organismos empresariales.
La respuesta es simple:
Porque no participamos, porque dejamos de pelear, porque dejamos la visión de desarrollo en manos de otras personas, dejamos de proponer proyectos para el desarrollo del país, olvidamos que ser empresarios, también es un acto político.