El fin de semana pasado, tuvo lugar en nuestra frontera el evento taekwondista denominado “Round Robin Pedroza Ply”, el cual contó con la participación de más de mil 300 deportistas; y fue organizado por el reconocido atleta juarense Francisco Pedroza Luna, quien ha sido dos veces deportista del año en nuestra ciudad; atleta paraolímpico en Tokio 2020, bronce en US Open del 2019, plata en los Juegos Parapanamericanos de Lima (celebrados también en el 2019), además de ser profesor de muchas futuras estrellas juarenses en este deporte.

El intercambio y la gran cantidad de eventos locales y regionales que se desarrollan en nuestra ciudad en torno a esta disciplina, han logrado una constante mejora deportiva en nuestros niños taekwondoínes, al grado de llevar a Chihuahua a ocupar el primer lugar en el ranking nacional en categorías infantiles en todo México, ya que el año pasado la delegación chihuahuense de taekwondo consiguió 40 medallas en el torneo nacional que se llevó a cabo en Zacatecas, de las cuales, 32 fueron para niños y niñas juarenses.

Más allá de la gloria que representa este primer lugar a nivel nacional para nuestra ciudad, es lo que hay detrás de este importante logro, lo que me gustaría compartir con los estimados lectores y lectoras de esta columna, por el importante legado que las escuelas y academias de taekwondo le están otorgando a nuestra sociedad, en la formación integral que brinda esta disciplina a quienes la practican.

En un mundo en el que la falta de valores y el exceso de distractores, pueden desviar a las nuevas generaciones, el taekwondo representa una luz en el camino para mantener a nuestros hijos en actividades que sumen a su formación, pues es un arte marcial muy completo tanto en el aspecto físico, como formativo, porque no solo crea competidores, sino infancias con valores, personas íntegras, comprometidas con su comunidad.

Desde el primer día que mi hija Victoria llegó a su clase de taekwondo, supe que habíamos llegado al lugar correcto, para complementar su formación académica por los hábitos que empezaron a fomentar en ella, como: Llegar a tiempo a clase, con su uniforme completo y limpio; hacerse cargo de su equipo de protección; ser constante en sus clases; respetar al profesor y a sus compañeros de mayor grado, y ser solidaria con los de menor grado,porque todos forman parte de la misma comunidad.

Como madre de familia, valoró de una manera invaluable, el que constantemente les están recordando que un verdadero taekwondoín, es una buena persona, un buen estudiante, un buen hijo, alguien que contribuye y suma a su entorno, porque son esos valores, los que de por vida acompañarán a nuestros jóvenes en el ámbito en el que decidan desarrollarse.

Es fundamental, que en la construcción del tejido social, se fomente en las infancias y juventudes, la práctica del deporte, no sólo como una actividad que contribuye a su sano desarrollo, sino como un eje transversal, que junto con el acceso a la educación, son la principal herramienta para prevenir la deserción escolar, y para la construcción de una cultura de la paz, porque los aleja de su implicación con actos criminales o de abuso de drogas.

En este sentido, a través de las redes sociales de nuestro alcalde, he constatado que la administración municipal de Ciudad Juárez, se ha constituido en un aliado de las juventudes, por el reconocimiento público del que son objeto nuestros deportistas cada vez que suman medallas a nuestra frontera, pero sobre todo, por la gran cantidad de espacios públicos que se han rescatado en las colonias, dotándolos de opciones deportivas accesibles y espacios abiertos para la práctica de actividades físicas, así como en la promoción de eventos deportivos como la lucha libre y espectáculos de box, la construcción de canchas públicas de fútbol, y el apoyo constante a las ligas de baseball, pero sin lugar a dudas el logro que destaca en mayor medida, es la reciente inauguración del estadio ocho de diciembre.

Es momento de que le apostemos al deporte,como intervención del tejido social para la construcción de la paz, porque su práctica promueve cohesión social, inclusión y salud física y mental; así como la eliminación de estereotipos de género, que generan discriminación y violencias. Formemos en las futuras generaciones, valores que impacten positivamente en la convivencia social.

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