El administrador del Club Campestre al menos durante una década, Eduardo M. M. evidentemente nunca ha tratado con policías de investigación ni con agentes del Ministerio Público. Juega con su inteligencia, por decirlo de la mejor manera.

Los elementos de la Fiscalía zona norte andan a nada de extraer la verdad completa sobre el escándalo del siglo que golpeó en febrero al Campestre con la “bomba” de que su manejador de cuentas bancarias sustrajo ilegalmente varias cantidades durante más de medio año hasta completar la modesta fortuna de 21 millones y medio de pesos. Poquito más de un millón de dólares.

Sergio Guzmán Castañeda, presidente del Consejo de Directores de la institución privada, admitió públicamente con la cara llena de vergüenza el hecho y dio a conocer mediante comunicado, (sin fecha, en febrero) que “hemos formulado la denuncia penal pertinente en contra del responsable con el fin de resguardar los intereses de los socios”.

Tal información no dejó nada satisfechos a los nuevos integrantes del Consejo de Directores porque en aquel momento hubo la promesa de transparentar estados financieros. No tuvieron datos de siquiera una ficha de traspaso.

Su paciencia terminó el viernes y sin mayores contemplaciones destituyeron a Guzmán y a su tesorero, irán por toda la información, la encontrarán, y la sumarán a las investigaciones de la Fiscalía para continuar el proceso penal respectivo. Recuperarán el dinero o uno y/o varios irán a la cárcel.

“Beto”, como le llamaban con afecto al administrador los cerca de mil agremiados al Club, ha pretendido ganar tiempo haciéndose el ingenuo, dosificando al mínimo la información sobre las operaciones que llevaron al desfalco y sin apartarse ante la directiva del Club y ante los policías de un guion del que se desprenden múltiples preguntas y que necesariamente sus eventuales respuestas revelarán la verdad atrás de los cuentos chinos hoy contados.

Ha dicho el indiciado a unas y otras partes que, así de la nada, recibió una llamada telefónica de un grupo de inversión “llamado FX” para ofrecerle incrementar su patrimonio con intereses muy atractivos.

Por correo le enviaron el esquema de inversión, ¡y zas!... Con entusiasmo depositó un millón de pesos ¿a FX? y solo esperaría unas semanas para que esa cantidad le fuera devuelta con creces.

Como administrador experimentado, calado ya en el hervidero de malicia y tiburones de las finanzas conocidos en su actual o último trabajo (obviamente ya despedido) resulta increíble que no haya indagado sobre el mentado grupo de inversión “llamado FX”, que presumiblemente no existe y solo se trata de la famosa abreviación de Forex, el mercado mundial donde se negocian las divisas. ¿Inocente a hasta ese grado? A otro can con ese viejo hueso, han dicho policías y miembros del exclusivo club.

Para los socios y directivos del Campestre que han logrado “platicar” con su desfalcador solo existe esa “explicación”, así muy en términos generales; y en los mismos términos fue narrada a los investigadores policiacos, pero estos tienen como premisa fundamental no tragarse cuentos.

Casi tienen armado el cuadro completo sobre nombres, teléfonos y otros datos para ubicar al responsable o responsables del “engaño”.

Ese fue el inicio de la historia. Empezó entre mayo y junio del 2024, según ha dicho “Beto”. Hasta ese momento solo había sido entregado el millón ¿de sus ahorros?

Durante las semanas y meses siguientes aseguró haber tratado de recuperar las utilidades de la inversión. No obtuvo respuesta. Supuestamente luego ya ni el teléfono le contestaron, pero sí fue contactado “por una empresa de recuperación de dinero”. (Ah jijos, ¿y esa también salió de la nada?).

Ahí quedó engarzada la porción más grande de la fábula y a donde realmente buscaban llegar Alberto y/o sus posibles cómplices, o los timadores del inocente “Beto”. Querían accesar a las cuentas bancarias del Club Campestre.

Hoy resulta obvio que no iban por el millón, sino prácticamente por todo el saldo del Club en bancos, los más de 20 millones de pesos que, ahora nos aseguran, en realidad fueron 27 millones, o “mélox”, como le llama a cada millón un policía de colmillo interminable al que enfurecen las medidas verdades o las mentiras de los truhanes...”Vas y ch...a 20”, responde cada vez que alguien como Alberto, o como el jefe de Vitas hoy detenido, le quieren ver la cara.

La supuesta empresa de recuperación de dinero le había exigido al “engañado” transferir distintas cantidades a varias cuentas de Bancomer y de Banorte a nombre de varios particulares.

Ha dicho el involucrado en el mayor desfalco que haya sufrido el Campestre en su historia que, cada vez, “le exigían que depositara cantidades más grandes” y por eso optó por “utilizar los recursos” de la institución.

Afirma haber “creído siempre” que le regresarían “íntegro” el dinero que les había depositado desde mayo del 2024 hasta febrero del 2025. Bajo meras promesas les depositaba y les seguía depositando. Repetimos, inverosímil.

No lo ha confesado hasta ahora, que sepamos, pero necesariamente debió tener contacto personal y telefónico con sus defraudadores porque habla de una y otra “dependencia” que lo abordaban cada vez que exigía la recuperación del dinero. “Dependencia” de qué o qué.

Es muy fácil aunque algo laborioso comprobar a dónde fue a parar el efectivo y concluir sobre el tamaño de las mentiras y cuentos de Alberto. En el Campestre corre la versión de que es chivo expiatorio de los auténticos beneficiarios de la millonada y que podrían ser “honorables” integrantes del vapuleado club. Cuando no le llueve le llovizna.

Inclusive será sencillo saber si todo el entramado tuvo su origen en amenazas o extorsiones, lo cual resulta imposible de creer que haya pasado desapercibido para el Consejo Directivo del Campestre que mensualmente revisa sus estados financieros. No pudieron permanecer callados e inmóviles tanto tiempo. Por eso Guzmán y sus operadores fueron retirados de los cargos.

Tenemos detalles sobre los manejos en bancos. Los números de cuentas destinatarias fueron con clabe 0121-8001-5105-1202-38, de Bancomer, a nombre de Mariana Roldán Álvarez; la 6321-8001-5163-1202-63, también del mismo banco, y al mismo nombre de Mariana; la 0121-8001-5418-4412-48, de Bancomer; a nombre de Sandra Catalina Roldán Álvarez; la 0721-8001-2954-6237-54, también de Bancomer; y la 0721-8001-2541-6307-10, de Banorte, a nombre de Irving Rafael Sandoval.

En el entorno de esas cuentas serán o están siendo encontrados todos los recorridos que tuvo el dinero, así que la “verdad histórica” anda muy cerca y los cuentos del ahora segundo país más poblado del mundo, cada vez más lejos.

Así las cosas, Armando.