Contra todos los pronósticos -lo digo porque jamás se mencionó entre los favoritos-, los cardenales eligieron la semana pasada al nuevo líder de la Iglesia Católica.
Se trata del norteamericano-peruano Robert Francis Prevost, quien se designó el nombre de León XIV, en alusión directa a su inmediato antecesor León XIII, quien fue cabeza de la Iglesia Católica desde 1878 hasta 1903.
León XIII sentó las bases del pensamiento social católico moderno, más famoso por su encíclica Rerum Novarum de 1891, que abordó los derechos de los trabajadores y el capitalismo al inicio de la era industrial. Criticó tanto el capitalismo como el socialismo centrado en el Estado, dando forma a una enseñanza económica distintivamente católica.
Vamos más allá, de acuerdo a las distintas fuentes consultadas para este texto: “El nombre es un profundo signo de compromiso con los temas sociales. Creo que este (nuevo) papa está diciendo algo sobre la justicia social, al elegir este nombre, que va a ser una prioridad. Está continuando gran parte del ministerio de Francisco”, dice Natalia Imperatori-Lee, directora de estudios religiosos en la Universidad de Manhattan.
Independientemente del significado que representa el nombre de los papas a lo largo de la historia, las distintas reacciones desde la semana pasada apuntan a un tema toral, que tiene un enorme impacto en el norte de México y, especialmente claro, para el estado de Chihuahua: el tema de la migración.
Aunque Robert Francis Prevost sea nativo de Estados Unidos, los análisis periodísticos encontraron de inmediato grandes diferencias con el discurso del presidente Don al Trump, especialmente en el tema migratorio.
Por ejemplo, León XIV, que nació en Chicago y logró su nacionalidad en Perú, fue el principal defensor de los derechos de los migrantes venezolanos, que, huyendo de una economía por demás desastrosa, empezaron a llegar a países andinos de América del Sur en medio de la crisis del coronavirus.
Líderes peruanos, inconformes por la llegada de miles de venezolanos, acusaron a las autoridades de permitir la entrada ilegal y los tacharon de criminales. En ese momento, Robert Francis Prevost, obispo del Perú, movilizó a las iglesias locales, al clero y a cientos de laicos para alimentar, alojar y cuidar a los migrantes.
El papa Francisco, considerado un defensor de los más desprotegidos y en especial de los desplazados, alzó la voz por los migrantes en todo el mundo y, por supuesto, fue el norte de México el punto más álgido de esa defensa.
Recordemos su visita a Ciudad Juárez, en febrero de 2016, cuando uno de los principales pronunciamientos fue en el sentido de defender los derechos de los migrantes; hoy, la llegada de León XIV pone en la mesa de las especulaciones, no el hecho de que va a continuar el legado de Francisco, sino que, por su condición de estadounidense, será un contrapeso natural al discurso racista de Trump.
El mundo entonces tiene ahora dos líderes del mismo país: Donald Trump, que insiste en sus sueños expansionistas, declarar la guerra comercial a medio mundo -literal- y, sobre todo, expulsar de Estados Unidos a todos aquellos inmigrantes que ya no son de su agrado.
Robert Francis Prevost, León XIV, está en una posición mucho más privilegiada que Trump -sin intención de comparaciones porque no caben entre un papa como León y un presidente como Trump-, porque mientras el primero dirige la iglesia en el mundo, el segundo debe controlar solo lo que pasa en su país.
Si León XIV, entonces, sigue el legado de Francisco, tendremos un escenario que advierte -y se antoja- una recomposición del tema migratorio y eso, en términos muy claros, ayudaría a México muy especialmente al norte de la República Mexicana, ante una embestida racista del mandatario estadounidense.
Las políticas arancelarias de Trump, su empecinamiento en expulsar a los inmigrantes, el tratar de convertirse en el dueño del mundo, ha ocasionado reacciones muy claras de líderes europeos, asiáticos y americanos que rechazan sus estrategias pero no solo eso: dentro de Estados Unidos, un sinfín de inversionistas ya nos coinciden con el presidente.
La llegada de Robert Francis Prevost, León XIV, abre pues, una posibilidad de recomposición en el tema migratorio porque incluso su discurso, fue también en castellano. Pero hay algunas preguntas en el aire: ¿se atreverá Donald Trump a tratar al papa, como acostumbra con los líderes de varias naciones?
¿Intentará darle órdenes de cómo gobernar El Vaticano? ¿O tendrá el valor, la cordura, el respeto y la humildad para escuchar? En este momento hay dos líderes de enorme influencia mundial, ambos de Estados Unidos, en posiciones distintas y con responsabilidades distintas. ¿Señales de una recomposición migratoria? Al tiempo.