El Hombre-Estado está en peligro de extinción, quedan muy pocos. México necesita más de estos hombres -le urgen-; Chihuahua ha tenido pocos y Juárez menos todavía. Un Hombre-Estado es la encarnación del ciudadano ideal. Que no se confunda el Hombre-Estado con el Estadista, porque hay diferencias y, aunque son géneros próximos, tienen diferencias específicas, como diría Aristóteles. El Estadista busca proteger a la Patria, es un idealista que blande una bandera ideológica que cree superior moralmente, el Estadista es quizá un paranoico necesario para que el Estado sobreviva frente a una amenaza, Benito Juárez y Porfirio Díaz, ambos fueron Estadistas, pero con diferentes finales, quizá sea solamente que uno tuvo mejor publicista o simplemente es el clásico ejemplo de cómo los vencedores escriben la historia. Los Hombres-Estado no siguen ese camino, no son ajenos al Estado, son el Estado mismo. Cuando me refiero al Estado no sigo la misma lógica de la teoría que describe al Estado por sus partes: población, territorio y orden jurídico. No, me refiero al Estado en un sentido más amplio. Como Borges lo dice en una conferencia dictada en París, "decía Santo Tomás, si no me preguntas qué es la justicia, entonces sí sé que es. Pero si me preguntas qué es la justicia, entonces no lo sé". Uno sabe lo que es una cosa, hasta que intenta describirla, ahí la cosa se complica. La idea del Hombre-Estado no es mía, me la compartió hace veintitantos años el abogado y economista Juan Urbina Burciaga, en una de las cientas de veces que platicamos de todo-y-nada cuando trabajamos juntos, de hecho, el primer referente de Hombre-Estado que describió fue el Licenciado Carlos Manuel Salas, que es uno de esos personajes que aparecen en la historia como protagonistas de episodios críticos y sí, en tiempos difíciles, ahí estaba el Licenciado Salas como un pilar de la estructura, sosteniendo la pesada losa del presente y, así, se funde el Hombre al destino del Estado y quedan como una sola pieza. Desde que escuché aquella idea, fui buscando esas características en los políticos que conocí. Y, en el camino, como diría Allen Ginsberg, he visto a las generaciones más lúcidas perderse en las telarañas del poder, los he visto despilfarrar su incipiente capital político, caminar arrastrando el apellido e hipotecar el futuro para cumplir con sus personalísimos intereses. Suena reiterativo, pero la mayoría son mezquinos y arrogantes. Pero no todo está mal. Recientemente recibí un libro de regalo, de mi querido amigo, el economista Rubén Luna Caldera. El título, lo dice casi todo: "¿Por qué vuelven los toreros?", de Conchita Buitron, que majestuosamente explica en la primera carga que el egoísmo, la maldad, las miserias humanas pues, son el abono de la tierra, están ahí, hundidas, pero también sirven para nutrir las raíces de un rosal y permiten al ser humano conocer la belleza de una flor. Vale la pena entonces superar el mal. Todos esos valores humanos que nos unen, esos son los principales atributos del Hombre-Estado. Este breve recorrido, me lleva a uno de los personajes que más admiro, mi estimado Licenciado Carlos Bernardo Silveyra Sayto, definitivamente un prototipo del Hombre-Estado, que es para la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez un pilar institucional, porque se ha dedicado toda su vida a fortalecer a nuestra Máxima Casa de Estudios, antes, durante y después de su administración como Rector. Hoy, la UACJ es la mejor universidad de Chihuahua, en gran parte gracias al Maestro Silveyra Sayto, porque en su pasó por esta noble institución le dio un valor a las formas políticas como fines en sí mismas, sabedor de que, como decía Jesús Reyes Heroles "la forma es fondo". También, el Maestro Silveyra Sayto, se dedicó a enseñar en las aulas tanto la teoría como la práctica del derecho civil a decenas de generaciones, pero también enseñó ética y eso solamente se puede comprender con el ejemplo de sus actos, también formó a funcionarios universitarios en los pasillos, en los escritorios y en todos los espacios, dejando la escuela del servicio público en quienes le conocemos y que atesoramos esas enseñanzas que son un baluarte para la estructura de administración. Primero la universidad, por encima de cualquier interés personal, esa es la misión que ha legado don Carlos B. Silveyra Sayto. Soy un afortunado, porque disfrutado de sus charlas amenas, de su anecdotario que parece infinito y su genial sentido del humor, esta semana, en el marco del V Congreso de Ciencias Jurídicas, el Mtro. Silveyra Sayto impartirá una conferencia, le he dicho a mis alumnos que tendrán la oportunidad de conocer una parte de la historia de la universidad, narrada por uno de los protagonistas de este bastión juarense que es la UACJ, es un lujo que debemos aprovechar, porque además es un Hombre-Estado que no viene a narrar la historia de otros, viene a contar la historia porque es Silveyra Sayto quien la escribió, no nos podemos perder esta oportunidad quienes pertenecemos a la comunidad universitaria, modera la conferencia el Mtro. Omar Olivas Padilla, un conocedor de la historia universitaria. Si usted quiere disfrutar de este evento histórico, la cita es el miércoles 29 de octubre a las 18 horas en el Edificio X del Instituto de Ciencias Sociales y Administración. ¡Tenemos una cita con la historia de la UACJ!