Llegamos al cierre de 2025 con un sabor agridulce en el mundo empresarial. Por un lado, se repiten los diagnósticos de siempre: pérdida de competitividad, falta de diversificación en la frontera, empleos que se esfuman y un modelo maquilador que ya desde 2004 daba señales de agotamiento con la entrada de China en el tablero global; ya chole, ya sabemos eso. La pregunta no es qué nos pasó, sino qué sigue.
Lo cierto es que lo más difícil ya pasó, las fronteras, como siempre, fueron las primeras en resentir la crisis; pero también, como ha ocurrido en otras épocas, empiezan a ser las primeras en salir. En los pasillos industriales ya se percibe un aire distinto: más conversaciones, más acercamientos, más expectativas de que este 2025 cierre con un cambio de rumbo.
Un entorno global que empuja el cambio, el Fondo Monetario Internacional estima que México apenas crecerá 1.3 % en 2025, con riesgos de contracción. Pero los datos duros también revelan otra cara: en el primer trimestre del año llegaron 21.4 mil millones de dólares de Inversión Extranjera Directa, un aumento de 5 % anual, y lo más importante, con fuerte reinversión de las plantas ya instaladas. Es decir, las empresas no se van: apuestan por México.
El fenómeno del nearshoring que tanto se promocionó en discursos finalmente empieza a materializarse. FIBRA MTY, por ejemplo, anunció inversiones por 400 millones de dólares en parques industriales, y sectores como la manufactura mantienen su fuerza: aportan 22 % del PIB y generan 14 % del empleo nacional.
Oportunidad histórica para las PYMEs, aquí está la clave: mientras los industriales en Estados Unidos repiten que necesitan competir contra China y que México es su mejor socio, el verdadero motor de este cambio puede y debe ser la pequeña y mediana empresa mexicana.
El Banco Mundial ya otorgó un crédito de 1,000 millones de dólares para impulsar financiamiento a PYMEs y proyectos sostenibles ligados al nearshoring. Pero el acceso real a estos recursos está atorado en lo mismo de siempre: tramitología, cargas fiscales desproporcionadas, reglas laborales que ahogan al formal y un sistema de seguridad social que, si no pagas, lo primero que hace es congelarte las cuentas bancarias.
No es un problema de salario mínimo, es un problema de estructura y sin un cambio en esa estructura, México corre el riesgo de que la oportunidad se vuelva a escapar.
El rezago tecnológico y educativo: la piedra en el zapato; las ventanas de oportunidad están abiertas, pero vamos lentos en tecnología. Inteligencia artificial, análisis de datos, monitoreo en tiempo real… son palabras comunes en la industria global, pero aún lejanas en la mayoría de las PYMEs mexicanas.
Y no es culpa de los empresarios, las escuelas no están formando al talento que hoy se requiere. Para 2025, el déficit de perfiles especializados en TI, IA y automatización alcanza un 77 %. Si no cerramos esa brecha, México será visto solo como maquila barata, y no como un hub de innovación.
La frontera, otra vez en el centro, el modelo maquilador cumplió su función durante décadas, pero hoy está obsoleto. La frontera tiene que ser más que ensambladora: debe convertirse en el actor principal de la nueva industria mexicana, una industria diversificada, con clústers fuertes y cadenas de proveeduría nacional robustas.
El reciente arancel al calzado anunciado por Economía es un paso, pero aislado. Lo que se requiere es un andamiaje completo de política pública que entienda que cada peso invertido en fortalecer proveedores nacionales genera competitividad real frente a China y otros gigantes.
Del discurso a la transformación real, 2025 no será recordado por lo que perdimos, sino por lo que decidimos construir. Ya no basta con sobrevivir ni con repetir diagnósticos viejos. Es momento de exigir y empujar tres cambios claros:
Reformas regulatorias y fiscales que faciliten la formalidad.
Programas de desarrollo de proveedores que integren a las PYMEs en cadenas globales.
Revolución educativa y tecnológica que prepare al talento mexicano para competir en el siglo XXI.
La frontera ya no quiere ser la primera en caer, quiere y puede ser la primera en levantarse: el momento es ahora.