La noticia de la semana pasada sin duda alguna fue la deportación (no extradición) a México de Hernán Bermúdez Requena, ex Secretario de Seguridad Pública de Tabasco en el gobierno de Adán Augusto López Hernández. Según ha trascendido en los medios de comunicación, desde el año pasado (con la llegada de Javier May al gobierno de Tabasco) se especuló el hecho de que Bermúdez sería el líder de una organización criminal en Tabasco, y que habría sido protegido por López Hernández durante ese gobierno.
El Coordinador de los Senadores de Morena ha tratado de dar diversas versiones distintas respecto a su relación con Bermúdez. Sin lugar a dudas, el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador conocía los presuntos vínculos entre Bermúdez y el crimen organizado, pues esa es información integrada por las fuerzas armadas que seguramente conocía el Presidente.
Bermúdez fue ubicado en Paraguay, y solicitado en extradición. Sin embargo, el gobierno paraguayo (haciéndole un favor al gobierno mexicano) decidió expulsar de su territorio a Bermúdez, pues su situación migratoria no era clara, un proceso parecido a lo que hizo el gobierno mexicano con Juan García Ábrego en 1996, y el gobierno cubano con Carlos Ahumada en 2004.
A partir de ahí, se envió un avión del gobierno mexicano a Asunción a recoger Bermúdez. El ‘sospechosismo’ se dio por las diversas paradas técnicas que realizó el avión que lo trasladaba de regreso a México, sin que exista hasta el momento alguna justificación convincente para tal efecto.
A su llegada a México, se ejecutó una orden de aprehensión contra Bermúdez Requena por el delito de secuestro, y quizá se ejecuten más órdenes de aprehensión en un futuro cercano.
En este caso en particular, se ha visto el diminuto tamaño político de Adán Augusto López Hernández, Coordinador de los Senadores de Morena, y ex Gobernador de Tabasco, cargo en el que nombró a Bermúdez como Secretario de Seguridad Pública.
Desde noviembre del año pasado que el Gobernador Javier May comenzó a señalar los presuntos vínculos de Bermúdez con el crimen organizado, Adán Augusto se conducía con la soberbia que le distingue. Fue cuestión que estos escándalos estallaran en julio pasado para que se le viera descompuesto, nervioso y tenso a partir de los señalamientos. Posteriormente, volvió a ser el mismo ser soberbio hasta la detención de Bermúdez Requena. El miedo nos muestra el verdadero talante de las personas, y Adán Augusto es un hombre muy pequeño.
Tiene razones para tener preocupaciones. Es evidente que quien está empujando todos estos señalamientos es justamente la Presidenta Claudia Sheinbaum, quien en más de una ocasión refirió que Adán Augusto había actuado como un verdadero “patán”, según algunos artículos editoriales que señalan estos hechos.
Es evidente que Sheinbaum está tratando de sacudirse un lastre heredado por el corrupto obradorismo, pues son varias ya las que Adán le hizo a la Presidenta. Primeramente, la modificación a la reforma contra el nepotismo, misma que Adán decidió que entrara en vigor hasta 2030, contra los deseos de la Presidenta de que entrara en vigor en 2027. Igualmente, el nombramiento de la Presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, donde Sheinbaum tenía un perfil y el Senado (con mayoría morenista) optó por reelegir a la carta del obradorismo. Todos estos agravios, junto con la presunta vinculación de López Hernández con el crimen organizado serían las razones por las cuales Sheinbaum ha golpeado de esa manera a Adán Augusto.
Por otro lado, en semanas recientes se dio a conocer el esquema del huachicol fiscal en el cual estarían vinculados diversos actores políticos, personal de la Marina, entre otros distintos personajes. En términos generales, se introducían al país millones de litros de combustible declarándolos en la aduana como lubricantes para eludir millones de pesos de impuestos. Ya en territorio mexicano, se distribuía a empresarios gasolineros entre otros.
Este es un esquema de escándalo, pues la Marina (quien administra muchos puertos, aeropuertos y aduanas) estaría vinculada con este esquema corruptor. A partir de que la prensa dio noticia de lo anterior, muchos personajes de la Marina han “muerto” por diversas causas. En realidad, los propios involucrados se han ocupado de silenciarlos.
En este esquema aparecen involucrados los familiares del ex Secretario de la Marina del Gobierno de López Obrador, familiares del Gobernador de Sonora, entre otros. El escándalo es monumental.
Muchos pensarán que todos estos escándalos le están causando demérito al gobierno actual de Sheinbaum. Sin embargo, ambas acciones (Bermúdez y Huachicol) han sido avaladas desde Palacio Nacional. No se puede explicar de otra forma.
Con todo lo anterior, trascendió que los hijos de López Obrador habrían tramitado un amparo para no ser detenidos por las investigaciones que lleva a cabo la FGR en el caso del huachicol. Sin embargo, posteriormente salieron a decir que no fueron ellos quienes habían promovido el medio de defensa.
Cada vez salen a la luz más escándalos del corrupto obradorismo. Las motivaciones para señalar la corrupción del obradorismo pueden ser diversas, aunque con certeza pudiéramos decir que no son el respeto a la ley, ni la procuración de justicia. Las razones de estos escándalos tienen un origen político. Los que actualmente gobiernan quieren sacudirse de encima a los obradoristas que todavía quedan en el poder. Es lógico, hasta ahora, la clase gobernante se ha dedicado a alabar a Obrador sin tomar en cuenta que ya existe una Presidenta que asumió ese lugar. El poder raras veces se comparte, y este es un ejemplo de ello.
Esperemos que, al margen de las motivaciones políticas que orientan estas acciones, se sigan llevando a cabo las mismas. La verdad es que es evidente la asociación delictuosa entre López Obrador y el crimen organizado. De otra forma no se podría explicar el crecimiento exponencial de las cifras de violencia en nuestro país. El apotegma de “abrazos, no balazos” viene a resumir la política pública de seguridad implementada en el pasado gobierno. Ni se atacaron las causas de la violencia, ni mucho menos se erradicó la violencia.
México no soporta más tanta corrupción, tanta violencia, y tanta indolencia por parte de las autoridades. Desafortunadamente nos hemos acostumbrado a que México es un país sin ley, que parecería que la ciudadanía no se encuentra alarmada por estos escándalos. Por más que la narrativa oficialista diga que “el PRIAN robó más” o todas esas justificaciones absurdas respecto a su incompetencia, durante los gobiernos anteriores al de López, nunca se estableció un esquema de defraudación fiscal que superara los 200,000 millones de pesos al año. El escándalo es mayúsculo, y las consecuencias tendrán que ser también mayúsculas.